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El padre Paul Ouellette, OMI, bendice a las parejas que recibieron el sacramento del matrimonio al concluir la ceremonia. (Fotos: Brenda Tirado Torres)

Un ministerio para quienes
no se han casado por la Iglesia

Brenda Tirado Torres
La Voz Católica

 MIRAMAR —Hace dos años que el padre Paul Ouellete, de la Orden de los Oblatos de María Inmaculada (OMI), llegó a la parroquia St. Stephen, al sureste del condado Broward, y junto al diácono José Solórzano ha revolucionado la vida de un buen grupo de parejas que no habían recibido el sacramento del matrimonio.

Así como lo hizo mientras ejercía su ministerio sacerdotal entre los inmigrantes mexicanos del Valle de San Fernando, en California, el sacerdote francocanadiense quiere asegurarse de que todos los matrimonios de la parroquia St. Stephen estén bendecidos sacramentalmente. Al igual que en California, muchos de los hispanos de St. Stephen están casados por lo civil o viviendo en concubinato.

“Decidí hacer aquí lo que hacía allá: reunir a la gente para bendecir sus matrimonios”, dijo el padre Ouellete.

La solución ha sido el ministerio Alianza Matrimonial. A diferencia de los otros movimientos o ministerios arquidiocesanos, este ministerio de la parroquia St. Stephen se dedica a formar a las parejas casadas por lo civil o viviendo sin casarse para que reciban el sacramento del matrimonio. Está integrado por cinco personas que se reúnen semanalmente con el padre Ouellette. Los miembros de la comunidad parroquial les informan si hay alguna pareja que necesita orientación o ayuda, y se coordina una cita con ella, si está de acuerdo.

La preparación del matrimonio se realiza por medio de un retiro de dos días, completamente gratis. En él se discute la importancia del sacramento matrimonial. Al finalizar el retiro, el sacerdote extiende una invitación a las parejas para casarse por la Iglesia. A pesar de que hay ocasiones en que se dificulta conseguir las actas y los papeles necesarios, el padre Ouellette y el diácono Solórzano se encargan de todo lo relacionado con los documentos para que no haya contratiempos.

La parroquia realiza tres retiros de Alianza Matrimonial al año  y un par de meses más tarde celebra las bodas. Luego se invita a cada pareja a que forme parte de los grupos de seguimiento que se reúnen cada dos semanas. Para su formación continuada utilizan los textos preparados por el Movimiento Familiar Cristiano y exhortan a los nuevos matrimonios a que inviten a otras parejas para que vivan la misma experiencia.

El padre Ouellette explicó que la gran mayoría de los matrimonios a menudo carece del dinero para cubrir los gastos de todo lo relacionado a la celebración nupcial.

“Así que les he dicho que la parroquia les dará todo gratis: la Misa, el fotógrafo, la música, la recepción,  todo, de manera que no tengan que gastar un centavo”, informó el sacerdote. “Simplemente deben estar dispuestos a casarse por la Iglesia”.


Gabriel y Nilda Montalvo se prometieron amor y fidelidad tanto en tiempos buenos como difíciles.

Eso ha sido suficiente para impresionar a muchos ya casados civilmente o que llevan años viviendo juntos sin vínculo legal o religioso. Ahora esperan el día en que sus matrimonios se conviertan en sacramento.

Gilberto Ruiz ya tenía la experiencia de una boda religiosa. Hace seis años volvió a casarse tras haber enviudado, pero en esa ocasión optó por el matrimonio civil. Cuando él y su esposa Rebecca escucharon la invitación en su parroquia, decidieron dar el paso.

“Honestamente, al principio estaba un poco nervioso”, admitió Ruiz, de 42 años. “No es que tuviera dudas. Pero como había pasado por esto hace 21 años, no sabía cómo volver a hacerlo nuevamente”.

A pesar de que ésta no era su primera vez, Ruiz no podía dejar de sentir emoción.

“Yo pensaba que no iba a tener este nerviosismo, que esta ansiedad no iba a venir sobre mí. Pero esto ha sido como un nuevo comenzar”, expresó. “Esta idea de casarnos por la Iglesia es algo maravilloso, es una bendición, y espero que mi esposa y yo sigamos siempre unidos, especialmente ahora que recibimos el sacramento del matrimonio”.

Además del matrimonio Ruiz, el 29 de junio recibieron el sacramento José y Modesta de León, Edilberto y Olga Barraloga, Rómulo y Ana María Fernández, y Gabriel y Nilda Montalvo.

Uno de los fenómenos interesantes que el padre Ouellete ha encontrado es la renuencia de algunas parejas a dar el paso por considerarlo “definitivo”.

“A muchos les da miedo y dicen que quieren darles a sus matrimonios una oportunidad ‘para que funcionen’”, explicó. Su argumento es que si se casan por la Iglesia, no podrían volver a casarse, mientras que si es por lo civil, la Iglesia no lo reconoce y pueden tener otra oportunidad. A éste se añade el otro argumento de que quieren esperar por los padrinos, quienes viven en tal o cual país y no tienen dinero para el viaje, “la misma excusa que algunos usan para los bautismos”, comentó.

Añadió que la necesidad de la bendición sacramental la ha visto principalmente en la comunidad hispana.

“En su mayoría es por desconocimiento. Gente muy buena se me ha acercado y me dice, ‘Padre, queremos casarnos por la Iglesia y, ¿sabe algo? Ya nos casamos por lo civil’. Les respondo que aquí no tenían que casarse por lo civil porque en este país el gobierno reconoce la boda por lo religioso”, explicó. “El Estado reconoce ese matrimonio. Así que, cuando acepto sus votos, no sólo estoy ejerciendo como sacerdote, sino como un ministro del gobierno. En sus países es distinto: al sacerdote no se le reconoce porque los gobiernos no reconocen a la Iglesia. Esto puede deberse al hecho de que siguen el código napoleónico, un código legal distinto al de Estados Unidos”.

