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Alicia Marill

Catolicismo cubano: Isla y diáspora

Este ha sido el tema de tres mesas redondas que se han estado llevando a cabo en la Universidad Notre Dame, en Indiana. A la última, celebrada el 21 y 22 de junio, estuve invitada a participar como panelista junto al historiador Gerardo Poyo, profesor de Estudios Latinoamericanos de esa universidad y a Sixto García, profesor de teología en el Seminario Regional St. Vincent de Paul; los tres fuimos en representación de la diáspora. De Cuba participaron Joaquín Estrada, secretario ejecutivo de la Comisión de Cultura de la Conferencia de Obispos de Cuba, y Rolando Suárez, director de Caritas Cuba por siete años y ahora al frente del Secretariado de Emigración de la Conferencia de Obispos cubanos, y Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, vicario del Oeste de La Habana.

Estos eventos, auspiciados por el Instituto Helen Kellogg de Estudios Internacionales y el Instituto de Estudios Latinos de la Universidad Notre Dame, han estado reuniendo a académicos, historiadores y teólogos de la isla  y del exilio, con el objetivo de explorar la historia de la Iglesia en Cuba antes de la Revolución; las dos comunidades católicas que se han formado separadamente y los continuos esfuerzos por crear vínculos entre ambas. Se busca una perspectiva más actualizada sobre nuestra realidad como la Iglesia cubana.

Como resultado de estas mesas redondas, se espera concretar futuros proyectos que apoyen estudios de investigación sobre el catolicismo cubano.

El padre Robert Pelton, C.S.C., profesor de teología de Notre Dame y del equipo coordinador del proyecto, visitó a los cubanos católicos de ambas orillas y enfatizó que la Iglesia tiene la función de sanar las heridas del pueblo ahora y cuando ocurran cambios en el régimen.

Los dos días de exposiciones e intercambio académico abordaron los siguientes temas:

1. Historia de la Iglesia, presentada por Joaquín Estrada, quien resumió los Encuentros Nacionales de Historia llevados a cabo por el Secretariado de Pastoral de Cultura del Episcopado cubano (ver edición del 30 de junio de La Voz Católica).

 


Rolando Suárez, Alicia Marill y John Swope, S.J., del secretariado de la Iglesia para América Latina, de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.
(Fotos: Dawn Dinovo, Universidad Notre Dame)

 

Estrada comenzó con la siguiente cita del libro que recoge los documentos del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC): “No sería posible una seria reflexión para el presente y el futuro de la evangelizacion en Cuba sin mirar, serenamente y con deseos de aprender, a ese pasado que nos marca el paso con sus luces y experiencias, que nos alerta y purifica con sus sombras y fallos, pero que, sobre todo, nos pone en contacto con nuestras raíces y nos nutre con la savia de lo que nos es propio, siempre antiguo y siempre nuevo: la efusión renovadora de nuestra cubanía iluminada por el Evangelio de Jesucristo”.

Respondiendo al mismo tema, Gerard Poyo describió su trabajo investigativo titulado Los católicos cubanos en Miami 19601980: Integración sin asimilación. Poyo hizo un recuento histórico del proceso doloroso, pero a su vez constructivo, de los cubanos católicos, ‘quienes por instinto se tornaron a su fe y a la Iglesia como vehículo para reorganizar sus vidas”. Poyo encuentra que los cubanos actuaron con rapidez para asegurar la sobrevivencia de su cultura e identidad. “Los cubanos se han mantenido enfocados en su tierra natal y los católicos en particular a través de la fe y la Iglesia han promovido un continuo enlace con la nacionalidad cubana y la pertenencia a la patria”. Poyo hizo referencia a las palabras del obispo Eduardo Boza Masvidal, quien desde el inicio del exilio aconsejó a los exiliados  que vivieran su fe como cubanos, integrándose a una nueva cultura, pero no asimilándose. El trabajo expuesto por el doctor Poyo es parte de su próximo libro.

2. Doctrina Social de la Iglesia. Rolando Suárez respondió a la pregunta: ¿Qué formas pastorales ha tomado la Doctrina Social de la Iglesia en la isla? Suárez habló sobre los programas de asistencia social y de promoción humana que se realizan en Cuba y que están arraigados en los conceptos esenciales de la Doctrina Social de la Iglesia: dignidad, solidaridad y subsidiariedad. Destacó el esfuerzo que se hace por la formación de los laicos a través de cursos de distintos niveles, como la conscientización del derecho a la vida, el derecho a pensar con cabeza propia; el derecho a la participación y a la toma de decisiones, los valores de la verdad y la honestidad; explicar la miseria humana que existe en diversos sectores de la población: madres solteras, ancianos solos y abandonados, niños en situaciones difíciles, violencia en el hogar, destrucción de la familia. Suárez subrayó la necesidad de enseñar cómo vivir la misericordia, porque existen sentimientos de venganza. “Hay que ir introduciendo y popularizando la posibilidad de un proyecto social cristiano”, dijo.

