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Los seminaristas: mejor proceso de selección y candidatos más maduros, dice el director de Vocaciones


“La gente busca distintas maneras de ocultar y reprimir sus conflictos sexuales, ya sea en un convento, en un seminario o en un hermoso hogar con una cerca y una minivan”, dice el director de Vocaciones de la Arquidiócesis de Miami, padre Pedro Corces. En la foto, señala un cartel que exhibe los retratos de los seminaristas que se encuentran en formación. (Foto: Ana Rodríguez-Soto / TFC)

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

 

MIAMI — El padre Pedro Corces nunca se había sentido cohibido por ser sacerdote. Pero a medida que conducía el auto rumbo a la escuela superior Arzobispo Edward McCarthy, en Fort Lauderdale, se empezó a sentir así. Recordó los recientes titulares de prensa y el hecho de que iba a celebrar Misa con unos 1,200 adolescentes.

“Rezaba, yo no quería parecer torpe o abochornado delante de ellos”, recuerda el padre Corces. “Esto me tomó de sorpresa, porque siempre me había sentido muy cómodo con mi sacerdocio. Sé quién soy y soy feliz. Pero esta vez algo había cambiado. Me dio tristeza”.

Tres monaguillos lo esperaban en la sacristía. Mientras se preparaba para la Misa, uno de ellos lo miraba fijamente.

“Y me preguntó: ‘¿Usted estuvo en la parroquia Corpus Christi hace muchos años?’ Le respondí que sí. Me dijo, ‘Yo lo recuerdo. Usted casó a mis padres, confirmó a mi padre y le dio la Primera Comunión. Yo tenía nueve años’. Entonces se me acercó y me abrazó”, dijo. “Dios respondió mi oración”.

El padre Corces tiene 44 años, ha sido sacerdote 14 y director de Vocaciones de la Arquidiócesis de Miami desde hace seis. El admite que no ha sido fácil ser sacerdote desde que las noticias se han centrado en los escándalos y abusos sexuales cometidos por sacerdotes.

En una entrevista con The Florida Catholic  realizada antes de Semana Santa, el sacerdote expresó que la Iglesia estaba viviendo el Misterio Pascual de muerte y resurrección.

“Estamos muriendo; es doloroso”, dijo el padre Corces. “Pero estamos resucitando a algo mejor”.

En la entrevista habló extensamente sobre el celibato y explicó cómo la Arquidiócesis selecciona a los candidatos al sacerdocio mucho antes de entrar al seminario.

“El proceso  de selección no es infalible”, dijo, “pero en la actualidad es mucho más intenso en todas las diócesis de Estados Unidos”.

Como resultado, “me parece que veremos menos escándalos por abuso sexual en las próximas dos décadas”, indicó el director de Vocaciones. “Primero porque la Iglesia está despertando y haciendo algo. Segundo, por el proceso de selección que se está llevando a cabo”.

P. A la luz de todo lo que está sucediendo, ¿qué busca la Iglesia en los candidatos al sacerdocio? ¿Tiene criterios específicos?

R. El criterio principal es que la persona demuestre, según lo mejor de su capacidad, que ha vivido una vida célibe al menos durante los últimos dos o tres años. No lidiamos con quien haya tenido relaciones sexuales hasta hace tres o cuatro meses, o hasta hace un año. Le decimos a esa persona que necesita desarrollar su capacidad y su disposición para poder tener sólo relaciones no genitales ni excluyentes antes de comenzar la formación. Eso está por escrito.

P. Por tanto, ser fiel al celibato es gran parte del proceso.

R. Grandísima. El celibato es algo que crece en ti. Es como el gusto por el buen vino: lo desarrollas. Pero debes estar dispuesto a probar el vino. No puedes empezar la formación odiando el vino. Si no te gusta el vino, ¿cómo puedes vivir una vida en la que estás completamente comprometido con beber vino? Por eso, antes de entrar al seminario, debes haber estado probando vino durante los últimos dos o tres años. Eso no quiere decir que ya estás comprometido de por vida a tomar vino, porque la formación del seminario es precisamente eso: discernir si puedes comprometerte por completo con la vida célibe.

P. ¿Cómo sabe un seminarista que no está teniendo relaciones sexuales que el celibato no es para él?

R. El celibato no es sólo contacto genital. El celibato es también la capacidad y la disposición de relacionarse con muchas personas a quienes vas a querer y a servir, sin que ninguna de esas relaciones excluya las otras. Yendo incluso más lejos, el celibato tiene que ver esencialmente con la convicción de que tu amor por Cristo es tan fuerte y tu comunión con Dios y con Cristo es tan profunda, que puedas vivir el resto de tu vida diciendo: “con esto me basta”.

