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Siempre
triunfaremos con Dios y con los demás
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Mis queridos amigos:
Mientras
celebramos el Día de Acción de Gracias, los trabajadores
continúan sus labores de búsqueda entre los escombros de
lo que eran las Torres Gemelas en Nueva York y casi 5,000
familias lamentan la pérdida de alguno de sus miembros.
Hombres y mujeres en nuestras fuerzas armadas se encuentran
involucrados en una guerra al otro lado del mundo. Las
bombas continúan cayendo sobre Afganistán. Los titulares
atemorizan sobre el ántrax. La gente teme viajar. El
desempleo aumenta. Los gastos descienden.
Parece
como si no tuviéramos mucho que agradecer. Pero creo que la
mera noción de un día como éste es una bendición de
Dios.
Esta
es una de las pocas naciones en la Tierra que hace un alto
una vez al año para dar gracias al Señor de la creación.
Esa pausa es más impresionante dado el hecho de que los
Estados Unidos es la tierra del individualismo y la
autosuficiencia, quizás el lugar más autosuficiente y
materialista del planeta. A pesar de hacer alarde sobre la
separación de Iglesia y Estado, tenemos un día de fiesta
explícitamente religioso. Nuestra nación hace un alto para
dar gracias a Dios.
En
este día del año prevalece una espiritualidad común. Cesa
el comercio. Nos reunimos con familiares y amigos para
compartir la cena —la actividad humana básica— y para
recordar que todas nuestras bendiciones vienen de Dios.
Habremos
ganado nuestro dinero y trabajado fuertemente para alcanzar
cierta posición, pero reconocemos en ese día que el éxito
no dependió sólo de nosotros, sino que Dios nos dio el
talento y las oportunidades para triunfar. Dios nos bendijo
con familias que celebran nuestros triunfos y nos apoyan en
nuestros fracasos.
No
tienen que haber nacido en los Estados Unidos para celebrar
y apreciar el Día de Acción de Gracias. Este día,
iniciado por los peregrinos que llegaron a Plymouth, Mass.,
resuena profundamente en los corazones de los nuevos
peregrinos de nuestra nación, aquellos que llegan por
tierra, mar y aire desde Centro y Sur América y el Caribe,
Europa Central y Oriental, el Medio y el Lejano Oriente.
Desde
el 11 de septiembre hemos escuchado a personas del mundo
musulmán decir que nuestro materialismo les ofende. No nos
ven como fieles o temerosos de Dios. Pero aquellos que
llegan hasta aquí admiten que encuentran una nación llena
de iglesias donde más personas practican su religión que
en otra parte del mundo. Cristianos, judíos y musulmanes
americanos no rinden culto los domingos, sábados o viernes
porque tienen que hacerlo. Lo hacen porque quieren hacerlo.
Mientras
es cierto que nuestras comodidades materiales a menudo no
nos permiten ver las necesidades de otros, también nos
encontramos entre las personas más generosas del mundo.
Siempre estamos entre los primeros en enviar expertos,
dinero, alimentos y ayuda a las víctimas de desastres
alrededor del mundo, desde Cuba a Afganistán a Nueva York.
En
medio de nuestro egocentrismo, nos reconocemos responsables
por aquellos menos afortunados. Estamos dispuestos a
escuchar a quienes critican nuestra arrogancia, nuestro
materialismo, nuestros errores políticos e históricos. En
realidad queremos mejorar.
En
este Día de Acción de Gracias agradezcamos a Dios por
todas esas cualidades. Oremos para que nunca seamos tan
altaneros y autosuficientes como para creer que podemos
triunfar sin Dios y sin los demás. Disfruten el calor de
sus familias y eleven una oración por aquellos que han
perdido algún ser amado, aquí o en Afganistán. Luchemos
para que el espíritu de Acción de Gracias esté presente
en nuestros corazones durante todo el año para que el Señor
nos haga un pueblo mejor y más santo.
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