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Usemos la
internet sabiamente

Arzobispo John C. Favalora
Mis queridos amigos:
Estoy seguro de que ustedes saben más sobre la red de
comunicación global internet y las computadoras que lo que
sé yo. Pero tengo una computadora sobre mi escritorio y sé
que mucha de la información que recibo en mi oficina llega a
través del correo electrónico e internet. Traigo esto a
colación porque el documento emitido el pasado mes de mayo
por la Pontificia Congregación para las Comunicaciones
Sociales, con motivo de la Jornada de las Comunicaciones de
2002, tiene que ver con la internet.
Aunque aún no empiezo a entender cómo funciona, internet
puede ser considerada como el equivalente de la imprenta de
Guttenberg en el siglo XXI. Así como la imprenta incitó al
resurgimiento de los estudios, la filosofía y el arte en lo
que fue conocido como el Renacimiento, la internet ha traído
profundos cambios en la comunicación masiva y la búsqueda de
información.
Las noticias y la información ahora
están disponibles instantáneamente. Los estudiantes ya no
tienen que visitar las bibliotecas o comprar enciclopedias
para poder hacer sus trabajos para la escuela. La gente
puede hacer sus compras electrónicamente, obtener mapas e
instrucciones para llegar a los sitios, enviar mensajes a
sus amigos y “dialogar” con extraños al otro lado del mundo.
El documento más reciente del Vaticano sobre este asunto nos
recuerda a los católicos que la internet es un instrumento
muy valioso para anunciar el Evangelio:
“Ofrece a la gente un acceso directo e inmediato a
importantes recursos religiosos y espirituales –grandes
bibliotecas y museos y lugares de culto, los documentos del
Magisterio, los escritos de los Padres y Doctores de la
Iglesia, y la sabiduría religiosa de todos los tiempos.
Tiene una capacidad extraordinaria para superar la distancia
y el aislamiento, logrando que la gente entre en contacto
con personas de buena voluntad que piensan de la misma
manera y se unen en comunidades virtuales de fe para
motivarse y apoyarse mutuamente”.
El Vaticano tiene un lugar en la internet (www.vatican.va)
al igual que la Arquidiócesis de Miami (www.miamiarch.org)
así como la Conferencia de Obispos Católicos de la Florida (www.flacathconf.org)
y La Voz Católica, el periódico en español de la
Arquidiócesis (www.vozcatolica.org).
Cualquier persona que busque documentos oficiales,
comunicados de prensa o las enseñanzas oficiales de la
Iglesia Católica encontrará un tesoro de información en esas
direcciones.
El documento del Vaticano también nos recuerda, sin embargo,
que la internet, como todos los instrumentos, puede ser
utilizado con buenos o con malos propósitos.
Algunos sitios se hacen llamar “católicos” aun cuando
promueven creencias e ideas contrarias a las enseñanzas de
la Iglesia. Proliferan los sitios pornográficos, poniendo a
los niños en riesgo. Otros sitios promueven el odio y la
violencia.
El documento nos recuerda que, así como con cualquier otro
medio de comunicación masiva –revistas, libros, televisión,
cine– la precaución es vital:
“La exposición a la internet sin supervisión no debe ser
permitida. Los padres deben dialogar con sus hijos sobre lo
que se ve y se experimenta en el ciberespacio. También ayuda
compartir con otras familias que tienen los mismos valores y
preocupaciones.
Aquí la tarea paternal fundamental es ayudar a los niños a
ser usuarios exigentes, responsables, y no adictos a la
internet, que descuiden el contacto con sus iguales así como
con la propia naturaleza”.
Como Iglesia y sociedad, no podemos caer en la trampa de
creer que la internet –u otro avance tecnológico– es la
clave para resolver todos nuestros problemas.
De hecho, cada maravilla tecnológica trae consigo problemas
nuevos y desafiantes, también una nueva serie de tentaciones
para nuestra naturaleza pecadora.
La internet es un instrumento muy poderoso. Pero, al igual
que con cualquier regalo de Dios, está en nosotros
utilizarlo bien y sabiamente, no para el perjuicio sino para
el beneficio de toda la humanidad.
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