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Bienaventurados los que escuchan

Hna. Ondina Cortés, RMI
Dentro de algunas semanas varios grupos de la Arquidiócesis de
Miami viajaremos a Canadá para reunirnos con jóvenes de todo el
mundo entorno al Santo Padre. A pesar de su delicada salud, Juan
Pablo II ha mantenido hasta ahora esa cita con los jóvenes.
Con el tema Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra, el
Santo Padre hablará a los jóvenes, pero también escuchará sus
inquietudes, porque jóvenes de todos los países elaborarán un
mensaje durante el Foro de la Juventud, que tiene lugar
simultáneamente con la Jornada Mundial de la Juventud.
En la última Jornada –Roma 2000–, uno de nuestros jóvenes
representó a Estados Unidos en dicho Foro. No existe pastoral
juvenil donde la voz de ellos no es escuchada y tenida en cuenta.
Esto vale también para la familia, la parroquia y la Iglesia en
general.
Esto no quiere decir que sean siempre acertadas sus sugerencias ni
justificadas sus exigencias, pero merecen ser escuchadas y
respetadas. A veces encierran verdades que, como adultos y
personas de autoridad, no queremos oír. Sin embargo,
bienaventurados los que escuchan, porque han vencido la arrogancia
de absolutizar su verdad. Bienaventurados los que pueden admitir
que han cometido un error y no necesitan justificarse o echarle la
culpa a los demás en la familia, en la parroquia y en la Iglesia
en general.
Me ha llamado mucho la atención que en este complicado momento
eclesial que vivimos, las personas que han sido víctima de abusos
sexuales expresan igual ira hacia quienes cometieron esos crímenes,
que hacia quienes no escucharon sus denuncias y más bien
protegieron o defendieron a los autores de los abusos.
Mucho se habría evitado si alguien hubiera escuchado. Todo esto es
un llamado a la Iglesia a renovar su vocación como abanderada de
los derechos humanos, de las causas justas y la defensa de los
indefensos. Según el Evangelio de Jesús, la voz de los pequeños
vale tanto como la de los “grandes.” Más aún, es evidente no sólo
en Jesús, sino en toda la historia de salvación, es un himno al
Dios que “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los
humildes” (Lc. 1,52). Para él no cuentan los prestigios de la
posición social o religiosa, lo que cuenta es la fidelidad con que
vivimos.
Nuestros obispos reunidos en Dallas han hablado con toda claridad
y humildad, han sabido pedir perdón y marcar pautas para proteger
a los menores; pero sobre todo, han abierto el camino para una
Iglesia donde toda persona sienta que va a ser escuchada. Este
camino no sólo vale para los casos de abusos, sino para la forma
en que tomamos decisiones pastorales y cómo se utilizan los
recursos con los que el pueblo de Dios contribuye para la
construcción del Reino.
ondina@claretiansister.org
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