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Que
el niño Jesús nos traiga la Paz
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Mis queridos amigos:
El
coro que cantaron los ángeles aquella primera mañana de
Navidad resuena con más fuerza este año: "Gloria a
Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama
el Señor".
Paz
es nuestra fervorosa oración esta Navidad y no estamos
solos en nuestro deseo.
Shalom
es la palabra que los judíos utilizan para saludarse. Es la
palabra hebrea para la paz.
Salaam
es la palabra que usan los musulmanes en su saludo. También
significa ‘paz’ en árabe.
Los
católicos nos saludamos todos los domingos con las palabras
de Cristo: "La paz esté contigo".
Creo
firmemente que la gran mayoría de las personas en la tierra
comparte un deseo ferviente de paz. También creo que lo
mismo desean los musulmanes y los judíos en
Tierra Santa, a pesar de los recientes brotes de
violencia horrible y absurda.
Creo
que ese también es el deseo del pueblo afgano, el cual
desea que cese el bombardeo de la misma manera que los
estadounidenses desean que sus hombres y mujeres en las
Fuerzas Armadas regresen a casa.
Pero
la paz es evasiva. La maravillosa solidaridad con la cual el
mundo entero recibió el año 2000 parece haberse perdido y
olvidado. Henos aquí, a menos de dos años,
peleando viciosamente.
Pero
en medio de toda esta violencia y sufrimiento, la Iglesia
nos recuerda que vino el Salvador. Jesús no fue un líder
político o un héroe militar. Fue un humilde hijo de un
carpintero que comenzó su vida en un pesebre y luego huyó
al exilio.
Sus
padres no eran ricos. Irónicamente, con mucha probabilidad
vivieron como hoy lo hace la gente de la devastada Afganistán:
sacando agua de un pozo, sin electricidad o medios modernos
de transportación, ganándose la vida a duras penas.
¿Y
qué mensaje trajo Jesús al mundo?
"La
paz esté con ustedes", le dijo a sus discípulos.
"Amense unos a otros como yo los he amado".
Al
igual que las víctimas de
los que llegan al terrorismo por resentimiento, Jesús
fue objeto de la ira y el odio, fue testigo de la injusticia
y la incomprensión. Ciertamente llevó el peso de todo eso
en su propia carne. Murió injustamente, solo e
incomprendido, frente a una turba airada que se burlaba de
él. Pero nunca optó por la violencia como solución. Hasta
el final repitió las palabras: "La paz esté
contigo". "Amense unos a otros".
Esa
ha sido la oración de Dios por nuestro mundo desde el
principio del tiempo. Y debe ser nuestra oración esta
Navidad. Pero, ¿cómo hacerla realidad?
Creo
que podemos hacerlo una persona a la vez, un corazón a la
vez. Cuando miremos
al Niño Jesús en el pesebre, encontremos al Niño en los
demás: vulnerable, inocente, asustado, hambriento,
necesitado de amor. Ese es el rostro de Dios y fuimos
creados a su imagen y semejanza.
Dios
escogió revelarse a nosotros no con poder y gloria, sino
con humildad y vulnerabilidad. Redescubramos ese destello de
divinidad en todos los que nos encontremos a nuestro paso,
sin importar su raza, idioma, cultura o nacionalidad. Todos
somos semejantes a Dios, hijos e hijas del mismo Padre,
hermanos y hermanas de aquel pequeño Niño y unos de otros.
Que
ese conocimiento, personificado en este Niño de la Navidad,
nos lleve a la verdadera paz y a un mundo mejor ahora y
siempre.
Que
ustedes y sus familias tengan una bendita y santa Navidad
llena de paz.
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