Mi responsabilidad como panelista ante la misma pregunta: ¿Qué formas pastorales ha tomado la Doctrina Social de la Iglesia  en la diáspora?, fue describir parte de mi propio trabajo sobre los fundamentos de una teología y una espiritualidad, de un ministerio, que redima la experiencia de exilio.

Este trabajo parte del profundo dolor que conlleva la experiencia de separación que define la vida de un exiliado: la separación de la familia, de la tierra, de nuestro mundo de afectos, de nuestro pasado y de nuestros sueños; así como los recuerdos todavía vivos de ser víctimas de un sistema represivo, que ha llevado a la muerte a muchos en nuestro pueblo. Parte de esta experiencia es retomar una fe que nos lleva a reconstruir nuestra vida en una tierra ajena con un sentido de misión. Es la misma fe en Dios, en la Virgen y los santos que nos sostuvo al tomar decisiones radicales al partir de nuestra patria y confrontar situaciones difíciles en una tierra extraña.

 Para redimir nuestra experiencia de exilio hay que abrazar el dolor, la nostalgia y el lamento, reconocer y honrar la historia sagrada de muchos exiliados que con sus vidas han hecho realidad las palabras del profeta Jeremías. Hay una fuerza creativa y redentora que surge de este dolor: “Construyan casas y habítenlas, planten huertos y coman sus frutos; crezcan allí y no mendiguen. Pidan por la prosperidad de la ciudad adonde yo los desterré y recen por ella, porque su prosperidad será de ustedes” (Jer 29: 57).

 


Sixto García, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes
y el Padre Robert Felton, C.S.C.

 

Compartí con el panel un estudio que realicé hace tres años, que resultó en la identificación de más de 35 obras misioneras activas en la Arquidiócesis de Miami. Muchas son organizaciones como Amor en Acción, que lleva 25 años colaborando con las iglesias de Haití y República Dominicana; otras están funcionado desde las parroquias que han creado un compromiso de ayuda con casi todos los países de Latinoamérica; y otras son pequeñas comunidades que siguen fieles a sus parroquias o colegios y a las monjas o sacerdotes que los educaron en sus países de origen y los apoyan económicamente.

Parte de este proyecto de la Universidad Notre Dame es lograr tener una idea concreta de la ayuda que la diáspora cubana aporta a la isla. Son muchos, y se realizan a distintos niveles, todos dirigidos a numerosas obras de la Iglesia.

En su visita a Cuba, el Santo Padre Juan Pablo II hizo énfasis en que Cuba tiene un alma cristiana. Nuestra manera de vivir la vida diariamente incluye nuestra manera de ocuparnos de los que tienen menos y compartir lo que tenemos. Esto lo demuestra el gran número de líderes católicos cubanos en la diáspora que les han dado vida a las iglesias locales donde nos hemos integrado.

3. Teología y Eclesiología. Este tema fue tratado por Sixto García y Monseñor Carlos Manuel de Céspedes. Mons. De Céspedes inició el panel destacando que para evangelizar la cultura cubana hay que tener en cuenta la característica de los cubanos de tirarlo todo a relajo, y se refirió al ensayo filosófico de Jorge Mañach, Indagación del choteo. Hizo un llamado a asumir responsabilidad y seriedad.

Un segundo punto que destacó fue que el sincretismo religioso y el mestizaje cultural son un desafío al trabajo teológico pastoral. Dijo que la Iglesia es la única institución que está presente en Cuba desde hace cinco siglos, y que el ENEC fue uno de los más importantes acontecimientos en la historia de la Iglesia cubana.

No faltó el sentido del humor cubano escuchando a Monseñor De Céspedes describir “la cultura de pichón”; el choteo cubano como también “los charcos profundos” que tenemos que cruzar para comprender nuestro ser cubano.

Sixto García comparó la relación eclesiológica de los documentos del ENEC con el de CRECED (Comunidades de Reflexión Eclesial Cubana en la Diáspora). García habló de una eclesiología de comunión emergente en la isla  y en la diáspora, como “vocación profética y riesgosa de testimoniar el compromiso con la promoción humana y la justicia social”.

Mi reflexión personal de este evento está marcada por la profundidad, la seriedad y la apertura con que se expresaron conceptos eclesiales y teológicos arraigados en la vida y en la lucha diaria en Cuba y la diáspora. Fue sobre todo un momento de “cercanía” vivido muy al estilo descrito por Dagoberto Valdés en su artículo Cuba y diáspora: más iniciativas de cercanía, publicado en la edición de junio de La Voz Católica.

 Fue un espacio de acercamiento desde el ámbito académico católico, pero también personal, en el que se pudieron esclarecer los mitos que existen en la isla  sobre el exilio y en el exilio sobre la isla. Hay vacíos (charcos), pero también hay un gran fervor en nuestra alma cubana de continuar e intensificar “la cercanía” que siempre ha sido nuestra.

 (Alicia Marill es directora del Programa Doctoral de Ministerios de la Universidad Barry y fundadora de  Amor en Acción.)

Cuban Catholicism Program: http://www.nd.edu/~kellogg/cubacath.html