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V O Z    D E L    A R Z O B I S P O

 

No podrán servir más en la Iglesia


Arzobispo John C. Favalora

Mis queridos amigos:

La votación fue 239 a 13. Los Estatutos vinculan a todos los obispos de Estados Unidos. Ningún miembro del clero que haya cometido tan siquiera un solo acto de abuso sexual contra un menor —en el pasado, el presente o en el futuro— podrá permanecer en el ministerio.

Aquellos que dicen que esto no es cero tolerancia están sencillamente equivocados.

Al aprobar los Estatutos para la Protección de Niños y Jóvenes, los obispos nos comprometimos a hacer lo que indicó el Papa en abril: asegurarnos de que “no exista lugar en el sacerdocio y la vida religiosa para aquellos que hagan daño a un menor”. Llegamos tan lejos como fue posible en términos del código canónico. Ni un obispo, ni la Conferencia entera de obispos tiene el poder para laicizar o degradar a un sacerdote. Sólo el Papa tiene ese poder.

Lo que hicimos fue asegurarnos de que nadie que esté sirviendo a la Iglesia como sacerdote y haya abusado de un niño tendrá el privilegio de servir como sacerdote y pueda volver a cometer tal abuso. A esto es a lo que los obispos de Estados Unidos se han comprometido individualmente y como grupo.

Los obispos no permitiremos que un sacerdote culpable de ese tipo de conducta sea llamado “padre”, celebre los sacramentos o lleve ropa clerical. Nunca más podrá abusar de la confianza que tiene su oficio público como sacerdote. Al prohibirle a un sacerdote ofensor ejercer el sacerdocio, logramos la meta de proteger tanto a la niñez como al sacerdocio.

La laicización, proceso por el cual un miembro del clero (sacerdote o diácono) es devuelto al estado laical, sigue siendo una posibilidad en estos casos. A solicitud del sacerdote o de su obispo, el Santo Padre puede otorgar la concesión de liberar al individuo de sus obligaciones clericales y dispensarle permanentemente  de sus funciones como sacerdote.

Antes de partir a Dallas, dije que no debían esperar la publicación de un documento final. Me imaginé que, al haber tantos obispos y tantas enmiendas a los Estatutos, no se votaría por un documento final hasta nuestro  próximo encuentro en noviembre. Me alegra informar que me equivoqué. Tenemos un documento final y es vinculante. Es más, se ha creado un Comité de Revisión para asegurar que todas las diócesis del país cumplan con las normas expuestas en los Estatutos.

El abrumador voto de los obispos para imponer estas regulaciones sobre sí mismos es un reconocimiento a la gravedad de la crisis que atravesasamos en los últimos meses.

Es un reconocimiento de que, como cuerpo, hemos errado en el pasado. Primero, al no creer en las víctimas tan a menudo como debimos. Segundo, al creer que los ofensores podían ser “curados” de su enfermedad. Tercero, al no informar de las denuncias a las autoridades civiles, que están mejor capacitadas para determinar la credibilidad.

Les aseguro que ningún obispo, en el pasado, el presente y el futuro,  colocará a un sacerdote en el ministerio si piensa que tal sacerdote podría abusar de un niño nuevamente.

El daño hecho a los niños y a los jóvenes es inmenso e irreparable. Si de ahora en adelante erramos en algún área, debe ser del lado de la cautela.

(Mons. John C. Favalora es el arzobispo de Miami.)

Ver también: Por qué la laicización forzada es controversial / Arzobispo John C. Favalora