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Cuba en el
Centenario:
un compromiso por su futuro

Dagoberto Valdés
Cuba es una República relativamente joven. Cien años de vida, en
la historia de los pueblos, es un tiempo breve. Los cubanos, todos,
los de dentro de la Isla y los de la diáspora, tenemos ante
nosotros una conmemoración y un reto: el Centenario de la
República de Cuba y el reto de hacer de ella una nación libre,
próspera y feliz.
Las conmemoraciones de hechos pasados y de personas desaparecidas
suelen quedarse en una mirada al pasado, en un recuerdo agradecido,
cuando más, en una lección de la historia para enriquecer la
experiencia.
La celebración de un organismo vivo, como es el centenario de la
instauración de una nación como República, no puede quedarse en la
memoria del pasado, ni en la experiencia vivida como lección. La
fiesta del cumpleaños de la liberación de un pueblo debe mirar al
presente y al futuro para no quedarse en la nostalgia.
Es por ello que me gustaría invitar a los cubanos que sienten y
viven en sintonía con el sufrimiento y la esperanza de su Patria,
estén donde estén, a vivir esta celebración del Centenario de
nuestra República como un reto a nuestra creatividad y un desafío
a nuestro compromiso.
Creatividad: para descubrir nuevas formas de cooperación con Cuba
que sufre y espera. Compromiso: para entregar, en serio, algo de
lo mejor de nosotros mismos para que ese sufrimiento y esa espera
se terminen lo antes posible.
Cada uno de los cubanos estará a partir de este 20 de Mayo ante la
disyuntiva de quedarse encallado en la nostalgia de lo que Cuba
fue, o de poner proa hacia un futuro de libertad y progreso. La
gran tentación es creer que esto le toca a los grandes, a los
poderosos, en poder de decisión o en poder adquisitivo. Los
cubanos hemos sufrido esta tentación a lo largo de nuestra
historia: o no llegamos o nos pasamos. O lo cambiamos todo, de una
vez, o nos quedamos esperando a que otro lo cambie, a que otro
ponga el sacrificio y la decisión.
Los más grandes pueblos han labrado minuciosamente su destino,
paso a paso, con la casi imperceptible labor de cada ciudadano.
Son los pueblos de cultura laboriosa y perseverante. Logran mucho,
pero poco a poco. Cambian y progresan pero con los pequeños
aportes de cada uno. Cuba, los cubanos, tenemos una tradición de
laboriosidad, pero al mismo tiempo tenemos dos limitaciones
grandes: nos gusta lo tremendo y somos poco perseverantes.

A
partir de la visita del Papa se permitieron de nuevo las
procesiones en Cuba, como ésta de la Virgen de la Caridad,
celebrada por las calles de La Habana el 8 de septiembre de 2000.
(Foto Reuters)
Que este Centenario sea una invitación a creer en el poder de los
pequeños esfuerzos y a comprometernos en no dejar para mañana lo
que podamos hacer hoy. Cuba espera. Cuba es cada uno de los
cubanos que viven en cualquier rincón de la tierra. Cuba espera y
merece que cada uno de sus hijos se comprometa en el pequeño
esfuerzo que esté a su alcance. El reto de este Centenario podría
también ser el decidirnos a salir de nuestros egoísmos personales
que no nos permiten pensar y hacer por Cuba.
Salir del marco de nuestra familia. Ya tenemos bastante con ayudar
a la que está en la Isla y trabajar sin descanso en la diáspora,
pero más allá de nuestra familia sufren y esperan millones de
cubanos. No podemos resolver todos sus problemas, pero podemos
aportar algo más que lo que hacemos ahora. Trascender del plano
familiar y dar nuestro humilde y limitado, pero muy eficaz aporte
a proyectos de ayuda humanitaria, de medicinas, de promoción
humana, de formación para la libertad y la democracia, de
información y de encuentros entre cubanos. Superar el criterio de
que esto le corresponde sólo a los políticos o a los que están
comprometidos en algún grupo o asociación cívica.
El Centenario de la República de Cuba es celebrar la memoria de
todo lo que ha sido Cuba en estos cien años en lo político, en lo
económico, en lo social, en lo cultural, en lo religioso, en lo
familiar, en lo personal. Por tanto debería ser, también,
concertar una red de pequeños proyectos e iniciativas en cada uno
de esos mismos sectores desde lo social a lo personal, de lo
cultural a lo económico, de lo religioso a lo familiar.
Reducir los proyectos futuros de Cuba a los aspectos políticos o
económicos, al poder del gobierno o al poder del dinero, a las
influencias y las remesas, es mutilar el destino de la Nación.
Cuba no merece eso. Tampoco lo merecen los cubanos que han sufrido
y trabajado aquí y allá, durante un exilio y un peregrinar por el
desierto que dura ya más que el mismo éxodo del pueblo judío, que
ha sido siempre paradigma del mayor sufrimiento y desarraigo de la
historia. Cada cubano debe preguntarse qué puede hacer de cara al
futuro de su Patria.
Pidamos a Dios por intercesión de la Virgen de la Caridad, Reina
de Cuba:
Que cada cubano traspase el umbral del segundo Centenario de
nuestra República con la frente en alto, el corazón palpitante, la
mente abierta, los pies firmes, las manos generosas y el alma
creyente y serena.
Cuba se lo merece.
¡Feliz Centenario y mejor futuro!
Dagoberto Valdés Hernández es director del Centro de Formación
Cívica y Religiosa, y de la revista “Vitral”,
de la diócesis de Pinar del Río, Cuba.
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