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Por
qué nos oponemos a la clonación

P.
Alfredo Cioffi
Para
poder hablar con inteligencia sobre la clonación humana,
antes tenemos que considerar tres áreas del conocimiento
humano: el trasfondo biológico, el filosófico y el
teológico.
Trasfondo
Biológico
Todo
animal, planta o bacteria que existe en esta tierra está
compuesto de células. Esto es lo que se llama la teoría
celular, a saber, que la célula es la unidad básica de la
vida orgánica. La célula, que es microscópica, está
compuesta de citoplasma y núcleo. El citoplasma es una
suspensión líquida de miles de carbohidratos, lípidos,
proteínas y organillos que funcionan en coordinación. Dicho
citoplasma se podría entender como una pequeñísima pero
sumamente compleja y eficaz “fábrica química”. El que
coordina la fábrica química es el núcleo. En el núcleo se
encuentran los cromosomas, que están compuestos de genes. Los
genes forman el famoso código genético, el cual es distinto
para cada especie viviente. Un gen es un segmento de un
cromosoma que codifica una característica específica del
organismo. Imagínense que tienen un casete de música; cada
canción está codificada en la cinta magnética del casete.
Un cromosoma es como un casete; cada gen está codificado en
la cinta química que es el cromosoma. La diferencia es que,
mientras que un casete de música puede tener diez o veinte
canciones, un cromosoma contiene miles de genes. Por ejemplo,
el código genético humano consiste de unos cien mil genes,
contenidos en 46 cromosomas, o en realidad, 23 pares.
Es
importante entender que cada especie tiene un sistema natural
de protección contra errores en el código genético. Esto se
da a través de la duplicación de cromosomas. Por eso es que
hablamos de 23 pares de cromosomas humanos. Es decir, que los
cientos de miles de genes que forman la especie humana están
contenidos en sólo 23 cromosomas. Pero estos 23 cromosomas
son tan importantes, que el núcleo tiene un duplicado de cada
cromosoma, y de ahí los 46 cromosomas de la especie humana.
Es como si tuvieran 23 casetes de su música favorita y, como
esas canciones son tan importantes, tienen un duplicado de
cada casete, por si acaso.
Cada
célula del cuerpo tiene cromosomas en duplicado y se llaman células
somáticas. El óvulo y el espermatozoide son las únicas células
que no contienen cromosomas duplicados, y por eso se llaman
gametos o células sexuales.
También
es importante entender que cada tipo de animal, planta o
bacteria tiene un código genético específico. Y esto es lo
que determina una especie a nivel biológico. Es decir que
tanto el tipo de genes como el número de genes, y por lo
tanto también el número de cromosomas, varía de especie en
especie. Cada especie viviente tiene una lista particular de
sus “canciones” favoritas, en duplicado.
Ya
que los genes se encuentran en el núcleo, el núcleo es el
que determina la función de cada célula. Por lo tanto, el núcleo
es como el “cerebro” de la célula.
A
nivel biológico, la fertilización sexual consiste en la unión
entre un espermatozoide y un óvulo. El espermatozoide y el óvulo
son las únicas células del cuerpo cuyos pronúcleos carecen
de duplicados en el número de cromosomas. Esto es debido a
que al unirse estas dos células sexuales, cada pronúcleo
contribuye la mitad de cromosomas, para que el nuevo núcleo
que se forma tenga entonces el número completo, en duplicado.
Por ejemplo, cada espermatozoide y cada óvulo humano tiene 23
cromosomas para que, al unirse en el momento de la fertilización,
la nueva célula que se forma tenga 46 cromosomas, o 23 pares.
Esta nueva célula se llama zigoto, que en Griego significa
“pequeño nuevo ser”.
La
clonación consiste en tomar un óvulo, extraerle su núcleo y
reemplazarlo con un núcleo de otra célula del cuerpo. Al
momento de hacer esto, la nueva célula deja de ser un óvulo
y pasa a ser una célula somática.
Trasfondo
Filosófico
Lo
que hace la clonación es reemplazar el proceso de fertilización.
Al proveer un núcleo con el número duplicado de cromosomas,
el óvulo clonado deja de ser una célula sexual y pasa a ser
una célula somática. En efecto, el óvulo clonado pasa a ser
un zigoto.
Ahora
tenemos que considerar lo que se llama la teleología.
Teleología es una palabra compuesta del Griego telos y
logos. Telos significa el fin último o la meta, y
logos significa estudio o conocimiento. Es decir, que la
teleología estudia el fin último de las cosas.
La
teleología del zigoto es formar un nuevo ser, un nuevo
organismo de esa especie. Nótese que el que dirige dicha
formación es el núcleo, ya que éste es el que contiene el código
genético. Por lo tanto, a nivel filosófico, un óvulo
fertilizado es equivalente a un óvulo clonado; ambos se
convierten en un zigoto.
