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Miami
 

Celebra su 'noble historia educativa'

La Universidad St. Thomas cumple 40 años de excelencia en la educación superior


Emilia Díaz-Fox y Nicolás Díaz, en representación de su padre, Manuel Díaz, frente a la vía que honra el nombre de su abuela Emilia. A la derecha, el arzobispo Favalora y el cardenal Avery Dulles. A la izquierda, Mons. Franklyn Casale, presidente de la Universidad St. Thomas.

Robert O’Steen
La Voz Católica

MIAMI — La nueva entrada de la Universidad  St. Thomas, edificada a un costo de más de $1 millón, fue más que un proyecto de construcción,  la celebración de 40 años de tradición de los valores católicos en la educación superior. La Universidad, que empezó con 36 estudiantes en 1961, hoy alberga a 2,200 alumnos que representan a 62 naciones.

La celebración del 40 aniversario, llevada a cabo los días 26 y 27 de noviembre, tuvo de orador al cardenal Avery Dulles, S.J., profesor de la Universidad de Fordham y teólogo reconocido a nivel internacional. El arzobispo John C. Favalora presidió la Eucaristía. Se inauguró la nueva fachada y avenida de entrada remozada del centro académico y hubo también una cena de gala en el Hotel Intercontinental, a un costo de $500 el plato.

El cardenal Dulles dijo que todas las universidades ofrecerían una mejor educación si fueran católicas, como la Universidad St. Thomas. Mons. Franklyn Casale expresó acerca de ese centro académico que "participa de la larga y noble historia que tiene la Iglesia Católica en la educación superior”.

La nueva Buccellato Family Entrance (Entrada de la Familia Buccellato), fue posible gracias a un regalo de $1 millón de Carl Buccellato. El camino de entrada a la universidad fue embellecido con palmas y robles donados por Manuel Díaz, a un costo de $250,000 y fue nombrado "Emilia F. Díaz Drive" en honor a la madre de Díaz. La carretera va desde la entrada de la 37 Avenida hasta el Palmetto, atravesando unas tres cuadras del recinto sembrado de pinos. El camino conduce al lugar donde la nueva capilla St. Anthony se va a construir con un donativo de $1 millón de Joe y Wini Amaturo.

“Es lo primero que los visitantes van a ver a medida que se acercan al actual recinto”, dijo Mons. Casale.

El Arzobispo dijo que la lección sacada de la lectura de la Misa de ese día, en la que Daniel y su grupo se niegan a claudicar de su fe, se podría aplicar a la universidad católica del presente, que debe mantener su rol en el plan divino “que está obligada a llevar a cabo en la práctica diaria”. El Arzobispo añadió que la sabiduría divina no contradice, sino que aumenta el conocimiento humano. “Le da una dimensión más completa a la adquisición de conocimiento, la ciencia y la investigación”.

La Universidad fue construida en un antiguo basurero poblado de caballos y carros abandonados. Los frailes agustinos fueron expulsados de su Universidad de Santo Tomás de Villanueva y de Cuba en 1961. Al llegar aquí abrieron el Biscayne College en las afueras de Miami y Opa Locka. Era como un primo pequeño de la Universidad Agustiniana de Villanova, en Filadelfia, toda para hombres.

Hoy el 60 por ciento de los estudiantes de la universidad son mujeres, 70 por ciento de ellos de la Florida y tres cuartas partes pertenecen a minorías. En 1984 el recinto volvió a sus orígenes y se convirtió en la Universidad  St. Thomas. Ahora también está oficialmente afiliada a la Arquidiócesis de Miami.

Aunque la Universidad acoge a alumnos de todas las creencias religiosas y no predica el catolicismo en sus clases, St. Thomas sí se esfuerza por enseñar esos valores a los estudiantes. El colegio de Leyes urge a sus estudiantes a no tener como único objetivo de su carrera el dinero sino a ver en ella una vía de lograr la justicia, la defensa de los pobres y los inmigrantes. El recinto va a añadir  un título posgraduado de leyes en derechos humanos internacionales. La Universidad cuenta con un Instituto de Justicia y Paz que auspicia talleres sobre temas sociales desde una perspectiva católica.

También presentes en las festividades de aniversario estuvieron el padre John Kelley, antiguo presidente de la Universidad de Villanueva en La Habana, y el padre Pat O’Neill, ex presidente de la Universidad St. Thomas en los años 70.