Secciones

Vaticano
Miami
Cuba
Mundo/Nación
Opiniones
Enlaces
Correo
Archivo
Portada

 

Miami
 

La fe de los balseros y la Virgen

Verla en el mar es una de las experiencias
comunes de los balseros


Wilfredo Hernández vio junto a sus compañeros de travesía
el manto completo de la Virgen en las estrellas.


Lázaro Ricardo González afirma que la Virgen le salvó la vida.


Ismael Abad Mohamed recuerda el peligro del viaje y su fe.

Dora Amador Morales
La Voz Católica

MIAMI — La Virgen de la Caridad  acompaña y conduce a los cubanos. En en los últimos 40 años, con la experiencia desesperada de los balseros, esta misteriosa seña de identidad nacional y esta devoción, han cobrado un significado mayor  al estar literalmente ligadas al relato original de la aparición en el mar.

De acuerdo con Alfredo Fernández, autor de Adrift: The Cuban Raft People (A la deriva: los balseros cubanos), publicado en mayo de este año, uno de los fenómenos que más le llamó la atención a medida que realizaba la investigación fue la fe de los balseros.

"Hablé con muchos que contaron que habían visto a la Virgen en medio de la noche", afirma Fernández, profesor de cultura latinoamericana en Texas A & M University en Houston. "Encontrar en las balsas imágenes de la Virgen de la Caridad que habían traído para que los acompañara en la travesía era algo muy común", dice Fernández, y añade que esta fe la expresaban no sólo los católicos, también muchos de los que decían no practicar religión alguna y los pertenecientes a la religiosidad afrocubana.

"Tuvimos dos veces mal tiempo y se nos cayeron hombres al agua, pero pudimos recogerlos. Nos encontrábamos ya mal porque estuvimos cuatro días en el mar y al segundo nos quedamos sin agua ni comida", cuenta Wilfredo Hernández, quien salió de Cuba con siete hombres y su esposa el 22 de agosto de 1994 por la costa de Habana del Este. "En el camino nos sucedieron cosas tremendas, una de ellas es que se nos acercó una lancha del gobierno cubano y nos dio agua, pero cuando fuimos a tomarla era agua salada. Más adelante nos encontramos con dos balsas con unas ocho personas que se estaban hundiendo. Las recogimos y amarramos detrás de la nuestra, que era más grande", sigue contando Hernández.

"Entonces en la noche del tercer día sucedió algo extraño: todos estábamos acostados en la balsa porque estábamos destruidos, y de pronto vimos en las estrellas la capa completa de la Virgen de la Caridad", afirma Hernández. "Eran todas las estrellas unidas formando a la Virgen, yo me erizo de recordarlo. Gritamos: ‘¡Mira, mira lo que hay allá arriba!’ Todos la vimos. Al amanecer del otro día nos recogieron".

De acuerdo con el padre Armando Jiménez Rebollar expresiones de visiones como las de Hernández son muy comunes en el pueblo cubano. "Es producto de la fe vivida", afirma el sacerdote a quien pertenecía en Cuba la imagen de la Virgen que hoy se halla en la Ermita de  la Caridad en Miami.

 "Es la historia nuestra que se repite: ver aparecer a la Virgen en el mar una y otra vez", comenta Zunilda Mederos, devota de la Virgen y estudiosa de antropología cristiana y religiosidad popular.

"No hay un caso similar en la historia de ningún país", afirma Juan Clark, profesor de Sociología del Miami-Dade Community College. "Existen los 'boat people' de Vietnam, están los haitianos y muchos otros, pero estas gentes siempre se tiran al mar en botes navegables. El fenómeno de los balseros cubanos lanzándose de esa manera al peligro confiando en que se van a salvar, no se puede explicar fácilmente, eso es único en la historia", explica Clark, autor de El éxodo de la Cuba revolucionaria: 19591974 y Cuba: mito y realidad.

"Si durante la crisis de los balseros en 1994 salieron de Cuba 31,500 personas y sabemos que de cada cuatro que llegan, uno no lo hace, tenemos que en sólo seis semanas se ahogaron en el mar más de 8,000 cubanos", dice Fernández.