Aun con el respaldo que está recibiendo el ministerio, el padre Ouellete aseguró que todavía queda mucho trabajo por hacer, no sólo en lo que concierne a la bendición de los matrimonios en la Iglesia, sino al hecho de que también muchos necesitan anulaciones.

“En esta parroquia hemos insistido en que cada uno tiene derecho a que se anule un matrimonio, si lo necesita. Podemos ejercer ese derecho en la Iglesia, podemos apelar al obispo para que otorgue la anulación”, afirmó a la vez que aseguró que esto es más difícil debido al papeleo que conlleva.

“Muchas parejas tienen problemas de violencia; desde el principio algunos matrimonios no tenían futuro. Así que se puede apelar al obispo informándole que, por ejemplo, una señora con tres hijos necesita que se anule su matrimonio para que siga adelante con su vida y quizás encuentre un compañero que le respete, en vez de continuar con un individuo violento que pudiera terminar haciendo sus vidas miserables, o matándola o haciéndole daño a los niños”, indicó.

Cuando alguna pareja está reacia a casarse por la Iglesia, es porque dice que no está segura de que el matrimonio dure, aun cuando ambos hayan estado juntos por treinta años, compartió el sacerdote.

“Saben que están viviendo en pecado y por eso no comulgan. Pero creen que casarse por la Iglesia y luego divorciarse es un pecado más grande. Piensan, ‘ya estamos viviendo en pecado; no empeoremos las cosas’. ¡Es algo que va más allá de la imaginación!”, exclamó. “Se pudiera pensar que se sienten mal por estar viviendo fuera del matrimonio pero, ¿casarse por la Iglesia y luego terminar esa relación? ¡Eso sería el fin del mundo; no habría salvación! “.

Aun así, el padre Ouellete destacó la fe de los hispanos.

“En otras culturas los jóvenes no han ido a la iglesia en 10 años y se casan porque sus padres lo desean, porque la iglesia es bonita, porque es un acontecimiento social, y luego no se aparecen más por la iglesia”, explicó. “He visto que los hispanos sienten que el matrimonio es algo tan especial que no quieren acercarse a él hasta estar seguros de que pueden mantener una promesa. Y cuando así lo hacen, es en realidad un momento muy sagrado. Lo más difícil es llegar hasta ese punto, pero cuando lo hacen es algo muy hermoso porque se ve la fe que tienen”.

(Las parroquias interesadas en este ministerio para las familias hispanas, pueden comunicarse con el padre Paul Ouellete, OMI al (954)987-1100.)

El matrimonio de Edilberto y Olga Barraloga también recibió la bendición sacramental en St. Stephen. En la foto les acompañan sus hijas Katherine (izq.) y Karen, y su sobrina Adela.

 “Los hispanos trajeron de nuevo la ‘fiesta’ a la Iglesia”

 

MIRAMAR — En el condado Broward, grupos de fieles católicos de Centroamérica, Colombia y República Dominicana han coincidido en un mismo lugar para adorar al Señor: la parroquia St. Stephen, en esta ciudad.

Localizada en el 2000 S., State Rd. 7, la parroquia ha acogido a cientos de inmigrantes que han llegado al Sur de la Florida para comenzar una nueva vida.

Ellos forman parte de los 21,374 hispanos que, según informes del censo realizado en el año 2000, se han establecido en esa ciudad al sur del condado.

“Los hispanos son una bendición”, afirmó el padre Paul Ouellete, OMI, vicario parroquial de St. Stephen y encargado de atender las necesidades espirituales de los fieles hispanos de la parroquia.

Con el paso de los años la composición étnica de la parroquia se ha transformado. En sus inicios era anglosajona, pero en la medida en que los hispanos —principalmente centroamericanos— han ido llegando al Sur de la Florida, muchos optaron por permanecer en dicha área, informó el sacerdote.

Por el momento, la iglesia ofrece solamente dos misas en español: los sábados a las 7 de la noche y los domingos a las 12:30 de la tarde.

“Desafortunadamente, no hemos podido cambiar nuestro horario, pero la asistencia a la misa en español del domingo es de casi mil personas. Es una misa muy, muy, muy especial”, recalcó el “padre Paul”, como le llaman cariñosamente sus fieles. “La parroquia tiene la bendición de dos ministerios hispanos de música, muy buenos, y la gente se anima y se motiva a venir a la iglesia”.

El sacerdote franco-canadiense estuvo varios años trabajando entre inmigrantes mexicanos del Valle de San Fernando, en California. Hace cuatro años tuvo la oportunidad de aprender español en Guadalajara, México. Aseguró que “los hispanos trajeron de nuevo la ‘fiesta’ a la Iglesia. No sólo han traído su música, sino también una buena liturgia y la participación. Mi madre de 84 años asistió a la misa en español cuando nos visitó el pasado invierno, y exclamó, ‘¡Mi Dios, así era mi Iglesia cuando yo era pequeña!’”, expresó el sacerdote de Montreal. “En aquel entonces las iglesias estaban llenas, la gente acostumbraba a cantar y a participar en la celebración. Eso está regresando a la Iglesia”.

El padre Ouellete está de acuerdo con los estudios que indican que en pocos años los hispanos serán mayoría en la Iglesia Católica, y dada su experiencia, eso le alienta.

“En cinco o seis años serán la mayoría”, vaticinó. “Su sólida base cristiana es lo que está cambiando la faz de la Iglesia en Estados Unidos”.

-BRENDA TIRADO TORRES