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Siete buenos hombres’ pueden cambiar el mundo

Versión editada de la homilía del arzobispo John C. Favalora en la ordenación de siete nuevos sacerdotes de la Arquidiócesis de Miami el sábado, 11 de mayo de 2002.

 

 


Los siete seminaristas, momentos antes de su ordenación sacerdotal en la Catedral de Sta. María. Desde la izquierda: Miguel Sepúlveda, Alfredo Rolón, Mike Reeves, George Healy, Cristóbal de Paula, Octavio Colominas y Manuel Alvarez. (Marlene Quaroni / TFC)

 

Mis queridos hermanos en Cristo, Manuel, Mark, Octavio, Cristóbal, George, Alfredo y Miguel:

Hace 2000 años, el Señor seleccionó a 12 de entre todos sus discípulos. Fue a esos 12 a quienes encomendó su Iglesia. A pesar de que uno de esos 12 le traicionó, los otros 11, con la ayuda del Espíritu Santo, iniciaron lo que ahora conocemos como la Iglesia Católica.

Once hombres, y vean todo el bien que han hecho en el mundo a través de los siglos. Once hombres llenos del Espíritu Santo, enamorados de Cristo, que tomaron su misión en serio: propagar la Buena Nueva, las Buenas Noticias de Jesús, el Salvador del mundo, victorioso sobre el pecado y la muerte.

Cuando su trabajo se hizo abrumador y sus dimensiones espirituales se vieron en peligro por las obras corporales de misericordia, oraron y seleccionaron “siete buenos hombres”, dicen las Escrituras, para que actuaran como diáconos, para que se encargaran de las obras corporales de misericordia, mientras ellos se dedicaban a las obras espirituales.

Así, aquellos 11 y los siete se convirtieron en el equipo responsable por los cientos de millones de católicos y cristianos a través del mundo, que siguen al Señor Jesús. Ese es el poder de lo que 11 buenos hombres pueden hacer, el poder de lo que 11 buenos hombres hicieron por el mundo y por la sociedad.

Ahora quiero hablarles de otros cinco buenos hombres, los cinco sacerdotes de la Arquidiócesis que este año celebran 50 años de sacerdocio: Mons. Emilio Vallina, el padre José Paz, el padre Luis Pérez, el padre Emilio Martín y el padre José “Pepito” García.

Ellos son imitadores de Cristo. No hay duda en mi mente de que Cristo vive en sus corazones y que sus corazones palpitan en sintonía con el corazón de Cristo.

Sería muy difícil para cualquiera de nosotros estimar cuántas vidas esos sacerdotes, esos 250 años de sacerdocio, han tocado para el bien. Esos cinco hombres han amado a su pueblo y lo han amado con el amor de Cristo. Están llenos del Espíritu Santo de Dios. La Iglesia de Miami está en muy buenas manos gracias a ellos. Se los presento como modelos, porque, en unos minutos, ustedes se unirán a sus filas. Hoy la Iglesia escoge otros siete buenos hombres. Quiero que piensen sobre el poderoso bien que pueden traer a esta comunidad y a nuestro mundo, ustedes, siete hombres buenos.

Continuarán siendo buenos si permanecen siendo amigos de Cristo, como el Evangelio de hoy dice que El lo quiere. “Ya no les llamo siervos. Les llamo amigos”. La amistad con Cristo significa, por supuesto, una intimidad con el Señor, con su vida de oración.

Si permanecen en amistad con Cristo, continuarán siendo siete buenos hombres. Y realizarán una labor poderosa para la Iglesia y para el mundo.

Recientemente se le ha prestado mucha atención a unos pocos que han traicionado a Cristo y sus responsabilidades. Esta mañana les hago un llamado para que pongan en práctica para el bien de toda la Iglesia de Miami, todo el bien que les ha traído su formación en el seminario y su vida con el Señor.

Me parece que tenemos siete buenos hombres que, con el Espíritu Santo, realizarán en nuestro tiempo las mismas maravillas que hemos leído en los Hechos de los Apóstoles. Estamos preparados para un nuevo día, porque el Señor los ha escogido a ustedes, siete buenos hombres, como la adición más reciente a los apóstoles para trabajar en esta parte de la viña del Señor.

La Arquidiócesis de Miami está muy bien, porque tenemos siete buenos hombres más para la cosecha del Señor.

Que el Señor les bendiga y los proteja, siete buenos hombres.