Según cifras oficiales del Servicio de Guardacostas de EU, durante la década del 90 fueron interceptados en el Estrecho de la Florida 50,728 cubanos. Si se siguen los cálculos de personas desaparecidas en el mar citados por Fernández en su investigación, el número de balseros ahogados sería de más de 12,000. Pero en realidad esta asombrosa cifra queda muy por debajo de la realidad, ya que previo a 1994, antes de la ley otorgada por Clinton de detener y repatriar a los balseros, un enorme número de ellos llegaba, por lo que no aparecen en las estadísticas del Servicio de Guardacostas y por tanto el número de desaparecidos es incalculablemente mayor.

Ismael Abad Mohamed salió de Cuba también en el '94. Aunque sólo tuvo un día de travesía, cuenta que pasó momentos muy difíciles, porque en alta mar se hundió la balsa y los 11 tripulantes estuvieron alrededor de una hora flotando en el agua hasta que los recogió un barco del Servicio de Guardacostas. Hace unas semanas Abad Mohamed fue a una Misa para balseros que monseñor Agustín Román celebró en la Ermita de la Caridad.

 "Vine a dar gracias a la Virgen porque nos recogieron en el mar", dice convencido Abad Mohamed.

   "Hoy peregrinan a esta Ermita un grupo de balseros, personas que buscando la libertad se lanzaron al mar y llegaron, para dar gracias y orar por todos los que no puedieron llegar…", dijo monseñor Román en su homilía.

Presente estaba también Lázaro Ricardo González, de 33 años, a quien le tomó nueve años irse de Cuba después de varios intentos fallidos. González y un grupo de amigos le dieron alguna ropa usada a unos pescadores a cambio de un pequeño bote de poliespuma que, según cuenta, tenía un hueco en el fondo. "Pensamos  que con dos jarros de aluminio resolveríamos sacando el agua, pero uno se cayó al mar. Cuando amaneció después de la primera noche dije ‘no sigan sacando agua porque tenemos dentro del bote el mismo nivel que afuera’. Estábamos metidos a presión, sólo cabían dos en la balsa y éramos tres, nos daba el agua por el pecho".

González dice que no puede olvidar lo que vivieron aquellos días en el Estrecho de la Florida. Sin alimentos y con poca agua, navegaron dejándose llevar únicamente por las estrellas porque no tenían brújula. Después de una odisea en la que se encontraron con balsas a la deriva con personas delirando, de sufrir deshidratación y vómitos por 16 horas, González y sus otros dos compañeros divisaron una avioneta de Hermanos al Rescate, que les tiró una botella al agua, pero no pudieron recogerla por el oleaje. Al poco rato un buque norteamericano los recogió. "No teníamos alimentos, estábamos todos mareados de tanto remar. Yo le recé a la Virgen de la Caridad y a Jesucristo que me salvara la vida y yo creo que me oyó".

Aunque hay muchos balseros que dicen no practicar ninguna religión, como es el caso de Armando Alfonso García, quien sin embargo asistió a la Misa para balseros celebrada por Mons. Agustín Román a finales de agosto, lo cierto es que religiosos, historiadores y personas que estuvieron implicadas en el rescate y atención de los balseros en la crisis del 94, coinciden en que la fe fue un elemento clave en la peligrosa travesía.

Para el autor de A la deriva: los balseros cubanos, el hecho de que tanta gente desesperada se lance a cruzar 90 millas de noche o de día es muestra de una convicción grande de que van a  sobrevivir y esa convicción es fruto de una fe. "Hay un fenómeno colectivo de fe", dice Fernández. "Si fuera un caso o diez los que dicen ‘yo llegué porque la Virgen de la Caridad me salvó’… pero que lo repitan cientos, miles de personas con matices variados, no tengo duda de que es asunto de fe".

  "El hecho de que la Virgen se apareciera con el nombre de 'Caridad' es signo del nombre mismo de Dios", afirma monseñor Felipe Estevez, director espiritual del seminario San Vicente de Paul y estudioso de la religión y la historia de Cuba. "El símbolo de la Virgen de la Caridad tiene muchas dimensiones y sólo ahora estamos comenzando a aceptar sus profundas ramificaciones. Los cubanos tanto de Cuba como de la diáspora debemos reflexionar mucho en el significado de ese nombre: Caridad, que es perdón, es fe, es unidad".

"La nuestra es una historia que no tenemos el alcance para comprenderla", reflexiona José Basulto, de Hermanos al Rescate. "Yo sólo sé que la fe es muy importante en todo este dolor que vivimos los cubanos. ¿Estaremos siendo usados por Dios para un plan mayor, que está por encima de nuestro entendimiento? Yo creo que sí".