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Para poner fin al abuso sexual
dentro de la Iglesia Católica de EU
(Declaración
del obispo de Belleville, Ill., y presidente de la Conferencia de
Obispos de Estados Unidos, Mons. Wilton D. Gregory, el 14 de junio,
al concluir la reunión de los obispos en Dallas)

Mons. Wilton D. Gregory, presidente de la Conferencia de Obispos
de EU.
Hoy la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ha dado
un gran paso en un viaje largo y doloroso para toda la Iglesia.
Con la aprobación de estos estatutos (léalos en la página 20), los
obispos hemos acordado comprometernos de manera obligatoria a
proteger a los menores de edad del abuso sexual por parte de
sacerdotes o diáconos; reconocer y ayudar a las víctimas y a sus
familiares; asegurar que todos los sacerdotes sean dignos de la
confianza de nuestro pueblo, y que los obispos sean responsables y
que haya transparencia y constancia en sus acciones.
Nuestras acciones de hoy no son una panacea. Los estatutos no son
perfectos y es necesario trabajar más. Como nos han dicho las
víctimas sobrevivientes: “Escuchar es fácil; hablar es barato; la
acción no tiene precio”. Ese es nuestro desafío. En última
instancia, así seremos juzgados.
Pero que no haya duda. Estos estatutos que nos hemos comprometido
a poner en vigor, son una base sólida sobre la que edificar.
Sientan los valores, la cultura y los mecanismos para poner fin al
azote del abuso sexual dentro de la Iglesia Católica de Estados
Unidos.
No tienen precedentes en nuestra historia. Son rigurosos en su
aplicación, amplios en su alcance y de cumplimiento obligatorio
una vez que los haya aprobado la Santa Sede.
Erradican los secretos y la inseguridad que han minado la
confianza de los laicos. Eliminan las barreras para la plena
revelación.
Y tienen garra. A partir de hoy estos estatutos comprometen a
todos los obispos en una política rigurosa para proteger a los
niños y acabar con el abuso sexual por parte de sacerdotes y
diáconos en todas las diócesis del país.
Los logros de estos estatutos son:
• Definir con precisión lo que constituye abuso sexual, de manera
que tal clase de acto no sólo se limita a acciones forzadas ni
incluso a contacto físico o genital. Ni se tiene que probar un
daño discernible al niño. En todo caso debe obedecer a los
requisitos de la ley civil del estado.
• Reconocer formalmente en los estatutos nuestros errores y
nuestro papel con todas las implicaciones que esto conlleva al
permitir que el abuso sexual haya ocurrido. Nos hacemos
responsables de esta triste situación.
Hace unos minutos anuncié los nombres de varios miembros del
comité nacional de revisión que amablemente han aceptado servir:
el gobernador Frank Keating (ROkla.), Bob Bennett, socio de
Skadden, Arps, Slate, Meager and Flom, LLP y Anne Burke, del
Tribunal de Apelaciones de Illinois.
El núcleo del comité preparará una lista de miembros más extensa y
me la presentará a mí como presidente.
Estos estatutos descorren el manto de secreto que ha minado su
confianza en nosotros. Queremos ganarnos de nuevo su confianza e
intentamos ganárnosla con nuestras acciones.
Por un voto mayoritario de 239 contra 13, los obispos han dado un
mensaje claro de que apoyan firmemente los estatutos y que están
comprometidos con su puesta en vigor en obra y en espíritu.
Me siento muy orgulloso de mis compañeros obispos por su duro
trabajo, su candor y su dedicación a los principios de la justicia
y la compasión.
Las discusiones, como han visto, fueron activas, profundas y
debatidas honorablemente.
Finalmente, mi corazón está con los niños, que son un verdadero
regalo de Dios y cuya inocencia y confianza juramos proteger.
Y nuestros más profundos sentimientos permanecen en nuestros
corazones para los que han sido tan trágicamente afectados por los
pecados, los crímenes y las omisiones de aquellos que deben actuar
en nombre de la Iglesia.
Su dolor no será olvidado y sus experiencias, que tan
elocuentemente han compartido con nosotros en esta conferencia,
nos servirán de guía mientras compartimos su viaje hacia la
justicia.

Cuatro víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes tuvieron
la oportunidad de relatar sus experiencias a los obispos de
Estados Unidos, quienes se reunieron en Dallas a mediados de
junio. En la foto, Craig Martin recibe un abrazo del obispo de
St. Cloud, MN, John F. Kinney, tras compartir su historia. (Foto
Reuters)
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