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Apóstol de la Esperanza
El Cardenal Primado de Colombia, Su Eminencia Reverendísima, Mons.
Pedro Rubiano Sáenz, habla sobre la grave crisis que aqueja a su
país y la fe del pueblo colombiano

El cardenal Pedro Rubiano Sáenz, arzobispo primado de Bogotá. (Fotos:
Brenda Tirado Torres)
Brenda Tirado Torres
La Voz Católica
MIAMI – El pueblo colombiano del Sur de la Florida recibió una
dosis de consuelo durante el fin de semana del 20 y 21 de julio
cuando acogió con los brazos abiertos al Cardenal Primado de
Colombia, Pedro Rubiano Sáenz.
A pesar del dolor por el que atraviesa su pueblo, el Cardenal se
convirtió en mensajero de la esperanza para sus compatriotas
exiliados. Celebró dos misas: una el sábado 20 en la parroquia
Good Shepherd, en Kendall, y la segunda el domingo 21 en la
Catedral St. Mary, al noreste de Miami.
La Voz Católica
entrevistó al cardenal Rubiano Sáenz horas antes de
iniciar la celebración eucarística del 20 de julio, con motivo de
la fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y la
Independencia de Colombia.
Cuando
Su Eminencia fue investido como Cardenal, usted le comunicó al
Papa Juan Pablo II su compromiso con la paz en su país. ¿Tiene
todavía esperanzas en el proceso de paz en Colombia?
Mira, esa es una de las cosas que yo quiero decirle a los
colombianos: nosotros no podemos perder la esperanza.
¿Sabes por qué no perdemos la esperanza? Porque mi Dios no se ha
muerto, ni está enfermo. Y el Señor sigue presente.
¿Y qué nos dicen las Sagradas Escrituras? ¿Qué nos dice Isaías en
el capítulo 49? El profeta Isaías habla de una forma clarísima y
bellísima. Dice: “Primero se olvidará una madre del hijo de sus
entrañas, que Dios de nosotros, su pueblo”. Y después dice otra
cosa en la que me parece que la gente no se fija. Más adelante en
unos versículos dice Isaías: “Porque te tengo grabado en la palma
de la mano”. Entonces, cuando yo miro el crucifijo, ¿qué pienso
siempre? Que allí estamos nosotros, inscritos en las manos del
Señor. ¿Por qué? Porque por nosotros dio la vida.
Es evidente que las negociaciones con los grupos guerrilleros no
han tenido éxito. ¿Cómo está la fe del pueblo colombiano en estos
momentos de incertidumbre?
El pueblo colombiano se afirma como católico. Otra cosa es que
siempre tenemos que estar en un proceso permanente de encuentro
con el Señor ante la realidad dura que estamos viviendo ahora y
que arrecia de manera especial en vísperas de la nueva presidencia.
Esas tácticas de la guerrilla son como para mostrar su fuerza.
Pero yo sí tengo mucha confianza y esperanza.
Hoy –y hago el paréntesis– justamente que es la fiesta nacional de
Colombia, día de la independencia, habíamos pedido a los señores
obispos que en todas la parroquias se iniciara el día desde la
alborada con oración. Es decir, fue una cruzada de oración de los
colombianos en el día de la independencia nacional para pedirle a
Dios, de manera especial, dos cosas: su fortaleza para que todos
seamos constructores de la paz, y de la paz como don que el Señor
nos la da; y también para pedir por la liberación de todas las
personas que están secuestradas por la guerrilla. Porque solamente
si el país se une y si el país se expresa públicamente, eso anima.
Los alcaldes han sido amenazados por la guerrilla, una táctica que
yo la considero diabólica. ¿Por qué? Porque sin disparar un tiro
quieren arrinconar el país.
Entonces yo he insistido en que de ninguna manera podemos aceptar
esta opresión, porque esos alcaldes fueron elegidos
democráticamente, libremente. También muchas personas expresan su
temor, y es lógico, ¿no? Piensan, “Seguramente me van a matar”.