Eso no quiere decir que en algún momento de tu sacerdocio no haya días y noches en que digas: ‘Dios, quisiera tener a alguien conmigo. Me siento solo. Estoy deprimido. Esta rectoría está vacía. Soy el único aquí’. En esos momentos puedes cuestionar tu decisión. Pero esos son sólo momentos. Entonces vuelves a tomar conciencia de tu compromiso.

Esta es una opción libre. La Iglesia no te está obligando a hacerlo. Te metes en esta barca porque quieres. Y quieres hacerlo porque sientes tu amor por Cristo tan fuerte, que puedes mantener tu compromiso con el celibato.

Así que el hombre que está en el seminario puede llegar el momento en que se diga: “No estoy teniendo relaciones sexuales con nadie, pero no creo que pueda vivir sólo por el amor a Cristo. Creo que puedo encontrar el amor a Cristo en una relación personal y monógama”.

P. ¿Considera que, debido al celibato, el sacerdocio atrae a personas con conflictos sexuales, personas que quieren evitar tener que tratar con su sexualidad?

R. El celibato puede ser un lugar para ocultarse. El matrimonio puede ser otro lugar para ocultarse. He escuchado confesiones de hombres y mujeres casados que están teniendo relaciones extramaritales con otros hombres y mujeres. Están en relaciones sexuales y en relaciones homosexuales. Entran al matrimonio sabiendo que tienen un gran conflicto, en ocasiones conflictos con el compromiso que han hecho con una persona. Conflictos de adicciones sexuales. Escogieron casarse pensando o esperando que teniendo una esposa o un esposo e hijos se les resolvería el problema.

¿Podemos decirte lo mismo sobre el celibato? Sí. ¿Podemos decir que todos los que se casan tienen conflictos sexuales? No. ¿Podemos decir que todos los que aceptan el celibato tienen un conflicto sexual? No. La gente busca distintas maneras de ocultar y reprimir sus conflictos sexuales, ya sea en un convento, en un seminario o en un hermoso hogar con una cerca y una minivan.

El asunto en cuanto a la Iglesia es tu disposición y tu capacidad para amar a Dios de tal manera que estés dispuesto a decirle “no” a una relación genital y exclusiva. Me molesta oír a sacerdotes y a monjas decir que los sacerdotes no deben casarse porque tenemos que servir a todos y tenemos que estar disponibles las 24 horas del día. Si esa fuera la única razón por la que se acepta el celibato, les tengo noticias: después de servir a la gente 24 horas al día por espacio de un año, te quemas.

Lo que mantiene tu celibato no es tu disposición de servir al pueblo de Dios. Es tu amor por Dios. Debes estar enamorado de Dios. Debes estar apasionadamente enamorado de la persona de Jesús. Jesús es tu amor. Jesús es tu esposo. Ese es un lenguaje que hasta los hombres místicos han utilizado. Cristo es mi esposo. Es mi alma la que se casa con Dios.

Me parece que el problema en la vida diocesana es que hemos perdido mucho de eso y hemos mantenido sólo la mitad de la historia, que dice que debo ser soltero para ser de todos. Pero no puedes ser de todos todo el tiempo. Después de un tiempo trabajando 18 horas al día, escuchando problemas cada día y marchándote solo a la casa, no es fácil. Así que si no estás conectado a Cristo de una manera muy espiritual, eso no funciona.

Creo que muchos sacerdotes, religiosos, frailes y monjas a la larga tienen problemas con el celibato porque, tristemente y por muchas razones, han empobrecido su vida espiritual. Entonces el celibato es lo primero que se afecta. Así que la vida de oración, la comunión, la contemplación, alimentar tu alma constantemente con amor por Cristo y de Cristo es lo que apoyará el celibato.

P. Está estableciendo un criterio alto para los seminaristas. ¿Cómo lo prueban en los candidatos al sacerdocio?

R. Número uno, deben tener un director espiritual. También deben estar relacionados conmigo como director de Vocaciones. Además deben tener experiencia en la parroquia, que la gente los conozca, que el párroco los conozca. No aceptamos a uno que llegue de la calle o del banco de la iglesia un domingo. Debe ser alguien que se siente en el banco, pero que también está activo en la Iglesia de manera que la gente conozca su historia, que le conozca a él.

Entonces escucho su historia. Si la considero válida, lo pongo en contacto con el rector del seminario, que escucha su historia. El candidato llena una solicitud y escribe una biografía. Buscamos recomendaciones de otras personas y entonces lo sometemos a una variedad de exámenes sicológicos.

