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"La unidad es esencial",
les dice el Arzobispo a los ministros laicos

 
El arzobispo John C. Favalora entrega los certificados. Lo acompaña Monseñor Michael Souckar.
(Fotos: Ana Rodríguez-Soto / TFC)

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

MIAMI – En un momento en que los laicos en otras partes del país se unen para exigir una mayor voz en la toma de decisiones de la Iglesia, el arzobispo John C. Favalora les recordó a los ministros laicos de aquí que hay que poner la unidad por encima de cualquier otra cosa.

“Quienquiera que siembre la semilla de la desunión, no está haciendo el trabajo de Cristo”, les dijo el Arzobispo a casi 500 ministros laicos, sus amigos y miembros de sus familias, durante la ceremonia anual de comisionado realizada el 1ro de junio en la Catedral de Santa  María.

Este año, 63 personas recibieron el certificado de haber  completado el programa de dos años de la Escuela de Ministerios; otros 21 graduados hicieron su primer compromiso de cinco años para trabajar en varios ministerios en sus parroquias; y 43 fueron recomisionados por otros cinco años de servicio.

Desde que la Oficina  de Ministerios  Laicos fue fundada hace 25 años, más de 1,300 personas han participado en sus programas; 600 han  completado los cursos de dos años, y 500  han hecho el compromiso de servicio de cinco años, dijo la hermana franciscana Ann McDermott, directora de la oficina.

Eso es “prueba viviente”, dijo el Arzobispo, de que los laicos están activamente  involucrados  en la Iglesia del Sur de la Florida.

De hecho, dijo Monseñor Favalora, ninguna parroquia puede hoy sobrevivir y crecer sin la ayuda activa de los laicos comprometidos.

“Si son sabios, los sacerdotes se apoyarían en los laicos para que los ayuden en la toma de decisiones y en el ministerio”, dijo el Arzobispo. “A ustedes se les necesita,  y se les necesita tremendamente”.

Eso no quiere decir que sacerdotes y laicos, o laicos y obispos van a estar de acuerdo en todo”, dijo el  arzobispo Favalora.

“¿Todo es contentura y felicidad? No. Y tampoco lo fue en el tiempo de los apóstoles”, apuntó.

Dicen las Sagradas Escrituras que cuando los primeros cristianos tenían desacuerdos, oraban al respecto y hablaban de eso, pero permanecían  juntos esencialmente “por el único pan y la única copa que hay en este altar”.

“Tenemos que ser personas que unifican”, dijo el Arzobispo. “Cuando hay un movimiento para hacer lo contrario, eso no es del Espíritu Santo. La división la traen las personas. Tenemos que proteger esa unidad de verdad que profesamos”.

“Los llamo hoy”, concluyó, “en el espíritu de unidad, para asegurarnos de que en todo lo que hagan recuerden siempre que es por la única copa, el único cuerpo, la única fe que nos une a todos. El signo de la presencia de Cristo es siempre la unidad”.

Entre los presentes en la ceremonia estaba Mercedes Scopetta, fundadora y primera directora de la Oficina de Ministerios  Laicos.

“Ha llegado a ser mucho más de lo que el Arzobispo o yo pudimos imaginar”, dijo refiriéndose al arzobispo Emérito Edward McCarthy, reconocido nacionalmente como un líder en la promoción del rol de los laicos en la Iglesia.

“El programa de Ministerios Laicos está llegando a todos en estos momentos”, expresó Scopetta. “Esto es lo que soñamos”.

Carole  Robinson estaba entre  los que renovaron su compromiso de cinco años para trabajar entre 8 y 10 horas a la semana en un ministerio específico. Miembro de la parroquia St. Justin Martyr, en Key Largo, Robinson renovó su compromiso por  tercer año consecutivo.

Su ministerio: facilitadora de las clases de ministerios laicos para los de habla inglesa. Viaja a  Broward una vez a la semana para encontrarse con los estudiantes y ayudarlos a discernir el ministerio al que están llamados.

Las clases, todas impartidas  por voluntarios cualificados, abarcan mucho más que el programa de estudio bíblico promedio que ofrecen las parroquias. “Es  mucho más profundo”, dijo Robinson. “Enseñamos teología, liderazgo, cómo aprender a  escuchar, el sacramento del matrimonio, historia de la Iglesia Católica y otros”.

Una vez que completan el programa de dos años, se les dice que son “ministros en el mercado” porque allí es donde estarán viviendo lo que han aprendido.

