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Que la
globalización beneficie a todos
Piden a la Cumbre los obispos de Europa e Iberoamérica

Izquierda, el obispos Enrique Porras Cardozo, de Venezuela, con
el cardenal Nicolás de Jesús López, arzobispo de Santo Domingo,
en el Congreso Social celebrado en El Escorial el 13 y 14 de
mayo. (Fotos: Araceli Cantero)
Araceli M. Cantero
La Voz Católica
EL ESCORIAL, Madrid — Días antes de concluir la Segunda Cumbre de
Iberoamérica y Europa en Madrid el 18 de mayo, los obispos de
estas regiones urgieron a los 48 Jefes de Estado de la Cumbre a
que sus deliberaciones dieran prioridad a la dimensión social del
desarrollo económico y a la lucha contra la pobreza y la
corrupción en sus países.
También les pidieron que protejan el medio ambiente y que
construyan estructuras de gobierno capaces de enfrentar el reto de
la globalización.
“Estamos preocupados por el fenómeno de la secularización y la
crisis de valores de nuestra sociedad… pero nos alienta la
búsqueda de espiritualidad, de sentido, de humanización y de
nuevas respuestas en los diversos campos para esta nueva época de
la humanidad”, dice la carta firmada por el obispo de Zipaquirá,
Colombia, Jorge Enrique Jiménez Carvajal, Presidente del CELAM (Consejo
Episcopal Latinoamericano), y por el obispo Joseph Homeyer de
Hildesheim, Alemania, Presidente de la COMECE (Consejo de las
Conferencias Episcopales de Europa).
La carta y un documento de 5 páginas, enviado a los Jefes de
Estado, es el resultado de un Congreso Social celebrado los días
13 y 14 en el Escorial, que por primera vez reunió a los obispos
de ambas zonas y a expertos internacionales para estrechar los
lazos entre ambos grupos y establecer una agenda de futura
cooperación ante un mundo globalizado.
El encuentro aprovechó la coyuntura de la Presidencia de España en
la Unión Europea y contó con la presencia del Presidente José
María Aznar en la sesión de apertura.
“La globalización no es una amenaza sino una oportunidad”, dijo el
presidente Aznar.
“Pretender impedirla es vano y retrasarla es un prejuicio grave
para los países”, añadió al señalar que es una fuente de
oportunidades, la mayor del siglo.
“No se conoce el caso de que ninguna sociedad humana haya mejorado
por el mecanismo de encerrarse en sí misma”, expresó.
Aznar abogó por el cese de los proteccionismos “sin conformarse
con demoler sólo el más visible de ellos, que es el proteccionismo
económico”.
Al mismo tiempo señaló que la comunicación real entre Europa e
Iberoamérica alcanza también los asuntos religiosos.
“Que vivamos en sociedades en que las creencias religiosas estén
en un marco de clara separación entre las confesiones y el Estado
no quiere decir que uno y otro funcionen mutuamente de espaldas”,
dijo.
Y añadió que “la democracia ofrece a las comunidades de creyentes
el mejor terreno para la libertad de conciencia y el ejercicio de
la fe”.
Participaron en el Congreso Social 120 personas de 36 países y 16
invitados entre los que se contaban el obispo William Murphy, de
Rockville Center, N.Y. y Thomas Quigley, Asesor para America
Latina en la Conferencia de Obispos de Estados Unidos.
En su carta, los obispos firmantes señalan que “en nuestras
deliberaciones hemos constatado que tanto en el Norte como en el
Sur estamos afectados por la creciente miseria, la violencia, el
terrorismo, el tráfico de drogas, la corrupción, la inestabilidad
política y la debilidad de algunas democracias”.
Estos y otros aspectos fueron constatados por los conferenciantes
del Congreso, que tuvo el lema “Juntos por el bien común
universal: Contribución de la Iglesia”. Además de escuchar a
antiguos Jefes de Estado y a expertos en temas de la globalización,
los participantes trabajaron en varios talleres que se centraron
en los temas que trataría la Cumbre de Madrid. En una sesión final
aprobaron el documento y la carta que se envió a los participantes
en la Cumbre.
En la carta los obispos señalan que, aunque Europa e Iberoamérica
contemplan el mundo globalizado desde perspectivas diferentes, lo
hacen con la meta común de más de cinco siglos de diálogo. Un
diálogo que quieren continuar con el propósito de afianzar el
proceso de humanización.
El documento se refiere a los temas de la Cumbre y propone, al
final, que los Jefes de Estado establezcan ‘comisiones de
esperanza’ que incluyan a las instituciones e individuos más
representantes de “los países y regiones que representamos…para
lograr una contribución profética y original que restablezca la
confianza en el futuro de la humanidad”.
Sin embargo, no fue muy esperanzador el panorama presentado por
los expertos acerca del progreso de la humanidad.
El ex presidente de Chile, Patricio Aylwin, ofreció datos sobre la
realidad política, económica y social en Iberoamérica y señaló que
en los dos últimos decenios, siguiendo las orientaciones
aperturistas prevalecientes y aplicando las recomendaciones de lo
que se ha llamado el “consenso de Washington”, el crecimiento de
los países iberomerianos de menos de un 3% anual en la década de
los años 90 había sido mucho más lento que el de un 5.5% entre
1950 y 1980.
