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Mons. Xavier Morrás: ‘sembré lo que había que sembrar’
Se retira el párroco de Little Flower después de 52 años de
servicio y misión

A punto de comenzar su retiro, Mons. Xavier Morrás, párroco de
Little Flower, en Coral Gables, afirmó que "aunque siempre queda
aquello de que pude haber hecho más", está muy satisfecho de la
vida que ha llevado. (Foto: Brenda Tirado Torres / LVC)
Brenda Tirado Torres
La Voz Católica
MIAMI – Monseñor Xavier Morrás se considera un "predestinado".
Está seguro de que nació para ser sacerdote y piensa que también
estaba escrito que sería párroco de Little Flower, en Coral
Gables.
Ahora que se retira, el sacerdote español que quiso venir a
América como misionero, dice que tras 52 años de ministerio, su
única preocupación es que no ha tenido problemas en la vida. Son
muchas las bendiciones que le agradece a Dios.
Su madre tenía la costumbre de ir con su esposo a la iglesia y
ofrecer a Dios el niño o la niña que iba a nacer. De cuatro hijos
y dos hijas que tuvo, cinco han dedicado su vida al Señor como
religiosos y uno vive su vocación de esposo y padre. Monseñor
Morrás nació en Pamplona, España, en 1925 y fue ordenado sacerdote
en 1950.
Después de su ordenación, lo enviaron de párroco por tres años a
un pequeño pueblo de la diócesis de Pamplona. Al enterarse de la
necesidad de sacerdotes en América, se ofreció como voluntario
para la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA) a
través de la cual recibió formación para ser misionero.
"Eramos unos 35 sacerdotes con ilusión, soñando dónde nos
mandarían: que si a las Amazonas, al altiplano de Bolivia, a los
indios... ¿a dónde iremos?", recuerda que se preguntaban. "A los
tres meses viene el presidente de la Conferencia Episcopal a
darnos los nombramientos, y dice: ‘Xavier Morrás: Palm Beach’",
dice entre carcajadas. "¡'Misionero' en Palm Beach!".
Resultó que en Palm Beach había muchos inmigrantes con necesidades
espirituales sin tener a quién acudir.
"Cuando llegué a este país, el obispo me dijo: 'Don Xavier, dicen
que aquí hay miles de obreros trabajando en los campos y no hablan
inglés. No sé cuántos hay ni dónde están, pero dicen que hay
miles'".
Monseñor Morrás encontró campos con gente a quienes llamaban "mexicanos"
aunque hubiesen llegado de Nuevo México y de Texas, además de
México. En otros campos trabajaban hombres puertorriqueños. Lo
recibían encantados porque era sacerdote y hablaba su mismo idioma.
Al recordar los momentos que marcaron más profundamente su vida
sacerdotal, Monseñor Morrás menciona cuando por primera vez se
celebró una Primera Comunión para los niños de los emigrantes.
"Los preparamos en un campo de Loxahatchee. Los emigrantes no
tenían casas, vivían muy mal en tiendas de lona sin agua corriente,
nada. El arzobispo Curley estaba contentísimo con la labor de
evangelización que se había hecho. Le avisamos que 30 ó 40 niños
harían su Primera Comunión, ¡y él decidió que la Misa sería
solemne y en la iglesia de St. Edward!".
Nunca se había hecho una Primera Comunión para los pobres en esa
iglesia "y el arzobispo también quiso que yo la celebrara para
que fuera en español. Incluso buscó un grupo de mujeres que
consiguieron los trajes y vestidos para todos los niños. Les
ofrecieron autobús para traer a los niños y a los padres a la
iglesia, se hizo la Primera Comunión y se les dio un desayuno. Fue
algo impresionante".
Su vida como sacerdote ha sido muy activa. Ha sido párroco en la
diócesis de Palm Beach, en las iglesias St. Margaret, en
Clewiston; St. Charles Borromeo, en Port Charlotte, y St. Juliana,
en West Palm Beach.
En la Arquidiócesis de Miami ha sido párroco en Sacred Heart, en
Homestead; St. Michael, en Miami; Immaculate Conception, en
Hialeah; y Little Flower, en Coral Gables.
Después de más de medio siglo de servicio sacerdotal, Monseñor
Morrás siente que los cambios que ha atravesado la Iglesia han
sido para mejorar. Dice estar muy impresionado con la
participación de tantos laicos que ofrecen su tiempo
desinteresadamente para beneficio de la parroquia y de otras
personas que necesitan formación.
"La cantidad de ministerios que hay ahora no existía antes. El
católico de hoy está más cerca de Dios, tiene una comunión más
íntima con el Señor", señaló al destacar que incluso a raíz de la
crisis que se ha desarrollado en los últimos meses debido a los
escándalos de abuso sexual por parte de sacerdotes, el pueblo ha
ido despertando a la realidad de que "Iglesia" no es solamente el
clero.
"Antes ellos no eran Iglesia; la Iglesia era el Papa, los obispos,
la jerarquía nada más. Ahora los laicos tienen conciencia de que
son Iglesia. Yo he predicado mucho sobre esto. Les recuerdo,
‘Todos somos Iglesia. Lo que estamos viendo es lo que nunca se
había presentado: la cara humana de la Iglesia'. La Iglesia es
divina, sí, es santa; pero la Iglesia también es un grupo de
pecadores, que somos todos nosotros. Es cierto que los pecados de
algunos resaltan más que los de otros, pero todos hemos
contribuido a desfigurar la cara de la Iglesia. Por lo tanto,
tenemos la obligación de arrepentirnos, tenemos la obligación de
renovarnos, todos tenemos la obligación de contribuir por el bien
de la Iglesia".
A pesar de que el pueblo católico se ha afectado, dice, ya está
comenzando lo que llamó una "celebración del sacerdocio". A su
entender, los medios de comunicación han abusado en la manera de
tratar la crisis en la Iglesia, y el pueblo se ha dado cuenta.
"Esto debe unirnos más. De esta crisis la Iglesia va a salir más
fuerte", enfatizó. "Como siempre, los días oscuros de la Iglesia
siempre dan paso a días de claridad y renovación".
A punto de comenzar su retiro, afirmó que "aunque siempre queda
aquello de que pude haber hecho más", está muy satisfecho de la
vida que ha llevado.
"Yo creo que sembré lo que había que sembrar; después llegará otro
que recogerá lo que germine. Estoy muy contento con las
bendiciones que he recibido de Dios. En 52 años, no hay nada que
merezca la pena quejarse".
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