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La Pascua de los cubanos


Dagoberto Valdés

La Semana Santa es para todos los cristianos un tiempo de gracia y conversión. Un tiempo de cambio y renovación. Es la celebración anual de la Pascua de Cristo. Es decir, del testimonio supremo de su amor para con todos los hombres. Ese testimonio es la entrega de su propia vida. La pasión, muerte y resurrección de Cristo es también nuestra Pascua.

Pascua es “paso”: de la muerte a la vida, de la cruz a la resurrección, del pecado a la gracia. Cada pueblo tiene su pascua, es decir su “paso”, su tránsito, su liberación. Para el pueblo judío, la patria de Jesús, la pascua era el paso de la esclavitud de Egipto a la liberación, del desierto a la tierra prometida, el “paso” del Mar Rojo.

 


Procesión de Viernes Santo en La Habana. (Foto Reuters)

 

Cuba tiene también su Pascua, su “paso”, su tránsito, su Mar Rojo, su éxodo y su liberación. Esta es la Pascua del Centenario de la República de Cuba. Para los cubanos los “pasos” de esta Pascua del 2002 pudieran ser:

 

El paso del miedo a la audacia.

El paso del desarraigo a la encarnación.

El paso del desaliento a la esperanza.

El paso de la despersonalización a la responsabilidad personal.

El paso de las divisiones a la comunión.

El paso de las dispersiones al consenso.

El paso de la desconfianza a la confianza.

El paso de las exclusiones a la inclusión de todos.

El paso de las revanchas a la reconciliación.

El paso de la violencia a la paz.

El paso de la confrontación al diálogo.

El paso de las cadenas personales y sociales a la libertad.

El paso del hambre y las necesidades a la solidaridad.

El paso de las injusticias a la justicia.

El paso de las manipulaciones a la libertad de conciencia.

El paso del individualismo a las relaciones de comunidad.

El paso del aborto a la cultura de la vida.

El paso del desempleo y el desgano a una cultura del trabajo.

El paso del paternalismo a la autogestión personal y comunitaria.

El paso del autoritarismo a la participación.

El paso del poder como dominación al servicio como promoción.

El paso del valer por lo que tienes al valer por lo que eres.

 El paso de la doble moral a la transparencia de un proyecto ético.

 El paso de la desidia a la fuerza de voluntad.

El paso de la desorganización a la capacidad de organizarse.

El paso del alcoholismo y la droga a la liberación personal.

El paso de las miserias humanas al crecimiento en humanidad.

El paso de una fe escondida a una fe pública y comprometida.

El paso de un culto alienante y pietista a un culto profético.

El paso de una caridad sólo individual a la caridad personal y social.

El paso de la asistencia al pleno desarrollo humano y social.

El paso de la superficialidad al difícil arte de pensar bien.

El paso de una sociedad vieja a una sociedad nueva.

El paso de la vida en la mentira a la vida en la verdad.

El paso del fomento del odio a la civilización del amor.

El paso de vivir en la diáspora al regreso a la tierra de nuestros padres.

El paso de vivir a trancos entre mares y exilios a vivir como nación en comunión.

 

Donde quiera que vivamos los cubanos esta Semana Santa de 2002, intentemos dar un paso. Uno de estos pasos, que creo pueden servir tanto a los que vivimos en Cuba como a los que viven más allá de sus costas. Dar estos u otros pasos por el estilo. Salir del inmovilismo, protagonizar el tránsito. Esa será la mejor manera de vivir el misterio de la Pascua de Cristo.

Es necesario, en primer lugar, creer que mi pequeño “paso” será útil para Cuba. Es necesario “creer en la fuerza de lo pequeño”.

Algunos estarán al tanto de las procesiones del Santo Entierro que hubo en Cuba y otros de sus vacaciones aprovechando estos días sagrados. Unos se preocuparán por el guano bendito del Domingo de Ramos y otros del Monumento del Jueves Santo. Celebraciones externas. Cuba mientras tanto, la de la Isla y la del éxodo, esperará como Cristo la actitud de su pueblo frente a Pilato: ¿A quién quieren que soltemos: a Jesús llamado el Cristo o a Barrabás?

Creo que la mejor forma de responder a esta crucial pregunta es acompañando a Cuba como María y las mujeres, como el Cireneo y la Verónica, por el camino de la Cruz. Y preguntarnos todos: qué “paso” daremos en esta Pascua para que Cuba, crucificada y resucitada, pueda dar el paso de su liberación pascual definitiva.

¿Estaremos dispuestos a celebrar así esta Semana Santa? Cuba, como Jesús ante Pilato, espera por la decisión de su propio pueblo.

 

(Dagoberto Valdés Hernández es director del Centro de Formación Cívica y Religiosa y de la revista Vitral de la diócesis de Pinar del Río, Cuba.)