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“Los escándalos prueban nuestra fe y manchan a los buenos sacerdotes”

Declaración del arzobispo John C. Favalora, que se escuchó en todas las parroquias el domingo 21 de abril

 

Al Clero, Religiosos y Laicos de la Arquidiócesis de Miami

 

Mis queridos amigos,

 

La experiencia pascual fue el momento decisivo de los seguidores de Jesús. El escándalo de la pasión y crucifixión de Jesús los dejó confundidos, dudosos, decepcionados, temerosos y desorientados. Cuando vieron al Cristo resucitado su fe se reafirmó. Todo lo que El les había prometido se hizo realidad; resucitó de entre los muertos, comió con ellos, los dejó que tocaran sus heridas y los envió a decir al mundo entero y a asegurarles a todos: “Estoy siempre con ustedes”. Para los discípulos, ver fue creer.

Como resultado de los escándalos por los que atraviesa la Iglesia, algunos de los seguidores de Jesús están hoy tan confundidos, dudosos, decepcionados, temerosos y desorientados como los discípulos en tiempos de Jesús. ¿Cómo pueden reafirmarse en la fe dado el enorme impacto del actual escándalo clerical? En los últimos dos meses, en dos ocasiones he tratado este tema en nuestros periódicos arquidiocesanos y en una carta que les dirigí a ustedes para que se leyera en todas las Misas del fin de semana del 9 de marzo. Una vez más quiero hablarles sobre este asunto.

Primeramente, lo que nos hace creyentes, pueblo de fe, está basado en la resurrección de Cristo. La resurrección nos enseña que no hay nada, ni siquiera la muerte, que pueda sacudir nuestra fe en que Dios está siempre con nosotros y cumple con las promesas que nos ha hecho. Después de los días más oscuros que ha habido en la historia de la Iglesia, siempre han llegado etapas maravillosas y fructíferas de reforma y renovación. El sufrimiento purificante produce una experiencia nueva y más amplia de vida en el Espíritu. La historia de la Iglesia está llena de relatos de resurrección que se suceden una y otra vez en las vidas de las personas y en la Iglesia como institución. Hoy eso nos reconforta.

En segundo lugar, el escándalo actual exige que los funcionarios de la Iglesia consideren de manera responsable la necesidad de tener normas uniformes relativas a toda forma de abuso sexual que involucre al personal de la Iglesia, incluyendo a los sacerdotes. Quiero aprovechar esta oportunidad para decir una vez más que el abuso sexual es siempre malo y pecaminoso, especialmente cuando la víctima es un niño inocente o una persona mayor o deshabilitada. Este pecado se ha convertido en un azote para toda la sociedad y muy lamentablemente ha tocado a la Iglesia y a sus representantes. La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos comenzó a tratar estos asuntos a comienzos de los años 80, y en 1986 los obispos de la Florida adoptaron normas que se han actualizado. Si alguno tuviera una queja de esta naturaleza contra cualquier persona empleada por la Arquidiócesis de Miami, inclusive un sacerdote, le pido que llame a la línea de emergencia estatal al 1-800-342-9152. Además, invito a esa persona a llamar a nuestras oficinas al 305-762-1222.

En tercer lugar, algunos de los casos más notorios citados en estos escándalos indican que hay necesidad de una aplicación más estricta y responsable de las normas ya vigentes. A este respecto, quiero asegurarles que la Arquidiócesis de Miami continuará aplicando las normas en todos sus aspectos como fueron publicadas en la edición del 31 de marzo de La Voz Católica, y que continuaremos cumpliendo con las leyes del estado de la Florida.

En cuarto lugar, debido al fallo moral de un reducido número de clérigos, la gran mayoría de nuestros sacerdotes se han visto afectados por esos escándalos. Quiero asegurarles que según mi entender no hay ningún sacerdote que esté activo en el ministerio sacerdotal en la Arquidiócesis de Miami que tenga una acusación en su contra digna de credibilidad. También quiero asegurarles que los sacerdotes al servicio de ustedes son ministros entregados al Señor, a la Iglesia, al llamado al celibato y al servicio de los fieles. Nuestros sacerdotes tienen la responsabilidad seria de nunca causar escándalo entre los miembros del pueblo de Dios. A la vez tienen derecho a la buena reputación y al agradecimiento por entregar sus vidas siguiendo las huellas de Cristo Sacerdote.

Por último, de nuevo lamento el profundo dolor y el sufrimiento que algunos sacerdotes irresponsables han causado a las víctimas del abuso sexual. A todos aquellos que han sido ofendidos por un sacerdote y a sus familias y seres queridos, les expreso el sincero dolor de la Iglesia y mi firme resolución de hacer todo lo posible para evitar que tales ofensas ocurran en la Arquidiócesis de Miami. Oremos por una sanación duradera de estos actos repudiables.

En la Misa Crismal de Semana Santa, cuando los sacerdotes renuevan anualmente sus votos sacerdotales, les aseguré que la mejor manera que tenemos, tanto ellos como yo, de reparar el daño que estos escándalos causan al sacerdocio, a los fieles y a la Iglesia, era la de vivir una vida digna y santa. Ello reafirmará y fortalecerá la fe en el Señor en todos nosotros.

En este momento, llamo a todos en la Iglesia para que busquemos en el Señor Resucitado la fortaleza de la fe y la esperanza.

 El Viernes Santo fue la prueba más dolorosa de la Virgen María. Aunque no lo encontramos en las Sagradas Escrituras, la tradición de la Iglesia nos dice que probablemente Jesús se le apareció primero a ella para fortalecerla en la fe, para que la Virgen, a su vez, fortaleciera a los demás.

Santa María, Madre de la Iglesia, ayúdanos en estos días tenebrosos a ver más allá del tiempo nublado un luminoso tiempo de renovación y nueva vida para los sacerdotes y fieles que siguen a tu amado Hijo, Jesús. Santa María, ruega por nosotros.