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La voz del Arzobispo John C. Favalora

Siempre triunfaremos con Dios y con los demás

 

 

 

Mis queridos amigos:

Mientras celebramos el Día de Acción de Gracias, los trabajadores continúan sus labores de búsqueda entre los escombros de lo que eran las Torres Gemelas en Nueva York y casi 5,000 familias lamentan la pérdida de alguno de sus miembros. Hombres y mujeres en nuestras fuerzas armadas se encuentran involucrados en una guerra al otro lado del mundo. Las bombas continúan cayendo sobre Afganistán. Los titulares atemorizan sobre el ántrax. La gente teme viajar. El desempleo aumenta. Los gastos descienden.

Parece como si no tuviéramos mucho que agradecer. Pero creo que la mera noción de un día como éste es una bendición de Dios.

Esta es una de las pocas naciones en la Tierra que hace un alto una vez al año para dar gracias al Señor de la creación. Esa pausa es más impresionante dado el hecho de que los Estados Unidos es la tierra del individualismo y la autosuficiencia, quizás el lugar más autosuficiente y materialista del planeta. A pesar de hacer alarde sobre la separación de Iglesia y Estado, tenemos un día de fiesta explícitamente religioso. Nuestra nación hace un alto para dar gracias a Dios.

En este día del año prevalece una espiritualidad común. Cesa el comercio. Nos reunimos con familiares y amigos para compartir la cena —la actividad humana básica— y para recordar que todas nuestras bendiciones vienen de Dios.

Habremos ganado nuestro dinero y trabajado fuertemente para alcanzar cierta posición, pero reconocemos en ese día que el éxito no dependió sólo de nosotros, sino que Dios nos dio el talento y las oportunidades para triunfar. Dios nos bendijo con familias que celebran nuestros triunfos y nos apoyan en nuestros fracasos.

No tienen que haber nacido en los Estados Unidos para celebrar y apreciar el Día de Acción de Gracias. Este día, iniciado por los peregrinos que llegaron a Plymouth, Mass., resuena profundamente en los corazones de los nuevos peregrinos de nuestra nación, aquellos que llegan por tierra, mar y aire desde Centro y Sur América y el Caribe, Europa Central y Oriental, el Medio y el Lejano Oriente.

Desde el 11 de septiembre hemos escuchado a personas del mundo musulmán decir que nuestro materialismo les ofende. No nos ven como fieles o temerosos de Dios. Pero aquellos que llegan hasta aquí admiten que encuentran una nación llena de iglesias donde más personas practican su religión que en otra parte del mundo. Cristianos, judíos y musulmanes americanos no rinden culto los domingos, sábados o viernes porque tienen que hacerlo. Lo hacen porque quieren hacerlo.

Mientras es cierto que nuestras comodidades materiales a menudo no nos permiten ver las necesidades de otros, también nos encontramos entre las personas más generosas del mundo. Siempre estamos entre los primeros en enviar expertos, dinero, alimentos y ayuda a las víctimas de desastres alrededor del mundo, desde Cuba a Afganistán a Nueva York.

En medio de nuestro egocentrismo, nos reconocemos responsables por aquellos menos afortunados. Estamos dispuestos a escuchar a quienes critican nuestra arrogancia, nuestro materialismo, nuestros errores políticos e históricos. En realidad queremos mejorar.

En este Día de Acción de Gracias agradezcamos a Dios por todas esas cualidades. Oremos para que nunca seamos tan altaneros y autosuficientes como para creer que podemos triunfar sin Dios y sin los demás. Disfruten el calor de sus familias y eleven una oración por aquellos que han perdido algún ser amado, aquí o en Afganistán. Luchemos para que el espíritu de Acción de Gracias esté presente en nuestros corazones durante todo el año para que el Señor nos haga un pueblo mejor y más santo.