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Liturgia con sabor de Isla

El P. Juan Sosa en la Casa Laical.
Padre Juan J. Sosa
Especial/La Voz Católica
“Recuerden los tres juicios importantes que un músico pastoral
debe utilizar cuando quiere promover un repertorio litúrgico para
la asamblea en la que ejerce su ministerio: el juicio
musicalestético, el juicio litúrgico (¿qué dice el texto?; ¿le
habla a la comunidad o al individuo?), y el juicio pastoral (¿en
qué celebración se puede utilizar y de qué manera?)”. Las palabras
se transformaban en práctica cuando los músicos católicos de la
arquidiócesis de La Habana se reunían en la Casa Laical junto a la
Iglesia del Cristo, en la Habana Vieja, para crecer en su
formación y renovar su ministerio.
Provenientes de muchos pueblos y comunidades de la arquidiócesis
y de la provincia de La Habana, casi un centenar de servidores se
reunían con un deseo enorme de aprender más sobre la reforma
litúrgica de la Iglesia y de compartir sus experiencias pastorales.
Yo aprendí mucho más de lo que enseñé. Me impresionó el
entusiasmo de la juventud comprometida con sus comunidades, la
acogida y la hospitalidad de todos, el sabor cubano de las nuevas
composiciones musicales que se presentaron, y el hambre por servir
al pueblo de Dios en un ambiente que no conduce a vivir la fe.
Aprendí a apreciar más profundamente el compromiso de tantos que,
día tras día, durante esa primera semana de junio, se reunieron en
el salón desde las 9 de la mañana hasta las 4 de la tarde, a pesar
de las dificultades que a diario afrontaron para llegar al curso,
entre otras, la del transporte. Recordé que solamente con el
sacrificio de unos por otros se puede apreciar y dar gracias por
el regalo que Dios nos da por medio de la fe, sin la cual la vida
no encuentra ningún sentido.
“Yo pedí otro día en el trabajo”, me decía uno de los lectores
que también quiso asistir a las sesiones para músicos y para
ministros extraordinarios de la Eucaristía. “Yo no me quiero
perder nada”, me aseguraba una señora que ejercía este ministerio
con los enfermos de una conocida comunidad de La Habana. “¿Me
puedo seguir comunicando con Ud., aunque sea por el correo
electrónico?”, solicitaba un joven guitarrista de una parroquia de
la provincia. Aunque los chistes se repetían una y otra vez, ya
que los grupos eran diferentes según el diseño del programa,
muchos de los que asistieron los escuchaban una y otra vez con
deleite y con agrado.
Es la muestra de una Iglesia llena de fe, que sigue sonriendo con
Jesús Resucitado en una sociedad donde pocos sonríen por las
calles.
Y entre charla y descanso, preguntas y respuestas, intercambio de
direcciones y peticiones de que regresemos en un futuro muy
cercano, se oían dos de los cantos que se cantan en toda Cuba:
Virgen Mambisa y la Salve, para que nunca se nos olvide que “a los
pies de la Virgen” de la Caridad, dentro o fuera de la Isla, todos
vivimos como hermanos, unidos por una misma cultura y una misma
llamada a crecer en la fe de la Iglesia que tanto amamos.
(El Padre Juan J. Sosa es presidente del Instituto Nacional
Hispano de Liturgia de Estados Unidos, miembro consultor del
Comité para la Liturgia de los Hispanos de la Conferencia de
Obispos Católicos, y párroco de la comunidad de Santa Catalina de
Siena en Miami.)
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