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Miami
 

El triunfo de la fe de un pueblo

Ucranianos en Miami comparten su alegría por la visita del Papa a su patria


El padre Chirovsky delante de los iconos de su iglesia
en la Ave. 57 y Flagler. (Foto: Dora Amador Morales)

Dora Amador Morales
La Voz Católica

MIAMI — El júbilo de los católicos ucranianos por la visita del Papa a su patria fue compartido en grande aquí. Entre lágrimas y emociones, los ucranianos de Miami apenas lo podían creer. Juan Pablo II, el hombre que, como ellos, vivió en su propia carne los horrores del totalitarismo nazi y comunista, se convertía otra vez en el gran testigo del triunfo de la fe y la esperanza pisando la sufrida tierra ucraniana.

"¡Qué día tan emocionante! ¡Ver el Papa en mi país, me sentí tan orgullosa!", dice Miroslava Tershakovec, quien padeció junto a su familia la represión estalinista, hasta que pudo escapar de Ucrania a los 20 años. "Yo estaba allá cuando llegaron los soviéticos y cerraron las iglesias, mataron a obispos, curas, religiosos, fue terrible, lo vivimos todo. Esperábamos tanto esta visita, rezamos mucho para que sucediera".

Tershakovec es presidenta de la Liga Nacional de Mujeres Ucranianas de Miami, organización que recauda dinero para los enfermos a causa de la explosión nuclear de Chernobil —ciudad de Ucrania—, la reconstrucción de iglesias y ayuda a universidades y hospitales en Ucrania. La Liga es también el lugar donde ellas comparten su honda fe cristiana, su identidad y mitigan un poco la nostalgia por la patria lejana.

Nacida en Lvov, Tershakovec y su familia lograron llegar a Estados Unidos en 1950. Su padre fue uno de los exiliados ucranianos que en 1953 ayudó a construir la Iglesia Católica Ucraniana de Miami,  la iglesia de la Asunción de la Santa Virgen María, en la avenida 57 y la calle Flagler.

Bajo el gobierno de Stalin, en 1946, la Iglesia Católica Ucraniana fue forzada a unirse a la Ortodoxa Rusa y a disolver todos sus vínculos con Roma. Fue liquidada como un cuerpo oficial y todos los obispos y cientos de sacerdotes fueron arrestados, muchos de ellos asesinados, las propiedades eclesiales fueron confiscadas.

"Con los ucranianos ha estado siempre la conciencia profunda de ese pasaje de Isaías: ‘Dios está con nosotros’, eso nos ha permitido sobrevivir como pueblo", explica el padre John Freishyn Chirovsky, párroco de la iglesia de la Asunción. "No hubiésemos

podido sobrevivir cientos de años de ocupación extranjera e invasiones sin la fe. Vivimos por la fe, porque como pueblo, como Iglesia, en lo profundo del corazón sabíamos que Dios está con nosotros y eso es suficiente".

El padre Chirovsky cuenta cómo su madre, siendo adolescente, fue capturada y encerrada en un campo de trabajo forzado por las tropas soviéticas; cómo su abuelo tuvo que salir huyendo de la casa. "Llegaron los guardias de Stalin a las dos de la madrugada y le dijeron a mi madre que al otro día lo iban a matar".

 El ‘delito’ de su abuelo fue ayudar a los campesinos ucranianos discriminados por las tropas rusas invasoras. Eslavo de profunda fe cristiana, el abuelo compartió con ellos sus conocimientos sobre nuevas técnicas de agricultura para que mejoraran sus cosechas, pudieran obtener trigo de diferentes granos; también les enseñó sobre el molino eléctrico que había él implantado en la granja.

Después de muchas penurias y fugas a través de fronteras, su familia pudo llegar a Ellis Island, en Nueva York, en 1948. Chirovsky nació en Brooklyn y vivió en Nueva York Chicago, Filadelfia y Nueva York son las principales ciudades donde reside el exilio ucraniano en Estados Unidos, pero al poco tiempo de ser ordenado sacerdote vino a servir en la parroquia de Miami.

Crecieron pensando que Ucrania sería libre, aunque "nosotros no lo viéramos", dice. Pero llegó 1991 "y de la noche a la mañana vemos a Gorbachov y el colapso de la Unión Soviética. No olvido el rostro de mi padre, llorando", cuenta el joven párroco.

"El Papa le habló a los jóvenes, me impresionó mucho lo que les dijo. Fue a recordarles a los ucranianos que sus ancestros no perecieron, porque recordaron que Dios está con nosotros", dice el padre Chirovsky. "El Papa nos restaura a la visión original, a la fe y lo hace con los jóvenes, para volver a las raíces de nuestra identidad cristiana y ucraniana".

Donna Waskiewicz nació en Estados Unidos, pero siente un amor muy profundo a  la patria de sus ancestros. "Fui bautizada en la Iglesia Ucraniana Católica de EU y me siento como todos, muy feliz por lo que acaba de suceder, pero esperamos todavía un milagro, que los ucranianos vuelvan al cristianismo, a su fe", dice Waskiewicz, quien es directora del coro de la iglesia de la Asunción de la Santa Virgen María.

Los largos años de vida bajo un régimen ateo marxista ha logrado erradicar en gran medida la fe del pueblo. "Liquidaron de una forma tan feroz las iglesias, que hoy casi el 50 por ciento del pueblo, cuando le preguntas si cree en Dios, no saben cómo responder, porque ni entienden la pregunta. Y nosotros fuimos un país que era 99 por ciento creyente, cristiano", dice conmovido el sacerdote.

"Por eso la visita del Papa es tan importante, como cuando fue a Cuba", explica Waskiewicz. "Lo necesitábamos también para esto, que el mundo conociera mejor a Ucrania, lo que sufrimos, lo que somos, como pudimos ver a Cuba".

"Mi deseo es que lo que sucede en Ucrania hoy suceda en Cuba pronto", dice el padre Omar Huesca,  sacerdote cubano con facultades birrituales para celebrar la Divina Liturgia del rito católico bizantino. El P. Huesca, amante y estudioso de las iglesias orientales, es párroco de la iglesia San Roberto Belarmino y ayuda al padre Chirovsky en la iglesia de la Asunción de la Santa Virgen María en Miami.

"Renueva mi esperanza, porque vemos de nuevo que no importa lo que hagan las fuerzas del ser humano, el espíritu no lo pueden destruir", dice el sacerdote. "La Iglesia en Cuba está muy reprimida, y ya vemos, ahí está Ucrania, con su libertad, su independencia, celebrando su fe".