Secciones

Vaticano
Miami
Cuba
Mundo/Nación
Opiniones
Enlaces
Correo
Archivo
Portada

 

Opinión
 

Por la formación de jóvenes pensantes

Hna. Ondina Cortés, RMI
Dirige la Oficina de Jóvenes y Jóvenes Adultos de la Arquidiócesis de Miami srondina@miamiyoungchurch.com

Vivimos en un mundo muy plural con muchas opciones. Continuamente estamos en situaciones donde tenemos que tomar decisiones. Nuestro mundo es mucho más complejo que el de otras generaciones en el cual la sociedad definía claramente lo que era aceptable y lo que no lo era. La opción que teníamos era la de actuar según esos estándares o ser rechazados. Muchas veces la moral se practicaba más por presión que por convicción. Era duro, pero en cierta manera más fácil y seguro. Después se ha visto un viraje hacia el otro extremo y, ante el relativismo moral y el anonimato de las grandes ciudades, con facilidad se ha perdido el camino.

El Concilio Vaticano II, rechazando ambas tendencias, ha querido mostrarnos el camino de la conciencia: “La dignidad humana requiere que la persona actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movida e inducida por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa” (G.S. 17).

A la hora de educarformar a los jóvenes tenemos tres caminos: el primero es darles todas las respuestas, marcarles un camino que les evite la equivocación o el error. Este camino a la larga deshumaniza porque hemos sido creados en libertad para la responsabilidad. Otro camino es dejarles a la merced de sus impulsos sin darles ninguna orientación. Aquí también le hacemos un gran daño y bien conocemos los resultados que tiene el formar jóvenes sin ponerles ningún parámetro. Finalmente, el tercer camino es formarles para la responsabilidad, darles criterios para decidir, principios para actuar y dejarles ejercer su libre albedrío con todo el riesgo que esto supone. Este fue el estilo de Jesús.

En más de una ocasión vemos cómo Jesús respondía con una pregunta o con una parábola y dejaba que la persona sacara sus propias conclusiones y tomara sus propias decisiones. No nos dejó leyes, sino el mandamiento del amor como el gran principio desde el cual juzgar todas las situaciones. Sólo definió el valor prioritario de la persona que está por encima de la ley, aún de las leyes religiosas de su época.

El reto que tenemos hoy es formar a nuestros jóvenes a actuar confrontando los valores de Jesús, mirando su forma de actuar, preguntarnos ¿qué haría Jesús?

Existe actualmente una tendencia a no pensar y buscar quien lo haga por mí, quizá en grupos en que todo está definido. Grupos de este estilo, dentro y fuera de la Iglesia, tienen un gran seguimiento. La generación joven ha nacido en un tiempo de incertidumbre y por reacción busca aferrarse a lo que percibe como seguro. Enseñarles a vivir el reto de la fe (“el medio para conocer lo que no vemos”, según Hebreos 11,1) y el mandamiento del amor, es más difícil que enseñarles a cumplir con ciertas prácticas piadosas o a seguir un código de comportamiento. Ante la proliferación de fenómenos “sobrenaturales” y sensacionales, cuesta seguir a Jesús por el camino de la entrega en la fe. La pregunta hoy sigue siendo válida: ¿qué haría Jesús?