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Harry Potter: un desafío para los católicos


Daniel Radcliffe protagoniza la película Harry Potter y la piedra filosofal, de la compañía Warner Bros.

LIMA (ACI) — Las novelas fantásticas que tienen como protagonista a Harry Potter ya han adquirido fama en el mundo de lengua española y ahora, gracias al estreno de la primera película que tiene como protagonista al ingenuo aprendiz de mago, el interés sobre la obra de Joanne Rowling seguirá incrementándose como fenómeno de cultura popular. 

Pero no se trata de un fenómeno puramente comercial. Las historias de Potter han conquistado la imaginación de millones de jóvenes (con más de 160 millones de libros vendidos en 23 idiomas), al punto de multiplicarse como hongos los clubes, sitios de discusión en Internet y asociaciones literarias dedicadas a este fenómeno.

 ¿Quién es Harry Potter? Se trata de un personaje de ficción, protagonista de dramas humanos y emocionantes aventuras en un mundo imaginario donde la magia es la fuerza dominante, tanto para el bien como para el mal. No pocos se preguntan en qué radica el secreto por el que esta creación novelística ha conquistado tan rápidamente la  imaginación de decenas de millones de lectores.

Algunos comparan la serie de Potter con los famosos Libros de Narnia, del gran autor cristiano inglés C.S. Lewis, especialmente porque Rowling se reclama cristiana y admiradora de Lewis. Más aún, Rowling dice que las historias de Potter serán siete porque también fueron siete los Libros de Narnia, la colección para niños que el famoso escritor cristiano escribió.

Pero la obra de Lewis jamás alcanzó un éxito tan amplio. Por ello, la mayoría de críticos literarios sostienen que la serie de Potter tiene más puntos en común con El Señor de los Anillos del novelista católico J.R.R. Tolkien, en el sentido en que ambos crean lo que en literatura se conoce como "mundo secundario", es decir, un universo paralelo al mundo real.

Debido al despertar del tema de los valores y las virtudes humanas que la saga de Potter ha suscitado  las comparaciones entre la obra y los valores religiosos han sido inevitables. Y así, sin quererlo, Rowling ha suscitado un debate al interior de la comunidad católica: ¿Puede Potter ser tomado como un héroe para educar a niños católicos o, por el contrario, es un peligroso sucedáneo "light" de las verdaderas virtudes?

Harry Potter enfrenta  situaciones en las que la visión moral cristiana se hace evidente: no existen buenos y malos predeterminados, sino que el bien y el mal se expresan en el mundo como consecuencia de las decisiones de individuos que ceden o no a sus pasiones, y que son coherentes o no con sus anhelos más elevados y nobles. Así, la línea divisoria entre el bien y el mal no está fatalmente trazada en el mundo, sino libremente en medio del corazón del hombre.

Este misterio del mal en el corazón humano no es abordado con simpleza. Por el contrario, muchas de las conversaciones entre Harry y su maestro, el noble y bondadoso Dumbledore, director de la escuela de magia, reflejan la fineza de conciencia del discípulo que se siente abrumado por el misterio del mal en él, hasta el punto de preguntarse si no será que ha nacido "predestinado" para militar para las fuerzas malignas. Una de estas conversaciones entre discípulo y maestro concluye con una interesante lección: "lo que te hace diferente de Voldemort (el personaje perverso de la secuela literaria) son tus opciones", dice Dumbledore. "Son nuestras opciones, Harry, las que muestran quiénes somos realmente, mucho más que nuestras habilidades". Dumbledore le revela a Harry que la pregunta que debe hacerse no es "¿quién soy en el fondo?", ya que en todos existen huellas del mal, sino más bien "¿qué debo hacer para convertirme en aquello que debo ser?", pues cada uno tiene un llamado a vivir la plenitud del bien.