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Dichosos los que trabajan por la paz

Mons.
Agustín Román
El trágico asesinato de Monseñor Isaías Duarte Cancino, arzobispo
de Cali, nos hace unirnos al dolor del pueblo colombiano y elevar
nuestra oración por la paz en ese país hermano.
Las palabras del Santo Padre Juan Pablo II a la Conferencia
Episcopal nos lo presenta como el pastor generoso y valiente,
decididamente entregado al servicio de Dios, de la Iglesia y de
los hermanos. Preocupado siempre por favorecer la paz y la
justicia de su pueblo. Durante largos años ha sido probado por los
conflictos de la guerrilla que fue fuente de tantas muertes,
secuestros de personas y todo tipo de sufrimientos.
Sus hermanos obispos de la Conferencia Episcopal dicen en su
mensaje que ven en su muerte la realización de las palabras de
Jesús en su Evangelio: “El buen pastor entrega su vida por sus
ovejas” (Juan 10,11). Sin hacer análisis de los móviles que hayan
tenido quienes cometieron este crimen sí hay que reconocer que la
claridad, la sinceridad y la valentía de Monseñor Duarte debieron
resultar incómodas para muchos, amó a la Iglesia y guardó
fidelidad al Evangelio del Señor hasta el final”.
Al leer los comentarios de aquellos que lo conocieron de cerca en
estos días, me hacen recordar el retrato del obispo que nos diera
el Santo Padre en su discurso inaugural en Puebla al visitar la
III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano: “Los
obispos deben ser maestros de la verdad sobre Jesucristo, sobre la
misión de la Iglesia y sobre el hombre. Signos y constructores de
la unidad. Defensores y promotores de la dignidad humana”. Esta
linda definición la vivió el Arzobispo de Cali.

Mons. Isaías Duarte Cancino, arzobispo de Cali. (Foto Archivo)
Al llegar a su arquidiócesis, apoyó la educación y la religión.
Creó 45 nuevas parroquias en sectores populares y nueve colegios
para los pobres, así como los programas Samaritanos de la Calle y
el Banco de Alimentos. También, la Comisión de Vida, Justicia y
Paz que adelanta estudios sobre las víctimas de la violencia.
Por su trabajo en pro de la paz y su meta de desterrar la
violencia de Colombia, también fue un abanderado de los derechos
humanos. El apóstol de la paz anunció la verdad siempre y denunció
la injusticia sin miedo. “No es cometiendo injusticias como se
lucha por la justicia, ni agrediendo a seres inocentes como se
llega a la paz”, dijo.
Según la agencia misionera vaticana, la violencia en Colombia ha
causado ya 35,000 muertos en los últimos diez años y ha empujado a
más de dos millones de colombianos a huir del país. La guerrilla y
la violencia de los paramilitares y la droga han sido un obstáculo
para el desarrollo del país, que sufre a causa del desempleo y
causa la pobreza.
La voz del Arzobispo era un llamado constante al cambio, a la
conversión y por eso decía valientemente: “Invito a los
guerrilleros a que pidan perdón por el mal que han hecho. Invito a
los empresarios a que pidan perdón porque no han tenido sentido
social y no han defendido el bien común de los desempleados.
Invito a los sindicatos a que pidan perdón, porque no se preocupan
por los miles de trabajadores del país”. Tenemos que pedir perdón
todos por la falta de amor y por la exportación del odio.
Yo también quiero pedir perdón por los que no piden perdón. Como
cubano, quiero reconocer que lamentablemente ha sido de nuestra
sufrida Cuba de donde han emanado muchos de los males que aquejan
a los países de América. De allí ha salido el odio que ha motivado
muchas de la batallas fratricidas que han ensangrentado a otros
pueblos latinoamericanos. De allí han salido la subversión y el
terrorismo con el entrenamiento de guerrilleros, así como las
armas que han sido instrumentos de muerte desde el Río Bravo hasta
la Patagonia.
También el daño llegó a la Patria de Monseñor Duarte. Claro está
que el pueblo cubano no es de culpar por ello, pues ese pueblo ha
sido la primera víctima de ese totalitarismo marxista que ha
promovido la violencia y el terror. Pero ya que esos cubanos
alejados de la fe y de los valores que conforman la esencia de
nuestra común tradición cristiana no han querido hasta ahora
reconocer el mal que han hecho, yo quiero como cubano pedir perdón
a todos y de manera especial a los colombianos que han sufrido el
destrozo de la violencia marxista salida de Cuba.
El arzobispo Duarte, al igual que Monseñor Oscar Romero de El
Salvador, el cardenal Juan Jesús Posada Ocampo, en México, y
Monseñor Juan Gerardi, en Guatemala reafirman que el hombre y su
dignidad es el camino de la Iglesia.
Oremos por la conversión de todos los terroristas y porque llegue
a reinar la paz en Colombia y en el mundo fundada sobre la Verdad,
la Justicia, el Amor y la Libertad.
(Mons. Agustín Román es obispo auxiliar de la Arquidiócesis de
Miami.)
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