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Juan Diego será canonizado


Dibujo del beato Juan Diego por el pintor Ted de Grazia, en la Misión del Sol en Tucson, Arizona.

MEXICO, D. F. — El próximo 30 de julio el Santo Padre Juan Pablo II canonizará al beato Juan Diego, testigo de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Se trata de una fecha “histórica”, según afirmó el cardenal Norberto Rivera, arzobispo de México.

“Históricamente, el Evangelio nos llegó por Santa María de Guadalupe y el portavoz fue Juan Diego, que dedicó los primeros años después de la aparición a proclamar lo que había visto y oído. Es muy importante para el mismo proyecto evangelizador de América que esto sea reconocido”, señaló.

Asimismo, el purpurado destacó que a través del proceso se han clarificado muchas cosas que hasta ahora estaban todavía oscuras o eran parte de la fe de los creyentes. Ahora, los nuevos documentos han demostrado no sólo la existencia de Juan Diego, sino también su fama de santidad.

“Nadie en su sano juicio puede poner en duda la existencia de Juan Diego porque son muchísimos los datos que confluyen para esta afirmación histórica”, añadió el cardenal Rivera. Uno de ellos es la investigación jurídica conducida desde 1666 con personas que conocieron o fueron contemporáneos de Juan Diego y que hablan no sólo de su existencia, sino también de su fama de santidad.

Juan Diego nació en 1474 en las alturas de Tlayacac, región de Cuauhtitlán (México). Su primer nombre fue Cuauhtlatoatzin, que significa “aquel que habla como un águila” o “águila parlante”. Entre 1524 y 1525 se convirtió al cristianismo y fue bautizado junto con su mujer: recibieron el nombre de Juan Diego y de María Lucía. Amaba el silencio y recorría hasta 20 km (tres horas de camino) para recibir instrucción religiosa en Tenochtitlán. Durante una de estas caminatas tuvo la primera aparición de la Virgen. Después de la aparición, Juan Diego fue a vivir a una pequeña vivienda cerca de la capilla con la imagen de la Virgen, pasando el resto de su vida difundiendo las apariciones entre su pueblo. Murió a los 74 años de edad, el 30 de mayo de 1548 y fue beatificado por el Santo Padre Juan Pablo II en 1990.