Caridades Católicas honra a ‘Nuevos Americanos’
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Moise
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Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
MIAMI — Karina Villegas no se encontraba entre los “nuevos
americanos” homenajeados el 12 de abril por los Servicios Legales
de Caridades Católicas. Pero la joven venezolana, quien perdió una
pierna en un accidente y huyó de su país tras ser hostigada por
las autoridades, representa “la misión primordial” de la agencia
caritativa arquidiocesana, de acuerdo con su director ejecutivo,
Randolph McGrorty.

Randolph McGrorty, director ejecutivo de Servicios Legales de
Caridades Católicas, y Karina Villegas, a quien se le aprobó
recientemente su solicitud de asilo político.
(Fotos: Ana Rodríguez-Soto)
La solicitud de asilo político de Villegas fue aceptada dos días
antes gracias al trabajo legal hecho por los abogados de Servicios
Legales de Caridades Católicas.
“Me tomaron bajo su ala y me enseñaron a volar. No les importó la
falta de dinero”, expresó Villegas, quien llegó a Estados Unidos
en abril de 2001, incapacitada por la pérdida de su pierna y
abandonada por su familia. Ahora reside en un albergue de
Caridades Católicas, el centro familiar New Life, en Miami, y
estudia microbiología.
“El equipo de Caridades Católicas me abrió las puertas a un nuevo
mundo”, le dijo a más de 300 abogados, gente de negocios y
dignatarios cívicos reunidos en el hotel Sheraton Bal Harbour, en
Miami Beach. “Agradeceré eternamente al equipo de Servicios
Legales de Caridades Católicas y al gobierno de Estados Unidos por
creer en mí cuando yo misma no creía”.
Villegas compartió su historia al concluir la cena de premiación
de los “Nuevos Americanos”, donde se homenajeó a seis personas
prominentes del Sur de la Florida:
•El fundador del Diario Las Américas, Horacio Aguirre, nacido en
Nueva Orleans y de padres nicaragüenses.
•La primera dama de la Florida, Columba Bush, natural de México.
•El presidente de la junta directiva de la empresa embotelladora
Coca Cola en Puerto Rico y de la marca Eagle, Carlos de la Cruz.
•Jean-Claude García-Zamor, natural de Haití y profesor de
administración pública de Florida International University (FIU).
•Manuel Medina, fundador y principal ejecutivo de Terrmark
Worldwide, Inc., una compañía de desarrollo. Medina llegó de Cuba
en 1965.
•Rudolph Guy Moise, doctor y abogado, presidente de Comprehensive
Health Centers y cirujano de la Escuela de Medicina Aeroespacial
de la Fuerza Aérea, en Texas, quien ha sido una importante voz en
defensa de la comunidad haitiana.
“Ustedes son parte de lo que es nuestro país”, dijo a los
homenajeados el arzobispo John C. Favalora. “Esto se ha probado
desde que se fundó la nación hasta el día de hoy, y es lo que hace
grande a nuestro país”.
“Es un gran honor”, expresó Columba Bush, quien asistió a la cena
con su esposo, Jeb Bush, gobernador de la Florida.
Bush, una immigrante de primera generación quien también resulta
ser cuñada del presidente de EU, admitió en una corta entrevista
con La Voz Católica que “me siento mexicana, pero Estados
Unidos es mi hogar”. Su consejo a otros inmigrantes como ella:
“Hacer lo mejor que puedan con sus vidas. Eso es todo lo que
pueden hacer. Siempre tratar lo más que puedan”.
“No creo que me merezco este reconocimiento como otros”, dijo
García-Zamor, quien donó más de $300,000 a FIU para iniciar una
beca para estudiantes haitianoamericanos. Es el mayor donativo que
la universidad ha recibido por parte de un miembro de su facultad.
“Era hora de que nosotros, que somos oriundos de Haití, le
devolviéramos algo a este país”, indicó. “Somos lo que somos hoy
día por el hecho de que nacimos en una tierra diferente. Estoy
orgulloso de decir que soy de Haití”.
Manuel Medina, cuya labor filantrópica incluye el pago de la
construcción de la Misión de la Milagrosa en la parroquia Corpus
Christi, expresó sentimientos similares.
“Lo que he hecho es nada. Es gente como el padre José Luis
Menéndez (párroco de Corpus Christi) quienes dedican su vida todos
los días. Gente como él es la que me inspira”, aseguró.
En sus declaraciones, de la Cruz informó que la ayuda de EU a
Latinoamérica es de $5.4 mil millones, mientras que el dinero que
los inmigrantes indocumentados envían a sus países de origen
alcanza los $24.3 mil millones.
“Los americanos tienden a ver a la ayuda extranjera como un
problema económico, y a la inmigración como un problema humano.
“De hecho”, dijo de la Cruz, “son el mismo problema”.
“Los inmigrantes están aquí porque los países de donde proceden
necesitan sus remesas. Si cambiamos la manera de ver esas cosas,
sería una empresa más productiva para todos”.
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