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Vocación
de periodista, por Cristo
Dora
Amador Morales
Hace
poco se celebró un foro internacional en la Universidad de
San Pablo, en Madrid, sobre
el testimonio cristiano y la nueva sociedad de la información
como parte del III Congreso Católicos y Vida Pública, que
promueve el Centro de Estudios Universitarios. Fue algo sin
precedente, porque
reunió a cientos de directores de medios de comunicación,
académicos, políticos y religiosos para reflexionar por dos
días sobre el periodismo cristiano en lo que alguien llamó
una sociedad con exceso de información y muy pocos criterios
y valores. Otros hablaron de la sociedad de la desinformación.
¡Cuán acertadas algunas de las observaciones que allí se
hicieron!
Entre
ellas la que apuntó Monseñor Manuel Monteiro, Nuncio de España:
“El comunicador cristiano, dijo, debe convertirse en el
nuevo profeta que denuncia los falsos dioses de la sociedad
materialista” mediante la difusión de valores evangélicos;
o la que dijo el ministro de Italia, Rocco Buttiglione:
“La cuestión más decisiva de la sociedad de la información
es la cuestión de la verdad”.
¿Y
qué es la verdad? Pregunto desde Miami, ciudad
maravillosamente multicultural; en un país donde coexisten
casi todas las religiones, y una prensa que relega lo
religioso al ámbito de lo privado, lo personal, lo no
importante o por lo menos no tanto como los deportes, la política,
la farándula, la economía, la decoración, etc., que siempre
cuentan con amplia cobertura.
Para
los cristianos donde quiera que estemos, Jesús es la verdad.
El periodista católico entonces es más que nada un
evangelizador, no tiene otra opción. Es la opción que llena
el corazón de alegría, a la que se siente llamado: a
anunciar el Evangelio. ¡Ay de mí si no evangelizara!, dijo
San Pablo.
Araceli
Cantero, directora de La
Voz Católica por más de 25 años, se refirió a su cesión
como “una nueva etapa” para el periódico de la Arquidiócesis
de Miami. Tan convencida está, y con razón, de que un periódico
lleva la impronta de su director o directora. Y sin duda lo
será en la medida en que Dios hace a cada persona única,
como única es la obra que debe realizar para cumplir los
planes que El nos tiene fijados: somos un hilo muy fino y
pequeño en el inmenso e intrincado tapiz que el gran Artífice
teje. No somos nosotros quienes hacemos las cosas, que bien
sabemos que todo lo bueno es obra de El. Pero el sentido, la
razón de ser de este periódico —servir a la Iglesia y en
particular a la Arquidiócesis de Miami— será el mismo que
Cantero admirablemente llevó a cabo: informar, pero sobre
todo, evengelizar. Será, como ha sido, un periódico con
convicciones que se basan en la fe en Dios, por tanto, toma
postura: la de Cristo.
Es
una obra grande y hermosa la que el Señor de las sorpresas ha
puesto en mis manos y en las del excelente equipo de La
Voz Católica: anunciar las “buenas noticias” (eso es
lo que quiere decir Evangelio), el Reino de Dios entre
nosotros.
Con la certeza de que es Jesús quien impulsa mi barca
mar adentro, confío plenamente que la podré realizar.
¡Feliz
Navidad!
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