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Un beato boricua inspira a crear pequeñas comunidades

 
Al concluir el rezo de las Vísperas por la fiesta del beato Carlos Manuel (Charlie) Rodríguez en la parroquia St. Catherine of Siena, el padre Alfredo Rolón encendió el Cirio Pascual, símbolo de la luz de Cristo, a quien el beato dedicó su vida.
(Fotos: Brenda Tirado Torres)

Brenda Tirado Torres
La Voz Católica

 MIAMI — La sencilla y emotiva celebración de la fiesta del beato puertorriqueño Carlos Manuel “Charlie” Rodríguez ha inspirado a miembros de la iglesia St. Catherine of Siena, al suroeste de Miami, a crear pequeñas comunidades para el crecimiento  espiritual de sus miembros y el enriquecimiento de la misma parroquia.

“El beato Carlos Manuel fue el precursor de las pequeñas comunidades”, dijo en la celebración eucarística el padre Juan Sosa, párroco de St. Catherine. “Quizás podamos lograr que en esta parroquia se desarrollen las pequeñas comunidades y crezcan alrededor de la Palabra”.

Carlos Manuel Rodríguez, a quien sus devotos llaman “Charlie” (o “Chaly”, como le decían sus familiares), fue beatificado por el Papa Juan Pablo II el 29 de abril de 2001. El Santo Padre declaró el 13 de julio como la fiesta de quien se convirtió en el primer beato laico del Caribe, ya que fue el 13 de julio de 1963 cuando pasó de su existencia terrena a la vida eterna. El rezo de las Vísperas y la Misa en la iglesia St. Catherine of Siena se realizaron el 12 de julio en la noche.

El seminarista Flavio Montes, quien está realizando su año pastoral –requisito del seminario– en esta parroquia, unió su voz a la del padre Sosa para la creación de las pequeñas comunidades, exhortando a que se organice un grupo que comparta la Palabra de Dios y los dones con los demás.

 


El niño Eduardo Morales besa la reliquia del beato que el padre Juan Sosa sostiene para su veneración. Esta reliquia pertenece a los restos exhumados de “Charlie”.

“Les propongo esto como manera de reunirnos en oración, de compartir la liturgia como centro de la vida de todo católico, y como reflexión. Meditemos la Palabra, y también pongámosla en práctica”, dijo Montes. “Cada uno puede responder de acuerdo al ministerio al que ha sido llamado o al don que tiene: ir a visitar a los pobres, a los enfermos, en cualquier servicio que enriquezca a nuestra parroquia o la comunidad a la que ustedes pertenezcan”.

Al basar su mensaje en las lecturas bíblicas de aquel día, Montes explicó que la respuesta al Salmo 50, “Mi boca proclamará tu alabanza”, evoca el entusiasmo que el beato manifestaba por la liturgia.

“Su persona no puede sino recordarnos que, con sincera dedicación al estudio de la liturgia, debemos ser más responsables con la fe que hemos recibido en el bautismo y que nos mueve a responder a los tesoros que recibimos por la gracia de Dios”, dijo.

“El beato Carlos Manuel es ejemplo para todos nosotros de lo que debemos ser como laicos comprometidos”, indicó el seminarista puertorriqueño. “Como dijo el Papa Juan Pablo II durante la ceremonia de beatificación en Roma, ‘Charlie’ puso de relieve la llamada universal a la santidad para todos los cristianos, y la importancia de que cada bautizado responda a ella de manera consciente y responsable”.

Carlos Manuel (Charlie) Rodríguez nació en Caguas, Puerto Rico, el 22 de noviembre de 1918. Fue el segundo de cinco hijos, uno de los cuales es benedictino y otra es religiosa carmelita.

Se asegura que la principal labor apostólica del beato fue lograr que la Iglesia en Puerto Rico cobrase conciencia del Misterio Pascual como centro y meta de la liturgia e inagotable fuente de gracia. A pesar de sufrir en carne propia una enfermedad crónica que culminó en cáncer terminal, “Charlie” recordaba a todos que el cristiano debía vivir la alegría y la esperanza que Cristo regaló con su Pascua. Su lema fue “Vivimos para esa noche”, frase que repetía al hablar de la Vigilia Pascual.

Entre sus innumerables obras de apostolado, a las cuales dedicaba prácticamente todo su salario, estaba la creación de un grupo de estudiantes y profesionales que se reunía en el Centro Universitario Católico, en la Universidad de Puerto Rico, para la restauración y renovación de una cultura verdaderamente cristiana.

Defendió con gran fervor la renovación litúrgica de la Iglesia a través de la participación de los fieles, el uso del idioma vernáculo y la observancia de la Vigilia Pascual, la cual fue restaurada por el Papa Pío XII. Todo esto lo promovió previo al Concilio Vaticano II, por lo que también se le llama el Apóstol Preconciliar.

“‘Charlie’ es verdadero ejemplo de lo que un laico debe hacer desde el punto de vista del sacrificio, del compromiso y de la entrega”, expresó Maggie MarreroNeville, una de las organizadoras de la celebración.

“Es un ejemplo para mí, aunque es muy difícil lograr lo que él logró”, admitió MarreroNeville. “Pero me animo al pensar que si él lo hizo, entonces lo podemos hacer nosotros. El nos ayuda a entender nuestro compromiso con la Iglesia de Cristo, y nuestra responsabilidad de crear un ambiente para que otros también hagan lo mismo”.