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Flabio Montes

 Charlie, un ejemplo para la Iglesia universal

 El 29 de abril del 2001, en la ciudad del Vaticano, el Papa Juan Pablo II beatificó al laico puertorriqueño Carlos Manuel Cecilio Rodríguez Santiago, expresando su deseo de que el humilde beato sea un verdadero ejemplo para cada uno de nosotros. El Santo Padre subrayó su importancia al decir que “puso de relieve la llamada universal a la santidad para todos los cristianos y la importancia de que cada bautizado responda a ella de manera consciente y responsable”.

Cuando escucho el nombre de “Charlie” —como se le conoce popularmente en la Isla que le vio nacer— vienen a mi memoria las veces en que visité el Centro Universitario Católico en Río Piedras. Allí el beato, muchos años antes, se reunía con estudiantes y profesionales comprometidos con su fe y dispuestos a trabajar por la restauración y renovación de una cultura que fuera verdaderamente cimentada sobre valores auténticamente cristianos.

En ese lugar de encuentro nos reuníamos, igualmente, estudiantes y profesionales para compartir una humilde cena en la que el amor y la fraternidad eran los ingredientes esenciales. Luego, y más delicioso aún, como postre y manjar espiritual compartíamos nuestra fe. Una vez terminada la reunión, recuerdo regresar a la residencia universitaria lleno de júbilo y de entusiasmo.

Eran, pues, aquellos encuentros un refrescante bálsamo para el espíritu. Hasta cierto punto, esas reuniones evocan en mí el pasaje bíblico del Sermón de la Montaña, las bienaventuranzas, donde multitudes se reunieron en torno a Jesús, hambrientos, cansados y, una vez colmadas sus necesidades corporales, fueron saciadas sus necesidades espirituales.

 


El beato Carlos Manuel 'Charlie' Rodríguez.

 

Los santos de nuestra Iglesia Católica son un ejemplo de la entrega y seguimiento a un Dios que está vivo y presente en todas las áreas del quehacer humano. Sólo basta que le dejemos entrar. El beato Carlos Manuel nos recuerda que la llamada a la santidad conlleva una respuesta afirmativa y responsable a la gracia recibida en el sacramento del bautismo y que nos debe mover a actuar comforme a esa misma fe que profesamos. Es por ello que “Charlie”, animado por las palabras de Pío IX, creó diligentemente una agrupación de estudiantes y profesionales que respondían al llamado de la Iglesia, llamado todavía vigente: “La educación cristiana comprende todo el ámbito de la vida humana, sensible y espiritual, intelectual y moral, doméstica y social, no para menoscabarla en manera alguna, sino para elevarla, regularla y perfeccionarla según los ejemplos y la doctrina de Cristo” (Pío IX).

El beato puertorriqueño es un ejemplo para la Iglesia universal, es un llamado a preocuparnos por aprender más sobre nuestra fe y a evangelizar sin importar nuestro nivel social, cultural y educacional. Y por ello la familia debe ser esa primera escuela, modelo de vida fundamentalmente cristiana. Desde allí somos capaces de enriquecer con nuestros dones a la familia que se reúne en la Iglesia y nutrir a aquella comunidad que, con diversos dones y carismas, labora y se desenvuelve en la sociedad civil.

El conocimiento de nuestra fe es esencial y fundamental si queremos, más que imitar a Cristo, vivir, movernos y existir en Cristo, como dijo san Pablo.

(Flavio Montes es seminarista de la Arquidiócesis de Miami y se encuentra realizando su año pastoral en la parroquia St. Catherine of Siena.)