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La formación de los laicos

Sammy Díaz
Hasta finales del siglo XIX en la tradición católica se
consideraba que el ministerio de la Iglesia sólo lo realizaban los
sacerdotes. La labor ministerial y sacerdotal eran la misma cosa.
El término “ministro laico” empezó a usarse a principios del siglo
XX, pero es en los años 40 y 50, con la Acción Católica en Europa
y América Latina y otras organizaciones, como el Holy Name Society
en Estados Unidos, que el concepto empieza a evolucionar y toma un
nuevo camino después del Concilio Vaticano II.
Todos somos llamados al ministerio por virtud del Bautismo. Pero
no existe un acuerdo o definición aceptada sobre el ministerio
laico. Fundamentalmente es un servicio que se presta a alguien a
nivel individual o como parte de la comunidad, y laico es un
cristiano no clérigo. Toda la acción de la Iglesia es ministerial,
pero no todas las actividades de sus miembros son ministerios.
No podemos seguir improvisando. Si alguien va a asumir la
responsabilidad de realizar un ministerio tiene que estar
preparado para esa labor. Yo no voy a mi médico porque sea un buen
cristiano, que lo es, sino porque es buen médico.
Cualquier empleador revisa en la solicitud de los aspirantes a una
posición su educación y su experiencia, o sea, analiza sus
calificaciones. El empleador espera que el solicitante sea
honesto, responsable, decente, o sea, sus cualidades.
Para asumir una posición ministerial la persona debe tener
cualidades y calificaciones. ¿Por qué entonces para una
responsabilidad ministerial hablamos sólo de cualidades y no de
calificaciones? No podemos seguir mirando sólo las cualidades e
ignorando las calificaciones.
Desgraciadamente, muchos cristianos no tienen una formación
eclesial del mismo nivel que la profesional.
Cada día tenemos menos sacerdotes; en nuestra Arquidiócesis hay
sacerdotes que, teniendo la edad para jubilarse o estando ya
jubilados, se han quedado ayudando en las parroquias.
En los próximos años no habrá mejoría; los seminaristas no son
suficientes y no vienen sacerdotes de otros países.
Nosotros, los laicos, tenemos que formarnos para poder asumir la
responsabilidad. Tenemos lugares donde poder estudiar y obtener
una Maestría en pastoral, en teología, etc. Las universidades de
St. Thomas y Barry, el SEPI y la Oficina de Catequesis ofrecen
cursos muy buenos.
El reto está ahí. ¿Qué voy a hacer por elevar mi nivel de
educación y de formación religiosas a la altura de mi educación
profesional?
(Sammy Díaz es director de la Pastoral Carcelaria de la
Arquidiócesis de Miami.)
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