Pero yo le decía a la gente que la población rodee, apoye, se una
para defender a sus alcaldes. Acaba de pasar en un pueblo, Toribío.
A los policías ya les habían rociado gasolina para quemarlos vivos
y la gente salió, con el cura a la cabeza, y los guerrilleros se
fueron. Sencillamente, los entregaron y dijeron: “Son unos
valientes”. Y se fueron. Eran 400 guerrilleros. Y Toribío fue un
pueblo que el año pasado se ganó el premio de la paz en Colombia,
junto con otro pueblo, Mogote.
Mira qué cosas interesantes: en Mogote asesinaron a una monja de
las Hermanitas de San Pedro Claver. Y Mogote también fue Premio
Nacional de Paz. ¿Eso qué significa? Que quieren golpear a
aquellos pueblos que han rechazado a la guerrilla y han defendido
a su gente. Pero eso es para amedrentar, y yo repito que uno no
puede dejarse arrinconar por el temor.
Más del 90 por ciento de los colombianos profesa la fe católica. ¿Qué
buscan los grupos guerrilleros al amenazar y asesinar no sólo a
los políticos sino también a miembros del clero y de las
congregaciones religiosas?
Sobre las amenazas, por ejemplo, en nuestra Iglesia en Bogotá
ninguno de mis curas se me ha “rajao”, como se dice. Son 350
parroquias y en los barrios populares, donde hay milicia de la
guerrilla presente, todos están en su puesto. Y me dicen,
“Monseñor, si nos toca morirnos, nos morimos, pero no nos vamos a
mover”. Y los han respetado. Yo les digo que hay que ser prudentes.
A mí mismo me han dado esas indicaciones de que tengo que tener
cuidado. Pero yo no puedo dejar de cumplir con mi deber. Y alguna
vez yo creo que tal vez soy muy duro cuando hago esos
pronunciamientos, pero para mí sería un pecado quedarse uno
callado ante determinados hechos, ¿sí? O no denunciar cuando hay
unas atrocidades, como el terrorismo o el secuestro. Ellos nunca
hablan del secuestro; ellos hablan de “retención por motivos
económicos o políticos”. Pero es que eso, en castellano, se llama
secuestro. Entonces uno no puede disimular.
Ahora, entiendo que mucha gente no se atreva a hablar porque, como
me decía una persona: “Es que tengo mi familia y mis hijos y yo no
quiero exponerlos”. Pero nosotros, como hombres de Iglesia…Yo digo
que uno no se muere en la víspera sino cuando Dios lo decide. Uno
tiene que cumplir con su deber. Y uno no puede simplemente
silenciarse ante determinados hechos o porque hay amenazas. El
Evangelio no se puede silenciar, y el Evangelio es un Evangelio de
vida, no de muerte. Es un Evangelio que exige el respeto a la
persona, porque en cada persona tenemos que descubrir también la
presencia de Dios.
¿Qué mensaje tiene para estos grupos que están sembrando el terror
en su país?
Nosotros tenemos que orar también por ellos. ¡Claro! Orar por
ellos para que el Señor mueva sus corazones endurecidos, esas
mentes que están enloquecidas, para que abran camino.
Yo sí creo en que la paz no se logra simplemente por las armas. La
paz se logra, dijéramos, por los caminos de encuentro; de trabajar
con grandes esfuerzos, desde luego, pero que se vaya construyendo
porque la guerra no deja sino muerte. Ahora, con esta gente que ha
hecho tantas cosas y ha golpeado tan duro al país, uno no puede
perder la esperanza de que, si se dan unos pasos, puedan ellos
también entender que el camino no es el de la violencia si se
quiere transformar un país. Porque muchas veces afirman que ellos
hacen eso porque no hay justicia social, porque hay injusticias,
que no hay suficiente trabajo. Pero uno dice, ¿cómo va a haber más
trabajo si destruyen? ¿Cómo va a desarrollarse el país si la gente
que se ha preparado, que tiene capacidad, se ha ido precisamente
por las amenazas?