Nótese
también que el zigoto de un óvulo clonado
—con el núcleo de una célula de la misma especie
que el óvulo— sigue
siendo un zigoto de esa misma especie, al igual que lo sería
un óvulo fertilizado con un espermatozoide de la misma
especie. Este punto es fundamental para un argumento filosófico
consistente, o sea, carente de contradicciones. Me refiero a
esto: en la naturaleza no existe vida genérica, es decir,
vida que no pertenezca a ninguna especie en particular. En
efecto, todo organismo viviente pertenece a una especie
particular. Por lo tanto, “vida”, ya sea a nivel natural
que a nivel sobrenatural, es siempre una vida específica; la
vida de un ser humano, la vida de un ángel, la vida de una
paloma. No existe vida no específica, no existe “vida genérica”.
Consistentemente,
tampoco a nivel celular existe vida genérica. Por ejemplo,
las células de un hígado no son solo células de “un hígado”,
sino que son células del hígado de un ser humano, o células
del hígado de un ratón, o de un faisán, etc. De igual modo,
no existen “zigotos genéricos”, o no específicos; cada
zigoto pertenece a la especie del núcleo que lo determina.
Por lo tanto, un óvulo humano clonado con el núcleo de una célula
humana pasa a ser un zigoto humano, y no de ninguna otra
especie. De nuevo, filosóficamente (y también biológicamente),
dicho zigoto es equivalente a un zigoto formado por la unión
entre un esper-matozoide humano y un óvulo humano.
Otro
aspecto fundamental en este tema es que no existe media vida,
o un cuarto de vida, o ningún fragmento de vida. Aunque
popularmente se puede decir que algún animal o planta está
“medio muerto”, estrictamente hablando, o está vivo o está
muerto. Igualmente, un adolescente no es un “medio
adulto”, un niño no es “medio adolescente”, un bebito
no es un “medio niño”, un feto no es un “medio
bebito”, un embrión no es un “medio feto”, ni un zigoto
es un “medio embrión”. Más bien, se habla de un ser
humano en distintas etapas de desarrollo. Ni el hecho que un
ser humano se encuentre dentro o fuera del seno materno quiere
decir que se es “menos” o “más” humano. De ahí que
un zigoto humano sea un ser humano pleno y verdadero, ya sea
que se originó por fertilización o por clonación.
Trasfondo
Teológico
Un
clon humano, ¿tiene alma? Para poder contestar esta pregunta
primero hay que entender que, al igual que no existe vida orgánica
genérica, a nivel humano no existe tampoco “alma genérica”.
Es decir, que cada ser humano tiene un alma específica y
particular. Específica porque dicha alma pertenece a la
especie humana (en contraste con el alma animal y el alma
vegetal de las cuales habla Sto. Tomás de Aquino), y
particular porque el alma que tenemos cada uno de nosotros nos
pertenece a cada uno de nosotros mismos y a nadie más. Tal es
la unión íntima entre el cuerpo y el alma humana, que la
Iglesia ni siquiera dice que cada cuerpo humano tiene un alma
humana, sino que cada uno de nosotros somos cuerpo y alma, uno
solo. Dicho sea de paso, por eso es que la muerte sea ese
misterio tan grande y tan atroz de la separación temporal
entre el cuerpo y el alma. Y por eso también es que la
Iglesia proclama en la recitación del Credo: “...creo en la
resurrección de los muertos...” Es decir, que el plan
original de Dios es que cada ser humano sea cuerpo y alma, uno
para toda la eternidad.
¿Cuándo
es que el ser humano adquiere el alma? Consistentemente con el
argumento de unidad presentado, ocurriría simultáneamente al
momento de adquirir un cuerpo. O sea, que somos cuerpo y alma
uno desde nuestro origen individual. Y, ¿cuál es nuestro
origen individual? De nuevo, el primer momento de la
existencia corpórea de cualquier ser viviente que se
reproduce sexualmente es el zigoto, es decir, cuando el óvulo
fertilizado (o clonado) deja de ser una célula sexual y pasa
a ser una célula somática. Ya hemos visto que el zigoto, ya
sea producto de fertilización o de clonación, contiene en su
núcleo todo el código genético necesario para formar un
nuevo individuo de una especie particular.
Podemos
concluir, entonces, que un clon humano es un nuevo ser humano
y, por lo tanto, tiene un alma humana particular como la tiene
todo ser humano que camina la faz de esta tierra. Ya que la
clonación humana es una manipulación tan crasa de la
reproducción humana, negándole al nuevo zigoto siquiera el
tener un padre, y convirtiendo en un mero objeto de
investigación y destrucción en el laboratorio, tenemos que
oponernos energéticamente a toda clonación humana.
El
Padre Alfredo Cioffi, BS, ST, trabaja en el Centro Nacional
Católico de Bioética. Es doctorado en Teología Moral de la
Universidad Pontificia Gregoriana.
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