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Para saber quiénes somos
La identidad de los laicos.
Unos de los más grandes aportes del Concilio Vaticano II fue la clarificación y la recuperación del lugar que deben ocupar los laicos dentro de la Iglesia. De los documentos y decretos conciliares se dedujo un modelo de Iglesia de comunión y participación donde todos los bautizados debíamos participar activa y responsablemente de la misión y de la tarea de construir el Reino de Dios, aunque aún hoy para muchos laicos esto siga siendo todavía un reto desafiante: encontrar su lugar dentro de las estructuras y la acción de la Iglesia. Con este ensayo, el padre Juan Antonio Estrada, SJ, profesor de Filosofía de la Religión en la Universidad de Granada, España, aporta un excelente trabajo de investigación sobre “la evolución teológica e histórica de los laicos en relación con los sacerdotes y religiosos”. Para saber quiénes somos nos hace recorrer el camino de la historia afianzados en la propuesta original de una comunidad ministerial que vive sacerdotalmente su fe, porque en la Iglesia, Pueblo de Dios, no hay carisma y ministerio que no afecte a cada miembro. San Pablo no utiliza el término “laicos” para nombrar a los cristianos, sino que prefiere el término de “hermanos”, que en el Antiguo Testamento designa a los miembros del pueblo como compatriotas, diferentes del extranjero, que profesan una misma fe y pertenecen al pueblo. “Esta preferencia por el título de 'hermano' resalta bien el carácter de la comunidad cristiana. Una comunidad en la que hay diversidad de carismas, funciones y ministerios, pero una igualdad fundamental, basada en la consagración bautismal”. Partiendo desde la originalidad del sacerdocio cristiano, el autor nos pone a la vista el desarrollo del proceso que va desde la comunidad sacerdotal al clero, la evolución de la pluralidad de ministerios hasta su clericalización y la pérdida progresiva de las competencias, funciones e influencia eclesial de los laicos. Poco a poco la idea de corresponsabilidad y de la igualdad fundamental más allá de la diversidad de funciones y carismas pasa a un segundo plano. El dualismo comunidad/pluralidad de ministerios y carismas es desplazado por uno nuevo intracomunitario que crea el dualismo clérigos/laicos en el cual, poco a poco, los primeros pasan a ser con todo derecho el “sujeto” de la Iglesia y los laicos el “objeto” de la misma. La clericalización de la Iglesia es consecuencia del desarrollo de diversos modelos eclesiológicos que no son ajenos a su desarrollo histórico. Así vemos cómo en el siglo IX sólo una tercera parte de los monjes eran sacerdotes o diáconos y en el siglo siguiente, son ya dos tercios los ordenados, en una tendencia que va rápidamente apartando el monacato de sus orígenes laicales. En la edad media la cultura es monopolio del clero, lo mismo que el latín como lengua universal y escrita. Ser parte del clero equivalía a ser un hombre cultivado, y el ser laico a iletrado. De ahí la resistencia de la jerarquía a dejar leer la Escritura a los laicos, por su ignorancia y la escasa confianza que les ofrecían sus conocimientos. En el siglo XIII, el papa Bonifacio VIII expresaba la desconfianza del clero hacia los laicos: “La antiguedad nos enseña y la experiencia de los tiempos presentes nos atestigua con evidencia, que los laicos han sido siempre extremadamente hostiles a los clérigos” (bula Clericis laicos, 1296). Poco a poco el término “hermano” utilizado originalmente para todos los cristianos, pasa a ser una forma de llamarse entre sí solamente los ministros y los monjes. Entonces los laicos comienzan a denominarse “hijos”. La revalorización de la teología del laicado en las Iglesias protestantes ha dificultado históricamente la participación laical en la Iglesia católica, mientras en cambio, las iglesias orientales han conservado una teología y una praxis mucho más cercana a la Iglesia Antigua y, por tanto, más abierta a la participación de los laicos. La identidad de los laicos es un apretado compendio que ayuda a recorrer la historia, sus procesos, dificultades y retos buscando clarificar la conciencia y la identidad católica del lector. El padre Juan Antonio Estrada nos ayuda a entender cómo el desarrollo del movimiento laical ocupará su lugar en la eclesiología y la praxis actual si es capaz de integrarse, desde su vocación específica, a la dinámica de una Iglesia en estado de misión. La conciencia de la creatividad de las generaciones pasadas permitirá a los laicos recuperar su lugar en el pueblo de Dios y encontrar nuevos caminos, sin perder su identidad eclesial en el intento. El padre Estrada, autor de numerosas obras y artículos, además de enseñar teología en la Universidad de Granada, dirige la revista Proyección y es profesor invitado del Instituto Superior de Estudios Teológicos de Lima, de la Universidad Centroamericana de Managua, de la Universidad Católica de Asunción y de la Universidad Centroamericana de El Salvador. Rogelio Zelada es director asociado de la Oficina de Culto y Espiritualidad de la Arquidiócesis de Miami.
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