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Delegaciones de la Arquidiócesis de Miami y diócesis cubanas posan juntas en la JMJ, en Toronto. (Foto Pastoral Juvenil)

500 Jóvenes de la Arquidiócesis de Miami
en Toronto
 

Hna. Ondina Cortés, RMI
La Voz Católica

TORONTO — Alrededor de 500 jóvenes de la Arquidiócesis de Miami han participado en la XVII Jornada Mundial de la Juventud. Algunos grupos, como el de la Oficina de Jóvenes, comenzaron participando en el llamado Días en las Diócesis. Este programa consistió de cuatro jornadas en las cuales los peregrinos fueron acogidos por diferentes parroquias y compartieron con las familias a las cuales habían sido asignados para su hospedaje en Toronto. Varios grupos tuvieron la oportunidad de reunirse por cuatro días en una misma parroquia con jóvenes de otras culturas, de forma que el intercambio cultural de la JMJ comenzara aquí. 

El martes 23 de julio comenzó oficialmente la JMJ, con una Eucaristía de apertura presidida por el Cardenal Aloysius M. Ambrozic, cabeza de la Arquidiócesis de Toronto. Ese día arribó el Santo Padre, y desde su llegada a Toronto rompió el protocolo, pidiendo ir directamente al lugar donde estaban los jóvenes reunidos en la misa de apertura de la Jornada.

Sobrevolando el Centro de Exhibiciones de Toronto, el Papa pudo contemplar el mar de jóvenes que agitaban las banderas de sus países. El encuentro de jóvenes de tantos países hace tangible el sueño de Jesús: “Padre, que sean uno”, manifestado en abrazos y hasta en señas. Así los jóvenes se comunican y comienza a surgir la “civilización del amor” de la que tanto ha hablado Juan Pablo II.

Para los peregrinos de Miami ha sido muy emocionante encontrarse con jóvenes de sus países de origen: Cuba, Guatemala, Honduras, Colombia, Perú.

 Cada día en la mañana diferentes obispos impartieron la catequesis en sus respectivos idiomas; después se celebró la Eucaristía. Por las tardes y las noches hubo múltiples presentaciones artísticas y folclóricas. De Miami, la joven Sara Torres ofreció varios conciertos.

 El viernes se completó el ciclo de catequesis y reflexión durante el día, y por la noche se hizo el Via Crucis.

 La gran peregrinación comenzó el sábado, cuando miles de jóvenes caminaron hacia el Downsview Park, donde se celebró la vigilia y la Eucaristía final con el Santo Padre.

Inspirados por el espíritu de sacrificio del Papa, que a pesar de su mala salud no ha dejado de asistir a su cita, los jóvenes soportaron el cansancio, el sol y el frío durante la noche para amanecer preparados para celebrar el hecho de que son parte del mismo cuerpo y están unidos en la misma fe.

La Jornada Mundial de la Juventud no terminó en Toronto, porque cada joven se lleva consigo la misión de compartir lo recibido con sus respectivas comunidades. Hasta la próxima cita en Colonia, Alemania, año 2005.