Yo veo en este país, aquí en Estados Unidos, muchos colombianos
muy capaces y su preparación la hicieron allá, pero están
prestando un servicio a este país y no lo pueden hacer allá por
las amenazas que seguramente recibieron.
Como presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de
Colombia, Su Eminencia es la voz de la Iglesia colombiana. ¿Está
todavía dispuesta la Iglesia a mediar en las negociaciones con los
grupos armados ilegales?
¿Cuál es el papel de la Iglesia? Es de reconciliación, es llamar a
la reconciliación, de tender puentes. En otras palabras, llegar a
la conciliación y poder entonces acompañar un proceso no como
negociadores ni simplemente como mediadores, sino como
facilitadores, partiendo de la fe que nosotros profesamos. Toda
persona, por desdibujada que tenga esa luz que es la presencia del
Señor, siempre tiene la posibilidad de convertirse a Dios. Mira el
caso de san Pablo en el camino de Damasco, que el Señor lo sacó. Y
así a todos nosotros que somos pecadores, el Señor nos llama a la
conversión. Así de simple. Basta que uno se abra al amor del Señor
y pueda cambiar.
Entonces, al iniciarse un nuevo gobierno, hay fe y esperanza que
las cosas puedan cambiar. Lógicamente, en eso uno no se puede
hacer ilusiones de que ese cambio se dé de la noche a la mañana,
porque en el fondo, en la base de todo esto, hay algo que yo
considero terrible, y es todo el problema de la droga. Y en ese
problema de la droga nosotros nos sentimos muy solos. Sí hay, por
ejemplo, ayuda para erradicar cultivos. Pero yo no veo los
esfuerzos de los países para suprimir el consumo de la droga, para
acabar con el consumo.
Supongamos que mañana se hiciera la paz con la guerrilla. Si sigue
lo de la droga, vuelve la guerra porque la droga siempre necesita
las armas, si no, no la pueden manejar.
Más aún, la droga se vuelve medio de intercambio: drogas y armas.
Los países no quieren ver eso, los países ricos. Se produce,
digamos, la hoja, pero no se hace la cocaína si no es con procesos
químicos. ¿De dónde salen los químicos? De esos países: Europa y
Estados Unidos.
Para los colombianos que han tenido que salir de su país, y cuyas
familias han quedado allá, ¿quiere enviarles algún mensaje a
través de ‘La Voz Católica’?
Hay muchísimos colombianos en Estados Unidos y de manera especial,
aquí en la Florida. ¿Qué les digo yo a los colombianos? Que no
olviden su patria. Es decir, que ese amor que ellos tienen que
expresar por Colombia lo tienen que manifestar con hechos de vida,
con su testimonio. Que saquen la cara por Colombia, porque muchas
veces solamente aparece en los medios que Colombia es un país de
droga y de muerte y de violencia.
Aquí en Estados Unidos hay muchos colombianos excelentes
colaborando con este país. A ellos les digo que estén muy unidos
para que saquen la cara por la Colombia buena y amable que tiene
futuro y que todos amamos.
Le pedimos a la Virgen patrona de Colombia, Nuestra Señora de
Chiquinquirá, por todos los que están aquí, para que vivan su fe.
La fe que es respuesta al Señor tiene que ser una respuesta
también en su comportamiento para con la gente de este país que
los ha acogido.

El cardenal Pedro Rubiano Sáenz, acompañado por Monseñor Terence
Hogan, bendice a los asistentes a la misa en la iglesia Good
Shepherd en Kendall. Durante su visita el Cardenal aseguró que
el pueblo colombiano no pierde la esperanza. “¿Sabes por qué no
perdemos la esperanza? Porque mi Dios no se ha muerto, ni está
enfermo. Y el Señor sigue presente”, afirmó.
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