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Santidad, estigmas y amor a la Cruz

Una peregrina toca las manos de una estatua del padre Pío en un
templo en San Giovanni Rotondo, donde el monje vivió. (Foto
Reuters)
ROMA (ZENIT) – La canonización del padre Pío de Pietrelcina es un
mensaje decisivo para nuestros días, explica el predicador de la
Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, quien al igual que el
fraile de los estigmas es religioso capuchino.
“La propuesta del padre Pío para el hombre de nuestros días,
desorientado por el materialismo y la secularización, es la
santidad. Con su ejemplo, el padre Pío quiere decirnos que la
santidad es un camino accesible también hoy”, afirma el padre
Cantalamessa. A continuación una corta entrevista:
En la Novo Millenio Ineunte, el Papa, a propósito de la santidad,
ha precisado que los fenómenos externos, es decir las
manifestaciones sobrenaturales, pueden darse o no darse. Y la vida
del padre Pío está precisamente inmersa en las categorías de lo
sobrenatural.
Es verdad, pero no hace falta despreciar estas realidades que
escapan a nuestro intento de racionalización. Quien discute lo
sobrenatural parece casi pretender enseñar a Dios su oficio. El
milagro es siempre un reclamo, una admonición pedagógica ante la
fragilidad de nuestra fe.
¿Con qué postura debemos mirar a los milagros del padre Pío?
Con gratitud. La presencia del padre Pío es un gran don de Dios.
Un hombre de su estatura representa de todos modos un evento
extraordinario para la humanidad. Y Dios ha elegido hacerlo vivir
en nuestra época. Demos gracias al Señor.
¿Es posible una comparación entre san Francisco y el padre Pío?
Me parece que los dos han sido investidos por un ciclón de gloria
de alcance mundial. Y luego están el amor a la Cruz, los estigmas,
el sayo. Las comparaciones, sin embargo, se detienen aquí. Los
temperamentos de los dos son muy diversos.
También en torno a San Francisco florecían los milagros.
San Francisco recorrió todo el mundo en aquel tiempo conocido. El
padre Pío ha permaneció siempre en el confesionario.
Pero millones de hombres han acudido a él. Y, viendo esta
afluencia extraordinaria de almas en búsqueda, comprendemos la
originalidad del padre Pío.
En su misticismo, ¿hay un aspecto que emerge con mayor evidencia?
Su clave es esta confrontación cotidiana con las almas. Su mística
es la de la expiación. Ha llevado sobre sí el peso de todas las
almas que acudían a él.
¿Y si quisiéramos buscar un símbolo bíblico?
Sin duda el del Cireneo. Son la prueba sus estigmas pero también
sus larguísimas jornadas en el confesionario y luego sus noches
dedicadas a la penitencia, a la oración, a las luchas con el
demonio. Esta es su mística de la expiación.
Alguno, mirando a los estigmas, a las bilocaciones, a los milagros,
ha definido al padre Pío como un santo arcaico. ¿Está de acuerdo?
La santidad no se puede encerrar en definiciones temporales. No es
nunca por tanto sólo arcaica o moderna. Es, al mismo tiempo, nueva
y antigua. No han faltado en la historia de la Iglesia, ni faltan
tampoco hoy, hombres santos que viven de este modo.
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