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Arzobispo celebra 40 años de sacerdocio

La educación, las vocaciones y las misiones siguen siendo las  prioridades del Arzobispo de Miami, John C. Favalora


El arzobispo Favalora ha sido descrito por sus allegados como "muy paciente, muy generoso". (Foto Archivo/La Voz Católica)

Ana Rodríguez-Soto
La Voz Católica

MIAMI — Los jesuitas podrían ver al arzobispo John C. Favalora como alguien que se les escapó.

Como estudiante de escuela superior, el Arzobispo, natural de Nueva Orleans, consideró seriamente unirse a esa congregación religiosa que le enseñó en la Escuela Superior Jesuita. Optó por no hacerlo por temor a pasar más tiempo dando clases que realizando una labor parroquial.

Irónicamente, 40 años después se considera primero que nada un maestro.

"Es mi oficio como Obispo enseñar", dijo el Arzobispo en el 40 aniversario de su ordenación, que se llevó a cabo el 20 de diciembre de 1961 en la Basílica de San Pedro, en Roma.

Hijo único de un italoamericano dueño de un supermercado y de una nativa de Luisiana, el arzobispo Favalora recuerda lo que lo motivó a hacerse sacerdote: no sólo el ejemplo de sus maestros jesuitas, también su asistencia diaria a Misa.

Aunque prefería el trabajo parroquial, el Arzobispo trabajó  siete años como maestro y director de la Escuela Preparatoria St. John y cinco años más como rector de su Alma Mater, el Seminario Notre Dame. Ambas instituciones educativas están en Nueva Orleans.

Esas tareas, dice, lo prepararon bien para sus responsabilidades actuales como Arzobispo de Miami: ser el principal instructor de los católicos en el sur de la Florida en asuntos de fe y moral.

No es fácil el trabajo, admite, porque muchas personas entienden mal esas enseñanzas difíciles —sobre sexualidad, aborto, justicia social—, y las juzgan como una falta de compasión por parte de la Iglesia. Sin embargo, esa es la cruz del sacerdocio que también soportó Jesús, dijo el Arzobispo en una entrevista.

"No ser comprendido en un instante en que la Iglesia puede estar enseñando algo que es muy duro escuchar es muy parecido a lo que nos dijo Jesús en el Evangelio, cuando predicó acerca de la Eucaristía y muchos de sus más cercanos discípulos se alejaron y nunca regresaron.

"Supongo que es ahí donde encuentro mayor dificultad, abrazar la cruz con amor", con tinuó diciendo. "Hablando con naturalidad, creo que quieres huir de la cruz. Quieres disociarte de ti mismo y de la cruz. Pero sabes que hacer eso sería negar al Señor".

El arzobispo Favalora ha estado diciendo "sí" al Señor desde hace 40 años. Hace siete celebró el aniversario de su ordenación siendo instalado como tercer arzobispo de Miami. Este año ha invitado a todos los sacerdotes arquidiocesanos y a los diáconos a una recepción en la catedral de Santa María. Esta celebración navideña de sacerdotes y diáconos de la Arquidiócesis, nunca antes realizada, se piensa hacer  todos los años. 

Hubo una Misa con otros ocho sacerdotes que trabajan en la Arquidiócesis, que también celebraban 40 años en el sacerdocio. Entre ellos un buen amigo y compañero de estudios del Arzobispo en el North American College, Mons. William Hennessey, ahora Vicario general de la Arquidiócesis.

Cuando el arzobispo Favalora fue nombrado para servir en Miami en 1994, después de haberlo hecho por cinco como Obispo de San Petersburgo, Mons. Hennessey lo describió como "muy paciente, muy abierto, muy generoso".

Su secretaria, Rosalía Antúnez, quien ha trabajado con el Arzobispo desde hace cinco años, lo describe de forma similar. "Siempre es el mismo, pacífico, calmado, siempre tiene una palabra bondadosa", dijo Antúnez. "Es el mejor jefe que se puede tener".

En realidad el arzobispo Favalora parece vivir su lema episcopal: "Dios proveerá". Aunque sin duda tiene que lidiar con un buen número de problemas en esta agitada ciudad, no agoniza por las decisiones que debe tomar.

"Creo que nunca me he percibido a mí mismo como alguien que se preocupa en exceso", dice. "Trato de lidiar con lo que llega, tomar la decisión y seguir adelante".

"Puede que descubras mañana o el mes o el año que viene que la decisión fue errada. Entonces mi respuesta es: cambiaremos nuestra posición. Si en verdad está equivocada, no tengo problema alguno en decirlo".

El arzobispo Favalora hizo exactamente eso cuando canceló una peregrinación a Cuba en 1998 con motivo de la visita de Juan Pablo II. El plan original fue alquilar un crucero para quedarse allí varios días. Después de acaloradas protestas por parte de la comunidad cubana, el Arzobispo decidió alquilar un avión y quedarse sólo el tiempo suficiente para asistir a la Misa final del Papa en La Habana.

El arzobispo Favalora ha establecido tres nuevas parroquias, dos de ellas en mayo.

Ha abierto dos nuevas escuelas superiores, la escuela Arzobispo McCarthy, en Fort  Lauderdale, y la Arzobispo Carroll, en Miami, la primera escuela superior que se construye en la Arquidiócesis en 25 años.

También "ha bendecido a muchas escuelas, muchas expansiones de escuelas", dice su secretario, Mons. Michael Souckar.

Sus prioridades en el sur de la Florida han sido la educación, Caridades Católicas y las vocaciones. Inicialmente se fijó la meta de tener a 100 seminaristas estudiando para el sacerdocio arquidiocesano para el año 2000. El número asciende a unos 80.

"Está muy orgulloso del número de vocaciones que tenemos en la actualidad y lo bien que está yendo todo", dijo Mons. Souckar.

El arzobispo Favalora también fue uno de los elegidos para el Sínodo de las Américas, celebrado en Roma en 1997.

"Eso ciertamente fue un momento importante para él", apuntó Mons. Souckar.

Muchas de las iniciativas que ahora se están tomando en la Arquidiócesis tienen que ver con las recomendaciones del Sínodo. Una de ellas es el énfasis que se da a la actividad misionera a nivel parroquial y escolar.

A diferencia de otros sacerdotes, lo que el Arzobispo más disfruta de su sacerdocio es predicar y escuchar confesiones, dijo.

"Supongo que es mi lado de maestro", dijo. "Predicar y enseñar son cosas que están muy ligadas. Mi visión, la imagen que me viene a la mente es Jesús predicándole a la multitud. Es el reto de todo maestro abrir el apetito para que la mente o el corazón de las personas se dirija  en la dirección correcta".

Con las confesiones sucede algo similar, excepto que la experiencia es de una en una, explica el Arzobispo. "Es un diálogo entre Jesús y la otra persona", dijo. "Es ese reto que tienes como instrumento de la gracia de Dios: elegir las palabras apropiadas, rezar para recibir la iluminación para decir lo correcto que dispondrá a esa personas a que se abra lo más posible a la gracia de Dios".

Como sacerdote y como obispo "rezo por esa gracia", todos los días, dijo.

Recuerda el pasaje de la Biblia donde el Señor le dice a Salomón que le dará lo que pida.

"El sólo pidió discernimiento", dijo el arzobispo Favalora. "La habilidad, la sabiduría para discernir entre lo que está bien y lo que está mal para conducir al pueblo. Esa es básicamente mi oración. Que el Señor me dé la luz y el entendimiento para hacer lo que tengo que hacer de acuerdo con mis responsabilidades. Saber que no tengo que hacer todo solo".