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Madre Iglesia

 
Teresa Jantus

Hace años escuché en una homilía a un sacerdote muy joven recién ordenado, que dijo: “Desde sus comienzos, la Iglesia cometió muchos errores, pero yo la amo con todo mi corazón, porque es mi Iglesia, la Iglesia de Cristo que nos dejó como madre. ¿Acaso hay alguien que no ame a su madre aunque tenga defectos y cometa errores?”

Hoy nadie puede estar ajeno al problema por el que atraviesa la Iglesia Católica a raíz de la conducta impropia de algunos de sus sacerdotes, problema que también incumbe a otras denominaciones. Las opiniones, desde luego, son controversiales: hay quien pide compasión y perdón: hay quien pide juicio y castigo; hay quien considera culpable a la Iglesia por no haber manejado estos asuntos con mano dura, y hay quien cree que es un punto grande en su contra, que le hará perder valor a los ojos del mundo. Pero también, y gracias a Dios, están los que entienden que la Iglesia es una institución creada por Cristo, pero dirigida por hombres que no están exentos de equivocarse.

Como Madre y Maestra, el deber de la Iglesia es enseñar, dirigir y ayudar a sus hijos; pero sé que cualquier madre, cuando tiene un hijo con problemas, hace lo imposible por ayudarlo a salir de su mal, pero le cuesta mucho ponerlo en evidencia, le duele que otros lo sepan; es humano.

Si queremos seguir el ejemplo de Cristo, no debemos olvidar cómo perdonó El a Zaqueo, a la mujer adúltera, al hijo pródigo,  y  en el más alto grado de compasión, a quienes lo crucificaron.

Sí, tengamos compasión por las víctimas de estos hechos, que tal vez no fueron capaces de denunciarlo en su momento por temor o por vergüenza y quedaron marcados con un trauma sicológico para toda su vida. Pero también por los que causaron ese daño, que cargarán con su culpa el resto de sus días. Y tengamos compasión por la Iglesia, que se encuentra en la difícil tarea de corregir esos errores, quizás equivocando el camino correcto para hacerlo.

Dios siempre nos da lecciones, a veces muy dolorosas; pidámosle que, en su infinita misericordia y sabiduría, estos hechos tan tristes sirvan para fortalecer a su Iglesia, para que todos sus hijos aprendamos a actuar correctamente, de acuerdo a su voluntad. Para que cuando nos equivoquemos, tengamos el valor de dar la cara y arrepentirnos para obtener su perdón.

 Teresa Jantus es laica de la parroquia St. Patrick.


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