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‘Mi Colombia se desangra’

Colombianos de Miami piden a la Virgen de Chiquinquirá
que reine la paz en su patria


Retablo de la Virgen de Chiquinquirá que presidió la misa en la iglesia Good Shepherd. (Fotos: Brenda Tirado Torres)

Brenda Tirado Torres
La Voz Católica

MIAMI – En la fiesta de su independencia el 20 de julio, los colombianos de la Arquidiócesis de Miami estuvieron de luto.

A ellos se les unió Su Eminencia Reverendísima, Pedro Cardenal Rubiano Sáenz, arzobispo de Bogotá, quien se convirtió en mensajero de la esperanza para sus hermanos, exiliados debido a la violencia que amenaza sus vidas.

 


Damas colombianas vestidas de luto por la tragedia que atraviesa su país.

 

“En esta Eucaristía alegrémonos porque, a pesar de todas las circunstancias difíciles por las que atraviesa Colombia, nosotros seguimos poniendo desde la fe nuestra confianza en Dios nuestro Señor. Jamás nos abandona”, les exhortó su Cardenal Primado en la misa celebrada en la parroquia Good Shepherd, en Kendall. A ésta le siguió otra celebración eucarística el domingo 21 en la Catedral de St. Mary.

Los organizadores habían solicitado a los asistentes que se vistieran de luto, porque los colombianos del Sur de la Florida están muy tristes debido a los acontecimientos por los que atraviesa su país.

“Mucha gente se encuentra aquí porque está amenazada o sus familiares fueron secuestrados y temen correr la misma suerte”, dijo el padre Alvaro Pinzón, director del comité organizador de las misas para la patrona, en las que pidieron su intercesión por la paz en suelo colombiano.

 

Adolescentes ondean banderas de Colombia, y otros muestran los frutos, flores y piedras preciosas colombianos que se entregaron como ofrendas.

 

“¡Salve, Virgen de Chiquinquirá, reina de Colombia entera!”, exclamaron los Heraldos del Evangelio cuando el cardenal Rubiano Sáenz veneraba el retablo de la patrona de Colombia, adornado con pendones con los colores de la bandera colombiana: amarillo, azul y rojo. “En Chiquinquirá, Nuestra Señora promete: ‘¡Colombia se restaurará!’”

La inmensa mayoría de los colombianos que han llegado al Sur de la Florida comparten un mismo dolor, como el que no se cansa de tocar a la puerta de Romelia Gallego.

“Mi Colombia se desangra”, expresó Gallego entre lágrimas. “Allí lo que sucede es que ha entrado el comunismo y la maldita droga, que nos han llevado al abismo”.

Desde 1948 su familia comenzó a sufrir persecución cuando uno de sus hermanos se desempeñaba como alcalde y otro como concejal. Recientemente, uno de sus sobrinos, quien fungía como jefe de la policía, fue acribillado a balazos. Otros miembros de la familia han recibido amenazas de muerte o de secuestro. Aunque Gallego vive en Miami, ni siquiera se atreve a dar sus nombres por temor a que sufran represalias en Colombia.

Al igual que sucede con la mayoría de los que se ven obligados a abandonar sus países por la persecución, al sufrimiento se añade la incertidumbre de no saber qué sucede con los seres queridos que deben quedar atrás.

“Uno de mis hermanos –no digo el nombre porque es peligrosísimo– tenía una mina. Le quemaron sus arroceras, su ganado, todo. Para salir de ese pueblo –no digo tampoco el sitio– tiene que pedir permiso”, explicó. “Allí el esposo de mi sobrina también fue acribillado por la guerrilla. Ella tuvo que huir a otra ciudad.

 


Vista parcial de los asistentes a la misa por Colombia celebrada  en la parroquia Good Shepherd el 20 de julio.

 

“En estos momentos no viajo a verlos porque me da temor. Eso es lo que me aguanta de ir allá. Le escribo a mi hermano y nunca me contesta”, lamentó. A pesar del dolor, la fe les sostiene.

“Una de mis mejores amigas permaneció secuestrada durante ocho meses en las montañas del Chocó”, continuó Gallego.

“Dentro de aquella situación en la que estuvo a punto de enloquecer, ella hizo un rosario de diez cuentas de una hilachita de la colcha podrida que le dieron los guerrilleros para cobijarse”, relató. “Tanto oró que uno de los mismos guerrilleros le dio un rosario que le había regalado un sacerdote”. Eventualmente, su amiga pudo alcanzar la libertad.

“Es que nuestra fe es muy profunda”, aseguró Martha Anderson, una de los miembros del Comité Organizador. “Somos un pueblo religioso, creyente, y siempre confiamos en la misericordia de Dios y la divina intercesión de la Santísima Virgen María. De ahí que llevamos 40 años de lucha y nunca hemos perdido la esperanza de que algún día Colombia tendrá la paz”.

Para Anderson, la crisis en Colombia es un período de prueba.

“Lo que vivimos es una purificación, esperando que llegue un tiempo mejor. Por naturaleza, el colombiano es alegre, hospitalario, y quiere que todo el mundo se sienta como en su casa. Aunque esta crisis nos quiera destruir, oramos para que llegue el día en que nuestra gente y todos nosotros podamos vivir tranquilos en un país tan hermoso y tan bello como es Colombia”.

Se estima que en Colombia residen unos 40.3 millones de habitantes. A nivel local, el Censo 2000 informa que en el Sur de la Florida residen 108,574 colombianos. Esta cifra muestra un aumento de 39,300 en comparación con los reportados en el censo de 1990. Pero los líderes de la comunidad colombiana aseguran que en el Sur de la Florida residen más de 200,000.