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El contenido cristiano de 'El Señor de los Anillos'

Carlos Márquez Linares / ACI

Si hubiera que definir la personalidad de J.R.R. Tolkien, sería ineludible aludir a su condición de católico. Esta impregnó su obra de manera sutil pero indeleble. Su libro cumbre, El Señor de los Anillos, cuya adaptación a la gran pantalla acaba de estrenarse, posee, según han constatado numerosos críticos literarios, un indiscutible poso cristiano.

Tras quedar huérfano a los 12 años, Tolkien fue acogido por el padre Francis Morgan, un jesuita de origen hispanogalés que tuvo una gran influencia en su vida. “Siempre tuve la súbita y milagrosa experiencia del amor, del cuidado y del humor de Fray Francis”, dijo de él. ¿Se puede ver a la Virgen y al Espíritu Santo en su obra cumbre? Algunos así lo creen.

 La madre de Tolkien se convirtió al catolicismo en 1900, cuando su hijo tenía ocho años. La conversión de Mabel le supuso un alejamiento de su familia y un acortamiento de sus medios económicos. Mabel murió en 1904 y John Ronald siempre atribuyó su muerte a la incomprensión y dureza de corazón de sus parientes anglicanos.

En una carta de 1958, Tolkien dijo: "Soy cristiano (lo que puede deducirse de mis historias), y católico apostólico romano". Como escribió Humphrey Carpenter en su biografía de Tolkien, llevó sus convicciones religiosas a las páginas de sus libros. En ella reconstruye una de las conversaciones entre Tolkien y Jack Lewis, ambos profesores de Oxford.

"Venimos de Dios e inevitablemente los mitos que entretejamos, aunque contengan error, también reflejarán un fragmento desprendido de la auténtica luz, la verdad eterna que está con Dios. Nuestros mitos pueden estar errados, pero se encaminan hacia el verdadero puerto, mientras que el progreso materialista sólo conduce a un abismo abierto y a la Corona de Hierro del poder del Mal", dijo Tolkien en aquella ocasión.

Son innumerables las similitudes que guardan El Señor de los Anillos y la teología católica. Por ejemplo, en una carta de 1971, Tolkien afirmaba que la imagen de Galadriel, un personaje de su libro, guardaba una semejanza con la Virgen María. “Creo que es verdad que este personaje debe mucho a la enseñanza cristiana y católica acerca de María y de la presentación de su imagen, pero en realidad Galadriel era una penitente”, aseguró en aquella ocasión.

La Encarnación de Cristo encuentra un interesante paralelismo en El  Señor de los Anillos.

Algunos críticos también encuentran la huella del Espíritu Santo en el libro. En el Ainulindalë, cuando Eru muestra a los Ainur  la visión generada a partir de su música, les  dice: "¡Ea! ¡Que sean estas cosas! Y enviaré al vacío la Llama Imperecedera, y se convertirá en el corazón del Mundo, y el Mundo será".

La vida eterna, uno de los pilares del cristianismo, también cabe en su obra. La visión de Finrod en el mismo Athrabeth es elocuente: "Todo el tiempo que hablábamos de la muerte como la división de lo unido, yo pensaba en mi corazón en una muerte que no es así, sino el fin de ambos. [...]Y entonces repentinamente contemplé como en una visión a Arda Rehecha. Y allí los Eldar, completa su historia, pero no finalizada, podían vivir para siempre en el presente, y caminar allí, quizás, con los Hijos de los Hombres, sus libertadores, y cantarles canciones que, incluso en el Gozo más allá del Gozo, hagan resonar los verdes valles y resonar como arpas".