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Inmigración y experiencia religiosa en la globalización

Celebran en Tijuana la Conferencia Internacional sobre Migración y Teología


Alicia Marill

“La doctrina social de la Iglesia sobre la migración trata de poner en práctica nuestra fe, basada en la Palabra de Dios y proclamada en la Escrituras: ‘No vejarás al emigrante: conocen la suerte del emigrante, porque  emigrantes fueron ustedes en Egipto (Ex 23,9). Fui extranjero y me recibiste’ (Mt 25,35).

“Cada generación tiene que aprender esta lección enraizada en la historia colectiva del pueblo de Dios. Así, consecuentemente, cuando un emigrante se establezca con  ustedes en su país, no lo oprimirán. El emigrante que reside con  ustedes será un ciudadano entre ustedes: lo amarás como a ti mismo,  porque emigrantes fueron ustedes en Egipto. Yo soy el Señor, su Dios.  (Lev19.33)’. El extranjero, amado por Dios, es un sacramento del Hijo Amado de Dios”.

Estas palabras retaron a la audiencia que presidía el padre  Michael A. Blume, SVD, representante del Consejo Pontificio para el Cuidado  Pastoral de Migrantes, en la primera Conferencia Internacional sobre Migración y Teología, celebrada en Tijuana, México del 24 al 27 de enero.

Más de 260 personas de diferentes partes del mundo asistieron a la conferencia. Los participantes eran teólogos, agentes de la pastoral de inmigrantes y refugiados; católicos y protestantes; obispos representantes de oficinas episcopales de varios países,  religiosos, sacerdotes y laicos.

Hubo cinco ponencias generales y 15 talleres sobre el tema de la migración y la experiencia religiosa en el contexto de la globalizacion.

El obispo auxiliar  de Miami, Thomas Wenski, participó en la ceremonia de apertura, dando la bienvenida como presidente de la Oficina para la Pastoral de Migrantes y Refugiados de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

Monseñor Wenski, quien participó en varios talleres, urgió a estar siempre abiertos a aprender más sobre la realidad del inmigrante. Fue él quien concelebró la Misa de clausura junto a Mons. Rafael Romo Muñoz, obispo de Tijuana y al de Guatemala, Alvaro Ramazzini, concelebrante principal.

La conferencia fue auspiciada por el Instituto Fronterizo de la Universidad  de San Diego, dirigido por Orlando Espín, profesor de teología en esa universidad, y fundador de la revista Journal of Hispanic Latino Theology; también fue auspiciada por las provincias del norte de la  Congregación de los Misioneros de San Carlos. Se escogió Tijuana porque es la ciudad más al norte de América Latina y donde se vive a diario el drama de inmigrantes procedentes de todas partes del mundo que intentan cruzar la frontera. 

Las oraciones y ponencias honraron la memoria de los inmigrantes que mueren buscando una vida mejor, que sueñan con escapar de la persecución, la miseria, el miedo y la inestabilidad políticoeconómica de sus países.

 María Pilar Aquino, profesora de teología y de doctrina social de la Iglesia en la Universidad de San Diego, comenzó su ponencia recordando a Carlota de la Cruz, una joven de 19 años que murió de sed después de vagar varios días con su padre y otros familiares por el desierto.  También se  recordó a las más de 2,000 personas que han muerto en la frontera  de México en los últimos dos años.

Mons. Ramazzini relató la muerte de 12 guatemaltecos que se ahogaron en una embarcación tratando de huir de los guardias mexicanos.

La Iglesia Católica define la palabra “migrante” como “todos aquellos que han debido dejar su patria, sus posesiones y su mundo de afectos”.

Un documento pontificio urge a los católicos a que acojan a los inmigrantes, y que protejan su memoria e identidad.

La Iglesia lanza una voz de alerta sobre el peligro que puede encarar alguien a quien le “cancelan” su memoria, su identidad y su lengua.

Alicia C. Marill es directora del Programa Doctoral de Ministerios de la Universidad Barry.