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P. Lucio del Burgo, OCD
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Foto de 1915 de Edith Stein antes de su conversión al
catolicismo. |
Santa Edith Stein, asesinada en la cámara de gas en el campo
de concentración de Auschwitz en 1942. (Fotos CNS/Archivo) |
La sensibilidad de Edith Stein
El 9 de agosto se celebra el 60mo. aniversario de la muerte de
Edith Stein. El recuerdo de esta fecha es una buena ocasión para
orar por Tierra Santa dado el origen judío de esta santa.
Edith Stein, filósofa judía, nació en Breslau, Alemania (hoy
Wroclau, Polonia) el 12 de octubre de 1891. Fue la más pequeña de
una familia de 11 hermanos. Tras convertirse al catolicismo y
entrar en la familia del Carmelo, murió en la cámara de gas del
campo de concentración de Auschwitz el 9 de agosto de 1942.
Teresa Benedicta de la Cruz, este fue el nombre elegido por ella
cuando entró en el convento de las Carmelitas Descalzas; fue
canonizada por Juan Pablo II el 11 de octubre de 1998. Hoy es
copatrona de Europa junto a Santa Catalina y Santa Brígida.
La búsqueda de la verdad a través de la filosofía, sus largas
horas de estudio, la agudeza de su mente, los cambios bruscos en
su peregrinar por este mundo, la entrada en el Carmelo, su
estancia en los campos de concentración están marcados por un hilo
conductor de toda su existencia humana: la sencillez.
Hay un hecho significativo que nos indica su sensibilidad ante lo
sencillo y ordinario de la vida. Sucedió en la ciudad de Friburgo.
Así lo narra ella misma: “Entramos unos minutos en la catedral.
Mientras estábamos allí en respetuoso silencio, entró una señora
con un cesto del mercado y se arrodilló profundamente en un banco
para hacer una breve oración. Esto fue para mí algo totalmente
nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes, a las que
había ido, se iba solamente para los oficios religiosos. Pero aquí
llegaba cualquiera en medio de los trabajos diarios a la iglesia
vacía como para un diálogo confidencial. Esto no lo he podido
olvidar”.
Pasa horas de silencio en la abadía de Beuron, y sigue con
devoción la liturgia de los benedictinos. El abad Rafael Walzer
recoge su talante contemplativo: “Ella quería sencillamente estar
ahí, junto a Dios, tener delante de sí los grandes misterios”.
Pero no tendrá dificultad en acompañar a su madre en la sinagoga.
Allí encontraría la oración de un pueblo milenario: la sabiduría
de los salmos, el mensaje de los profetas, las alabanzas y
bendiciones de un pueblo que ha sentido desde hace muchos siglos
la predilección de Dios. Estos gestos sencillos son exponentes de
su alma, de su espíritu abierto y de su búsqueda apasionada de
Dios.
Desde esta sencillez Edith Stein nos ofrece pistas concretas para
el hombre y la mujer de hoy. Estamos muy ocupados, la prisa y la
aceleración de la vida nos invade. No tenemos tiempo para orar.
Nos decimos: “¿Cómo puedo sobrellevar tantas cosas en un sólo día?”
“¿Cuándo podré hacer esto o aquello?” “¿Cómo puedo solucionar tal
o cual problema?” Pero lo realmente importante es no dejarse
turbar en esos momentos de agobio.
“Mi primera hora de la mañana le pertenece al Señor. Hoy quiero
ocuparme de las obras que el Señor quiere encomendarme y El me
dará fuerza para realizarlas”, dice la santa en Los caminos del
silencio interior.
El 60 aniversario de la autora de La ciencia de la cruz, quiere
estar marcado por una invitación a la oración, una oración
sencilla para que ayude a todas las religiones a encontrar caminos
de paz, de reconciliación y buena convivencia. En el centro de la
súplica está la paz en Tierra Santa. Una tierra atormentada por la
lucha, el odio y la guerra.
No sabemos el alcance de nuestra oración; es un misterio que
permanece oculto y que se nos revelará en el más allá.
Más adelante, en la misma obra citada de la santa, nos dice: “La
historia oficial no menciona esos poderes invisibles e
inquebrantables, pero la confianza de los pueblos creyentes y el
examinante y cuidadoso juicio de la Iglesia los conocen
perfectamente. Y nuestra época se ve cada vez más obligada, cuando
todo fracasa, a esperar de esa fuente escondida la última
salvación”.
Hoy, ante la inseguridad del futuro, ante la amenaza terrorista
mundial, ante la insatisfacción del progreso que nos rodea,
necesitamos dar un espacio más amplio a la oración, una oración
marcada por la sencillez de formas. Basta un suspiro, un reclinar
la cabeza sobre el Maestro, un estar ante el Señor.
La paz empieza en el corazón de la persona humana. Jesús de
Nazaret es la paz y todo el que se acerca a El se ve contagiado
del agua de una fuente que engendra paz, concordia y entendimiento
entre todas las iglesias y todas las religiones.
Los invito a repetir conmigo esta oración: Señor Dios de nuestros
padres en la fe, infúndenos copiosamente la ciencia de la cruz,
con la que enriqueciste de modo admirable a Santa Edith Stein en
la hora del martirio; concédenos, por su intercesión, buscarte sin
descanso a ti, que eres la suma Verdad, y mantener con lealtad
hasta la muerte la alianza eterna del amor sellada con la sangre
de tu Hijo para la salvación de todo el género humano. Amén.
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