“Es muy importante que los laicos estemos en nuestras parroquias para trabajar con nuestros parroquianos’, dijo Robinson. “Los sacerdotes no tienen el tiempo”.

En su alocución a los ministros laicos, la Hna. McDermott elogió la dedicación de los más de 50 voluntarios, tanto del clero como laicos, que viajan a los tres condados para los cursos  de formación.

“Sin los regalos que nos hacen de su tiempo, talento y tesoro no podríamos continuar este ministerio”, dijo la Hna. McDermott.

 


Monseñor Tomás Marín, canciller de la Arquidiócesis de Miami, junto a Bárbara Romani-Carroll, la primera ministra laica de la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, de la cual Monseñor Marín es administrador y futuro párrroco.

 

Fuerza de la Iglesia

 

Mons. Tomás Marín

 

El ministerio laico es la extensión de la Iglesia, es la presencia de la Iglesia en los centros de trabajo,  en las escuelas, en las comunidades, en la sociedad, es decir, dondequiera que estén los laicos, porque ellos representan su carisma de bautizados en todo lugar: son la fuerza de la Iglesia.

Eso lo compruebo siempre, pero sobre todo en las clases que doy en el programa de Ministerios Laicos, compruebo el ánimo que ellos demuestran y el compromiso que quieren tener con sus parroquias.

La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe tiene una bendición especial por la cantidad de líderes laicos que tiene.

Bárbara es la primera comisionada de la parroquia, pero ella representa a una gran cantidad de personas que en el futuro serán también ministros laicos.

 


La hermana Ann E. McDermott, osf, directora, y Adele González, subdirectora de la Oficina de Ministerios Laicos.

 

Signos de la presencia de Cristo entre las gentes

 

Adele González

 

La Oficina de Ministerios Laicos fue establecida en 1977 por el Arzobispo Edward McCarthy. Su visión, nacida del Concilio Vaticano II, vislumbraba un laicado formado y comprometido que sirviera en la Iglesia junto a la jerarquía, y que de este modo la hiciera “un signo perfecto de la presencia de Cristo entre las gentes” (Ad Gentes #21).

La llamada inicial fue hecha en toda la Arquidiócesis a los laicos que quisieran servir como ministros eclesiales laicos en sus parroquias o movimientos apostólicos y que, a su vez, fueran apoyados por sus párrocos. Después de terminar dos años de formación en la Escuela de Ministerios, los candidatos podían hacer un compromiso de servir por un período de cinco años, ofreciendo entre cinco y 10 horas semanales de servicio gratuito.

Esta visión inicial resultó en el envío por el Arzobispo en 1979, de 39 hombres y mujeres, hispanos y estadounidenses, que se comprome-tieron a servir como ministros ecle-siales laicos por cinco años. Yo tuve la dicha de estar en ese primer grupo.

A medida que los años pasaron y siguiendo nuestro deseo de evaluar el programa cada año, algunos cambios se hicieron necesarios. El primero fue la apertura a las diferencias culturales del Sur de la Florida. Aunque soy hispana, recibí varias críticas constructivas de personas que sentían que yo simplemente estaba “traduciendo” el programa del inglés al español.

Esto nos hizo reevaluar con gran sensibilidad lo que la Escuela de Ministerios ofrecía a los hispanos de la Arquidiócesis. En la década de los 80, el reto aumentó. Ya no teníamos que responder solamente a las necesidades de las diferentes culturas hispanas, sino también a nuestros hermanos haitianos que ya eran presencia viva en el área.

Cuando pensamos que ya estábamos en proceso de responder a los retos multiculturales, nos dimos cuenta de que nuestro programa era demasiado académico y no respondía a las necesidades de formación del pueblo. Tratando de nuevo de responder a los “signos de los tiempos”, decidimos dejar los estudios académicos en manos de las instituciones creadas para ellos, como la Universidad St. Thomas, Barry y SEPI.

Nuestro programa se convertiría en una Escuela de Ministerios que tendría como meta ofrecer una formación sólida a todos los laicos que desearan crecer espiritual y humanamente como discípulos de Cristo, que quisieran comprender mejor su identidad católica dentro del cristianismo, y que estuvieran dispuestos a aprender las técnicas necesarias para servir mejor al pueblo de Dios. En otras palabras, la Escuela de Ministerios Laicos trata de promover no solamente la información y la formación de los estudiantes, sino finalmente su transformación en “sal de la tierra y luz del mundo”.

