Secciones

Vaticano
Miami
Cuba
Mundo/Nación
Opiniones
Enlaces
Correo
Archivo
Portada

 

Opiniones
 

La justicia no es realizar venganza

Sammy Díaz
Director de la Pastoral de Prisiones de la Arquidiócesis de Miami
sammy@miamiarch.org

Estos momentos de dolor profundo e intenso por los que atraviesa el mundo nos debieran  llevar a una reflexión sobre la justicia para todos. En cambio entramos en una gran guerra que nos traerá sufrimientos enormes. Loas recursos que servirían para lograr el desarrollo de los pueblos y las personas se gastarán en máquinas de destrucción. Tenemos que pedirle a Dios que ilumine a nuestros gobernantes  para que mantengan la calma y la compasión. La guerra en sí produce muchas víctimas inocentes. Al rezar por la justicia debemos comprender que la justicia no es realizar venganza sino restituir las cosas como Dios las

dispuso.

El ataque sin precedentes del 11 de septiembre nos llevó a que el Congreso —a petición del Presidente— declarase la guerra contra el terrorismo, lo cual es una abstracción al igual que la guerra contra las drogas. Se lucha contra  grupos terroristas y  países que los protegen. Eso es una guerra igual que la llamada “guerra contra las drogas”, la cual se lleva a cabo contra un limitado numero de cultivadores y traficantes. La raíz del terrorismo está en la pobreza, en las desigualdades entre los países, en la desesperación de los que no tienen y vuelcan su frustración en odio a los que tienen. La raíz de la droga es el consumo en los países del primer mundo que buscan el placer, y la fuente de ingresos de los cultivadores en el tercer mundo, donde otros cultivos no les producen beneficios para subsistir. Las organizaciones que producen y comercian las drogas se unen a las organizaciones de guerrilleros que usan tácticas terroristas y de ahí surge una nueva modalidad: el narcoterrorismo.

El terror se produce cuando la población se siente desprotegida de sus instituciones, cuando su seguridad personal y sicológica es violada. El miedo se convierte en terror cuando es impredecible. El pueblo aterrorizado es capaz de ceder derechos civiles a cambio de seguridad personal porque, bajo el terror, el sentirse seguro es más importante que el sentirse libre.

¿Cómo se puede acabar con el terrorismo? Es muy difícil pero, como todo proceso de evangelización, debe empezar por uno. Tengo que sacar el odio y la violencia de mi corazón y no justificar ni aceptar ningún acto de terrorismo, sea de quien sea y contra quien sea. El terrorista amigo hoy será el terrorista enemigo algún día. No cederé mis derechos de libertad por sentirme seguro. La mayor seguridad está en el alma de uno que confía en Dios y practica el amor. Lucharé por la verdadera justicia pues mientras haya pueblos muriéndose de hambre, habrá violencia; mientras gastemos más dinero en armas que en educación, habrá violencia; mientras el respeto sea impuesto por el más fuerte al más débil, por la fuerza y no por el reconocimiento de la dignidad humana, habrá violencia.

Primero está la dignidad de los seres humanos, todos hijos de Dios y todos redimidos por la sangre de Cristo y, segundo, el derecho de todos a una vida digna..