P. ¿Antes de entrar al seminario?

R. Todo es antes de entrar al seminario. Obtenemos la mayor información posible. El individuo va a un retiro vocacional. Va a una reunión mensual que tenemos con posibles candidatos. Entonces recogemos todo eso y lo enviamos a tres entrevistas con miembros de la junta arquidiocesana de admisiones. Son tres entrevistas individuales, no tres a la misma vez, cada una tocando un aspecto diferente. Cuando la junta de admisiones se reúne, los tres entrevistadores llevan a los demás miembros los resultados de sus entrevistas, a las que añado mis impresiones y mi propia información. La junta nos hace preguntas. El sicólogo también está en la junta pero no vota; sólo informa.

P. Entonces todos deben pasar una entrevista sicológica.

R. Todos deben pasar por eso. Tenemos una carpeta de este tamaño (extiende sus manos). ¿Podemos cometer un error? Por supuesto que sí. Somos humanos. ¿Puede mentir un candidato a través de todo el proceso? Sí, ya ha sucedido. Los exámenes sicológicos no son palabra de Dios. Son falibles.

Si el candidato ha realizado un buen trabajo engañando a los demás, hasta en el examen sicológico, ¿cuándo sale a relucir la verdad? En el seminario; no falla. ¿Por qué? Porque ya está en comunidad, viviendo con 65 individuos día y noche. La costura se le ve tarde o temprano. Y en cuestión de uno o dos años, a veces en menos de un año, está fuera porque todos sus problemas salen a relucir. En mi opinión, vamos a tener menos y menos problemas por el proceso de admisión, aunque necesitamos vocaciones y estamos en una crisis vocacional; el proceso exige más honestidad del candidato y el mismo proceso es más exigente.

Te podría decir que hace 40 años la formación era muy distinta. El proceso de admisión era muy diferente. Te admitían al seminario cuando tenías 13, 14, 15 años de edad. Todavía estabas en desarrollo. Entonces ahí dejabas de desarrollarte. Cualquier sicólogo puede decirte que una persona que tiene una obsesión sexual con un menor es porque ese adulto, hombre o mujer, no se desarrolló sexualmente. Me parece que eso sucederá cada vez menos. Primero, porque la Iglesia ha despertado y está haciendo algo. Segundo, por el proceso de selección.

P. ¿No está interesado en la cantidad de seminaristas sino en la calidad?

R. No me interesan los números. Entiendo la urgencia, pero no puedo caer en la trampa. Aún así, Miami ha sido bendecida. Ordenamos seis diáconos transicionales en abril y siete nuevos sacerdotes en mayo. El número típico es tres o cuatro. Pero en Miami no hemos tenido un año sin ordenar un sacerdote. En la actualidad en Estados Unidos, eso es un milagro.

P. ¿Cómo le han afectado las noticias recientes como sacerdote y director de Vocaciones?

R. Hago lo mejor posible por ser buen sacerdote. Cometo errores. Pero trato de hacer lo mejor que puedo. Trato de estar disponible para la mayoría de la gente, aunque no puedo estarlo para todos. Muchas veces tengo que decir “no” y me siento culpable.

Este escándalo me afecta, porque me siento tentado a mandar todo al infierno y a quedarme en la Iglesia, pero siendo mediocre. Es muy difícil decir con quién estoy molesto. Estoy molesto con la institución por no haber hecho algo, con los sacerdotes por haber hecho lo que hicieron, con los medios de comunicación por explotar tanto este asunto. Por eso te puedes desalentar.

¿Dónde está mi fidelidad? ¿A quién le soy fiel? No es ni siquiera al pueblo de Dios. Es a Cristo. Y porque es a Cristo, entonces, como consecuencia, soy fiel al pueblo de Dios y fiel a mi Iglesia.

La edad promedio de los seminaristas de hoy es más de 30 años

En la actualidad, la Arquidiócesis de Miami cuenta con 62 seminaristas en formación, 29 de ellos en el Seminario St. John Vianney, en esta ciudad, 31 en el Seminario Regional St. Vincent de Paul, en Boynton Beach, y dos que estudian en Roma.

De acuerdo con el padre Pedro Corces, director de Vocaciones de la Arquidiócesis, no se aceptan candidatos hasta que se hayan graduado de escuela superior. Aún así, a algunos se les notifica que deben esperar uno o dos años más.

La mayoría de los seminaristas están en los treinta, indicó el sacerdote.

La junta de admisiones está integrada por 15 personas: un laico, una laica, dos religiosas y 11 sacerdotes, incluyendo el padre Corces y Mons. John Noonan, rector del Seminario St. John Vianney. “Incluso cuando aceptamos a alguien acabado de salir de la escuela superior, va a pasar nueve años en formación”, dijo el padre Corces. “Eso da suficiente tiempo para sacar a los candidatos que no estén capacitados. Sin embargo, ningún sistema es perfecto. Podemos cometer un error hasta el final de los nueve años. Pero me parece que al menos ahora estamos del lado seguro con esos nueve años”.