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Contra
el relativismo moral de los jóvenes
Entender
su experiencia cultural es vital

Josefina Chirino. (Foto: A.
Cantero)
Dora
Amador Morales
La Voz Católica
MIAMI
BEACH — La cultura popular tiene atados a los jóvenes con
la exaltación de la violencia y el sexo, el relativismo moral
y el consumismo, y son los educadores de religión los
llamados a zafar esas amarras para hacerlos libres y que
puedan escoger a Cristo.
De
esto trató en apretada síntesis la presentación que
compartió con una nutrida audiencia Josefina Chirino,
directora del Departamento de Teología del Colegio Belén en
el Congreso de Educación Religiosa 2001.
"Es
muy importante tratar de entender la experiencia cultural que
se esconde detrás de lo que los jóvenes dicen y viven",
explicó Chirino. "¿Qué música escuchan? ¿Qué películas
ven? ¿Se están convirtiendo en personas más abiertas hacia
los demás o sufren los efectos del consumismo que los
orientan más a las cosas que a las personas?", preguntó.
"La cultura popular está encargada de enviar mensajes
contrarios al Evangelio. ¿Qué ayuda pastoral les podemos
ofrecer?"
Cómo
educar a los jóvenes penetrando en su mundo para entenderlos;
combatir su falta de criterios o falsos argumentos
provenientes de una cultura alienante con fundamentos teológicos
sólidos, y exponerlos a nuevas y transformantes experiencias
de Dios es la única respuesta pastoral, explicó.
"Mi
respuesta pastoral a los jóvenes de hoy es que tienen que ser
expuestos a una experiencia de contraste", dijo Chirino.
"Que experimenten otra realidad cultural, en otro lugar
con personas de otros valores y estilos de vida, hacerse pobre
con el pobre, pasar las noches en comunidad en un clima de
oración y reflexión, sin DVD ni TV", apuntó Chirino,
quien lleva más de 20 años preparando a jóvenes para las
misiones en Haití y República Dominicana, donde viaja a
menudo por su propio compromiso social con Amor en Acción.
Chirino
está convencida de que lo que forja el encuentro con Cristo
es el encuentro con el pobre. Su vasta experiencia como
profesora de Doctrina Social de la Iglesia con alumnos de 15 y
16 años también avala esa convicción.
Algo
que considera muy grave es el relativismo moral que se vive
actualmente, donde lo ético y lo moral han perdido su valor.
"Para los jóvenes de hoy las cosas no están bien o mal,
sino ‘depende…’ Esto es muy serio", dijo Chirino.
Los
ataques terroristas del 11 de septiembre le han presentado a
sus alumnos de 11 y 12 grados un problema en términos de
interpretación moral, dijo Chirino. El hecho de que el ataque
terrorista contra Estados Unidos se haya cometido en nombre de
la fe religiosa en la que los asesinos murieron convencidos
que hacían el bien e iban al cielo, deja a muchos sin
respuesta, y a la espera de que los educadores se la den,
explicó.
Chirino
lo hizo confrontándolos con la siguiente ecuación:
"Los
terroristas creen hacer el bien y que van para el cielo.
Nosotros creemos que hicieron mal. ¿Quién tiene la razón y
por qué?"
Después
de comprobar que no tenían un criterio claro, ni una
explicación fundamentada
"en el tesoro
que tenemos en nuestra tradición católica", les dijo
que la respuesta correcta, "está en la ley natural que
Dios ha escrito en nuestros corazones. Y el principio de esa
ley es no atacar la vida. Y esto es un principio de ley
natural en todas las culturas".
Chirino
les explicó que por haber sido creado a imagen y semejanza de
Dios el ser humano es creado bueno y orientado hacia el bien.
"Es por esto", dijo, "que nosotros tenemos la
razón y no ellos, pero no porque creamos que nosotros somos
los buenos y ellos los malos. Esa no es una respuesta. Es
porque la ley que está en tu corazón te dice que no puedes
matar, y mucho menos vidas inocentes".
Contrario
a los mártires cristianos, o los que dan su vida por los demás
como Maximiliano Kolbe y tantos otros, los terroristas se
inmolaron, dijo, "pero no para salvar vidas, sino para
matar, para asesinar a inocentes".
Pero
no todo son signos negativos en la juventud, afirmó Chirino.
Hay muchas señales de vida y "semillas de la Palabra de
Dios habitando en ellos. ¿Cómo hacer que esas semillas
crezcan?", preguntó.
Entre
los signos de vida prometedores
que ella descubre en los jóvenes menciona su valoración de
la amistad y la lealtad; su gusto por ayudar a los amigos e
incluso sacrificarse por ellos, y algo que considera muy
importante: los jóvenes, casi sin excepción, reconocen en
los cristianos la disponibilidad al servicio.
"Ahí
hay mucho material bueno, de ahí se puede sacar mucho",
dijo "para lograr que esas semillas florezcan en un
encuentro definitivo con Cristo".
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