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Ante el llamado
misionero es necesario ponerse en camino
Tomado del mensaje de Juan Pablo II para el Domingo
Mundial de las Misiones, el 21 de octubre
Queridos Hermanos y Hermanas:
1.Con gran alegría hemos celebrado el
gran Jubileo de la salvación, tiempo de gracia para toda la
Iglesia. La misericordia divina, que cada fiel ha podido
experimentar, nos impulsa a “remar mar adentro”,
recordando con gratitud el pasado, viviendo con pasión el
presente y abriéndonos con confianza al futuro, en la
convicción de que “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y
siempre” (cf. carta apostólica “Novo millennio
ineunte”.
Este impulso hacia el futuro, iluminado
por la esperanza, debe ser el fundamento del actuar de toda la
Iglesia en el nuevo milenio. Este es el mensaje que deseo
dirigir a cada fiel con ocasión de la Jornada Misionera
Mundial, que se celebrará el próximo 21 de octubre.
2. Es tiempo, sí, de mirar adelante,
manteniendo los ojos fijos en el rostro de Jesús
El Espíritu nos llama a “proyectarnos hacia el
futuro que nos espera”, a testimoniar y confesar a Cristo,
dando gracias “por las maravillas” que Dios ha realizado
por nosotros.
Con
ocasión de la Jornada Misionera Mundial del año pasado quise
recordar cómo el compromiso misionero brota de la ardiente
contemplación de Jesús. El cristiano que ha contemplado a
Jesucristo no puede dejar de sentirse extasiado por su fulgor,
empeñarse por testimoniar su fe en Cristo, único
Salvador del hombre.
La contemplación del rostro del Señor
suscita también en los discípulos la “contemplación” de
los rostros de los hombres y de las mujeres de hoy: el Señor,
en efecto, se identifica “con sus hermanos más pequeños”
.
La contemplación de Jesús, el
“primer y más grande evangelizador” nos transforma en
evangelizadores. Nos hace tomar conciencia de su voluntad de
dar la vida eterna a
aquellos que le ha confiado el Padre.
Dios quiere que “todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad”.
Fruto de la contemplación de los
“hermanos más pequeños” es descubrir que cada hombre,
aunque en modo misterioso para nosotros, busca a Dios, porque
ha sido creado y amado por Él… No es una llamada reservada
a algunos, sino que es para todos, para cada uno en su estado
de vida.
“Esta pasión suscitará en la
Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser
delegada a unos pocos 'especialistas', sino que acabará por
implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblo
de Dios. Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo, no puede
tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. Es necesario un nuevo
impulso apostólico que sea vivido como compromiso cotidiano
de las comunidades y de los grupos cristianos…
De modo especial, la llamada a la misión
asume singular urgencia, si miramos a esa parte de la
humanidad que aún no conoce o no reconoce a Cristo. Sí, la
misión “ad gentes” es hoy más válida que nunca.
Conservo impreso en el corazón el rostro de la humanidad que
he podido contemplar durante mis peregrinaciones: es el rostro
de Cristo reflejado en el de los pobres y de los que sufren;
el rostro de Cristo que se transparenta en cuantos viven como
“ovejas sin pastor”. Cada hombre y cada mujer tiene pleno
derecho a que se les enseñen “muchas cosas” .
4. ¿Cómo no recordar, en esta
circunstancias, a todos los misioneros y misioneras,
sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos, que han hecho de
la misión “ad gentes” y “ad vitam” la razón de su
existencia? Ellos, con su misma existencia, proclaman “sin
fin las gracias del Señor”.
No pocas veces, este “sin fin” ha llegado hasta el
derramamiento de la sangre: ¡cuántos han sido los testigos
de la fe en el siglo pasado! Es también, gracias a su
generosa donación, que el Reino de Dios ha podido dilatarse.
A ellos va nuestro recuerdo agradecido…
La misión es “anuncio gozoso de un
don para todos, y que se propone a todos con el mayor respeto
por la libertad de cada uno… La Iglesia, por tanto, no puede
sustraerse a la actividad misionera hacia los pueblos, y es
una tarea prioritaria de la «missio ad gentes» anunciar a
Cristo, «Camino, Verdad y Vida»
en el cual los hombres encuentran la salvación”. Es
una invitación a todos, es un apremio urgente al que hay que
dar pronta y generosa respuesta. ¡Es necesario ir! Es
necesario ponerse en camino sin demora, como María, la Madre
de Jesús; como los pastores que se despertaron al primer
anuncio del Angel; como Magdalena a la vista del Resucitado…
6. Este año se cumple el 75º
aniversario de la institución de la Jornada Misionera por el
Papa Pío XI… “Las misiones no piden solamente ayuda, sino
compartir el anuncio y la caridad para con los pobres.
7. En la Homilía conclusiva del Gran
Jubileo, el 6 de enero del 2001, dije: “Es necesario
recomenzar desde Cristo, con el impulso de Pentecostés, con
entusiasmo renovado. Recomenzar desde Él ante todo en el empeño
cotidiano por la santidad, poniéndonos en actitud de oración
y de escucha de su palabra. Recomenzar también desde Él para
testimoniar el Amor”. Por eso:
Recomienza desde Cristo, tú que has
encontrado misericordia.
Recomienza desde Cristo, tú que has
perdonado y recibido el perdón.
Recomienza desde Cristo, tú que
conoces el dolor y el sufrimiento.
Recomienza desde Cristo, tú tentado
por la tibieza: el año de gracia es tiempo sin confín.
Recomienza desde Cristo, Iglesia del
nuevo milenio.
¡Canta y camina!
Que María, Madre de la Iglesia,
Estrella de la evangelización, esté a nuestro lado en este
camino, como estuvo junto a los discípulos el día
dePentecostés. A Ella nos dirigimos con confianza para que,
por su intercesión, el Señor nos conceda el don de la
perseverancia en la tarea misionera, que atañe a la entera
Comunidad eclesial.
Con estos sentimientos, os bendigo a
todos.
Juan Pablo II
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