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Hace
un cuarto de siglo
Dijeron
sí a Dios
Adriano García y Alicia
Marill, fundadores de Amor en Acción, hace 25 años. (Fotos
de Archivo, La Voz Católica)
MIAMI
— Se conocieron en 1976 vendiendo ‘donuts’ en una
parroquia de Miami.
Alicia
Marill había tenido una experiencia de maestra misionera en
República Dominicana y quedó transformada y comprometida en
seguir ayudando. Adriano García había pasado una semana con
una familia en Cutupú, R.D. y la experiencia le cambió el
modo de mirar la vida. Ambos eran jóvenes y su impulso
misionero arrastró a otros muchos. Fueron de parroquia en
parroquia, de grupo en grupo. En cinco meses dieron 56
presentaciones y García dice que "a nosotros nos ha
fundado el Espíritu Santo". En realidad nunca
anticiparon ser Amor en Acción ni crear un grupo. Se dieron
cuenta cuando ya estaban funcionando y alguien les preguntó:
"Ustedes,
¿cómo se quieren llamar?".
El
primer cheque fue de $76 dólares. Había que llegar a $500
para que una parroquia rural de Santiago de los Caballeros
comprara patos y los repartiera entre las familias. Las crías
se repartían de casa en casa y muchos se podían beneficiar.
Otros
proyectos surgieron después y en 1976 se creó una estructura
para funcionar con la bendición del arzobispo Edward A.
McCarthy, quien pidió a Amor en Acción visitar Haití y
llevar el amor de Dios al país más pobre del Continente. El
mismo viajó con AA en 1980
y declaró a la Arquidiócesis de Miami diócesis
hermana de la de Port-de-Paix.
Lo
demás es ya historia. Hoy Amor en Acción cuenta con variedad
de proyectos en los dos países vecinos que se mantienen con
la generosidad y el compromiso de los misioneros de la Arquidiócesis
de Miami y la diócesis de Saginaw.
Con
ayudas que pasan de los $150,000 dólares, con cientos de
voluntarios comprometidos en la causa misionera y con unos
cuantos años más, los fundadores de Amor en Acción viven
confiados en que es obra del Espíritu Santo.
"Mientras
el mundo hace sus planes, nosotros preferimos dejarnos llevar
por el espíritu de servicio que viene del amor de Dios, hasta
que El quiera", dice García.
"Es
como mirar a un hijo de 25 años que anda ya dando sus propios
pasos", comenta Marill. Y en este 25 cumpleaños ella
piensa que lo
mejor para este
hijo que madura es
desear "que todos sigamos creciendo seriamente en
compromiso, porque en un mundo de violencia y
de grandes retos, la misión no es un campamento de
verano, sino aprender a salir de sí, del mundo conocido y del
confort para testimoniar la fe y servir a los demás".
Información
(305)762-1226.
A.
CANTERO
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