Han pasado 25 años desde que la Oficina de Ministerios Laicos abrió sus puertas, y 23 desde que yo sirvo en ella. Por esta oportunidad que Dios me ha dado de conocer a tantos católicos comprometidos con Jesús, su Evangelio y su Iglesia, digo: ¡Gracias!; y contando siempre con Su ayuda, digo: ¡Sí! a los nuevos retos que el futuro me presente.

 

Un laicado digno de su nombre

 

Hna. Ann E. McDermott, osf

 

A través de mis 20 años de servicio en la Oficina de Ministerios Laicos, me he enfrentado todos los días al reto de ser más fiel a mi vocación religiosa por la gran generosidad de los laicos a quienes sirvo. He aprendido a rezar más, a confiar más en Dios, a caminar más en la fe y a compartir más mi dolor y mi gozo. Sobre todo he redescubierto el rostro de Dios en los rostros, las lenguas, canciones, sufrimientos y celebraciones multiculturales. ¡Es un regalo tan grande de Dios!

Al reflexionar sobre las  luchas que ha estado atravesando nuestra Iglesia en las últimas semanas, me doy cuenta de que hay incluso una mayor necesidad de “un  laicado digno de su nombre, que trabaje junto a la jerarquía.

"Porque el  Evangelio no puede imprimirse en lo profundo de la mentalidad, de la vida y del trabajo de ningún pueblo sin la presencia activa de los laicos” (Ad Gentes #21, Vaticano II).

La Escuela de Ministerios de la Arquidiócesis continúa su obra para que todos puedan prepararse a dar razón de nuestra esperanza ante un mundo complejo y lleno de graves problemas (Christifideles Laici  #60).

Somos el Cuerpo  de Cristo y caminamos juntos.

 

 
P. Julio R. Solano

 

De ministro laico a sacerdote

 

P. Julio R. Solano

 

Empecé aquí, en la Arquidiócesis de Miami, como ministro laico en 1984. Mi llamado al sacerdocio, sin embargo, había empezado antes, pero estaba acobardado. Recuerdo que en una paraliturgia, le pedí al Señor que me ayudara a encontrar mi camino y en 1993 me hice sacerdote.

Los laicos son las piedras vivas, sin ellos la Iglesia muere.

En mi trabajo como párroco de Our Lady Queen of Heaven y de San Vicente, en Margate, veo el fenómeno laical crecer, sobre todo los hispanos y esto es un regalo del Señor, ver su afán de ejercer su ministerio en la parroquia. Esa es la iglesia de Cristo.

 


Mercedes Scopetta

 

Discípulos del Evangelio

 

Mercedes Scopetta

 

Todo el afán, toda la pasión  del arzobispo Edward McCarthy estaba volcada en que los laicos sirvieran a la Iglesia junto a los sacerdotes.

El me pidió que lo ayudara a desarrollar la Oficina de Ministerios Laicos en 1977. Empezamos enseguida con un apoyo enorme, sobre todo de la comunidad carismática de Hollywood. El arzobispo los recibió como candidatos ¡y éramos 72!, como los discípulos del Evangelio.

 
Antonio Fernández y su esposa María del Carmen Fernández, coordinadores de grupo de la parroquia St. Brendan.

Entrenados para evangelizar

Antonio Fernández

“Para llevar a efecto la evangelización hace falta estar entrenado y eso es lo que ofrecen los programas de los  Ministerios Laicos, sobre todo al crear conciencia del compromiso eclesial que se tiene por el bautismo, al saber que tienes una corresponsabilidad con la Iglesia”, dice Antonio Fernández.

 


Mary Cantón

 Seguiré evangelizando

Mary Cantón

El ministro laico se da a sí mismo, porque evangelizar es darte a ti misma, llevar el mensaje de Jesús a todo el que puedas. Dios está donde tú llegues, lo único que hay que hacer es trabajar. Y hay tanta necesidad.

La palabra de Dios se hizo para que nos amemos; por eso el ministro laico debe escuchar a la gente y llevarles el mensaje, que es básicamente éste: Dios te ama. La obra evangelizadora consiste en dar a conocer ese amor, esa confianza que Dios nos debe inspirar. En eso consiste ser un ministro laico.

Mi vida entera ha estado ligada a esto. Y por estos años de tantos cursos de buena noticia, de talleres, de retiros, de tocar de puerta en puerta difundiendo la palabra de Dios, doy gracias.

Después de 25 años de felicidad, me retiro de la Oficina de Ministerios Laicos, pero continuaré evangelizando.