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El soplo del Espíritu suscita testigos de la Paz
ASIS (Fides)— Después de la oración, el compromiso. La Jornada Mundial por la Paz del 24 de enero concluyó con una solemne ceremonia de compromiso común por la paz, asumido por los líderes de todas las tradiciones religiosas. Sobre las notas del Cántico de las Criaturas, oración de alabanza compuesta por San Francisco hacia el final de su vida, los jefes religiosos reafirmaron la voluntad de “trabajar en la gran obra de la paz”. “¡No más violencia! ¡No más guerra! ¡No más terrorismo! En nombre de Dios, que cada religión lleve sobre la tierra justicia, paz, perdón y vida, amor!” Esta invocación recitada por el Papa resumió la responsabilidad y los deseos de todos los líderes presentes, expresados con un signo: todos llevaron al centro del palco una lámpara encendida para simbolizar la llama de la paz que debe calentar los corazones de los hombres. De entre los temas tocados en la celebración, se destacó el pronunciado por el Rev. Konrad Raiser, del Consejo Ecuménico de las Iglesias, “para proclamar que la violencia y el terrorismo contrastan con el auténtico espíritu religioso y para condenar todo recurso a la guerra en nombre de Dios”. Entre los otros líderes, Bhai Sahibji Mohindre Singh, hindú de religión sikh, reafirmó el compromiso por realizar “una convivencia pacífica y solidaria entre los que pertenecen a etnias, culturas y religiones distintas”. “Escuchamos las palabras, escuchamos el viento. Viento significa Espíritu: escuchemos al Espíritu”, fueron las palabras improvisadas que el Santo Padre dirigió a la asamblea durante el encuentro en la Plaza Inferior de Asís. Las ráfagas de viento invernal hacían vibrar las estructuras de acero de la tienda, mientras los telones vibraban como velas en el mar. Este signo fue suficiente para que el Papa indicase que el Espíritu habla “en nuestros corazones”, suscitando el deseo de escucha y de paz. El hecho mismo de “escucharnos unos a otros –dijo el Papa— es un signo de paz, porque aleja las tinieblas de la sospecha y de la incomprensión”. En un mundo que corre peligro de considerar la religión como fuente de terrorismo e intolerancia, el Papa presentó el encuentro de Asís como signo de convivencia, de unidad y de multiplicidad, “sin contraposición”, sin “desprecio del otro”, pero también sin “relativismo” o “sincretismo”. En la única intención por la paz, todas las oraciones tenidas “según formas diversas”, impulsan al “diálogo constructivo” y al deber “del testimonio y del anuncio”. El Papa dirigió la última palabra a los “jóvenes cristianos, a los jóvenes de todas las religiones”, para que todos sean “centinelas de la paz”.
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