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Patricio Aylwin, izquierda, ex presidente de Chile, y
Antonio Guterres, ex Primer Ministro de Portugal.
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Y aunque “con las vertiginosas innovaciones tecnológicas de los
últimos años, el mundo se ha achicado y nos acerca a la ‘aldea
global’, surge la paradoja de que la distancia entre los países
ricos y pobres, en vez de disminuir, se ha agrandado”, dijo.
Aylwin también ofreció datos para confirmar que “la pobreza ha ido
en aumento en América Latina”. Con cifras de la CEPAL (Comisión
Económica para América Latina), señaló que las diferencias entre
ricos y pobres van unidas a muy distintas posibilidades de
educación, formación profesional y aún capacitación para el empleo.
“Es como un círculo vicioso que dificulta enormemente las
posibilidades de los pobres para salir de la probreza”, dijo. Y,
por lo tanto, subrayó la importancia de la inversión en capital
humano y de “formar recursos humanos capaces de participar en los
nuevos modos de producir, trabajar y competir”.
Para Aylwin, “la pobreza, muchas veces extrema, la falta de
trabajo y la marginación social que aflige a más de 200 millones
de personas en los países de América Latina y el Caribe”, son
realidades que constituyen un escándalo, un freno al desarrollo y
una peligrosa amenaza a la paz social y a la estabilidad política
de las naciones.
Es también un desafío espiritual, como afirmó Mary Larrosa, de
Uruguay, y asesora para América Latina de la Institución Teresiana,
en su motivación previa a los grupos de trabajo.
En los albores de la modernidad, dijo Larrosa, “la razón política
y la razón ética se independizaron una de otra, pero hoy en día se
puede constatar que ignorar la dimensión ética puede ser la peor
de las políticas”.
Y no basta la dimensión ética, dijo, “porque no hay ética
sostenible, al menos para muchos y durante mucho tiempo, sin una
mística que la inspire”.
Larrosa señaló que lograr “contar con un cierto consenso sobre
valores compartidos por la población de un país, y capaz de
dialogar en respeto y apertura con otros universos valóricos, se
ha convertido en verdadera cuestión de estado para aquellos
gobernantes que busquen sinceramente construir la paz dentro y
fuera de fronteras en las actuales sociedades pluralistas”.
Aylwin reconoció que la globalización de los mercados ofrece a los
países en desarrollo una oportunidad de integración en la economía
mundial. Pero añadió que “cuando no existe una auténtica igualdad
de oportunidades a nivel internacional, las normas globales que
regulan el comercio mundial suelen generar mayores desigualdades”.
Esto es así, según el antiguo Primer Ministro de Portugal, Antonio
Guterres, “porque vivimos inmersos en un mercado global que no
está regulado suficientemente”.
Mientras a nivel local, dijo, “tenemos un Estado que regula, no
existe una sociedad civil a nivel global capaz de regular la
solidaridad”.
Y en su opinión “esto hace que el mercado sea cruel”.
Por su parte, el Arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, Mons. Oscar
Rodríguez Maradiaga subrayó que “el gran dictador es el mercado.
El ordena nuestro presente y ordena nuestro porvenir”.
Por ello, Mons. Rodríguez Maradiaga pidió creatividad para “la
pronta solución de los problemas e injusticia que aquejan a los
desvalidos” y recordó “que la fe o la creencia jamás sea usada
como excusa para tolerar la probreza y la exclusión”.
El Arzobispo de Honduras advirtió que “la globalización será
solidaria o no será.
"De no serlo degenerará en la erección de un imperio totalizador
que, impidiéndonos la participación, nos llevará a la obediencia”.
Refiriéndose al reto de la integración iberoamericana como
presupuesto para la integración en la economía global, deploró la
lentitud del proceso.
Y con palabras duras hizo notar que “quienes dirigen la economía
mundial exigen que nos abramos, pero se guardan el privilegio de
cerrarse cuando ven que la apertura latinoamericana puede dañar su
estabilidad”.
Sin embargo ni Guterres ni Aylwin ni Mons. Rodríguez condenaron
la globalización. Ellos y otros participantes en el Congreso
Social identificaron como el gran reto lograr los mecanismos para
que la globalización pueda beneficiar a toda la humanidad y no
sólo a algunos estados o a entidades nacionales o transnacionales
que acaban imponiendo sus intereses particulares sobre el bien
común de la humanidad.
“La globalización es un hecho irreversible y es también una
oportunidad importante, siempre que sea para todos y no para sólo
algunos”, dijo Guterres.
El ex Primer Ministro de Portugal distinguió entre lograr acuerdos
de libre comercio y lograr verdadera integración. Porque mientras
los primeros son sólo procesos económicos la integración implica
mucho más, dijo.
Señaló que es el modelo de ‘integración’ el que sigue la Unión
Europea, que inició el proceso en los años 50 haciendo acuerdos
aduaneros, lo siguió integrando sus mercados y unificando su
moneda y continúa con un esfuerzo político que implica una
‘constitución europea’ y la creación de instituciones
supranacionales.
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