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Radamés
O. Colón Torres
La soberanía de la Iglesia Católica en Puerto Rico a los 50 años
del Estado Libre Asociado

Catedral Metropolitana de San Juan, Puerto Rico. La Constitución
del Estado Libre Asociado reconoce la soberanía eclesiástica para
la Isla. (Foto archivo)
Radamés O. Colón Torres
Especial / La Voz Católica
El 25 de julio es una de las fechas más controversiales en el
Puerto Rico de hoy. Los católicos todavía celebramos la fiesta de
Santiago Apóstol. Los estadolibristas conmemoran la Constitución
del Estado Libre Asociado (ELA) de Puerto Rico, los
independentistas realizan actos de protesta en rechazo a la
invasión norteamericana y los estadistas celebran la entrada
triunfal de los norteamericanos. La realidad es que este día ha
marcado la vida de todos los puertorriqueños de todas las
ideologías políticas existentes.
La historia nos cuenta que el 25 de julio de 1898 los
norteamericanos entraron a suelo puertorriqueño convirtiendo la
gran fiesta católica de Santiago Apóstol en el día de la invasión.
En 1952 –54 años más tarde– se puso en vigor la Constitución del
Estado Libre Asociado para Puerto Rico. La misma fue aprobada por
una abrumadora mayoría de votantes puertorriqueños el 6 de febrero
de 1952 y se conmemoró el día 25 de julio para opacar la
celebración de la invasión y a su vez eliminar la imagen
colonialista de Estados Unidos de América ante la ONU.
Ante los grandes conflictos mundiales de la guerra, la crisis de
la Depresión, los problemas sociales, y el esfuerzo del
nacionalismo renovaron al episcopado para hacerle frente a la
invasión misionera del pentecostalismo que llegó a nuestras
tierras a partir del 25 de julio de 1898, aunque la jerarquía
católica estaba en manos de obispos norteamericanos.
La aprobación del ELA por parte del Congreso de los Estados Unidos
de América en 1953, según se estableció en la Ley 600 de la
Asamblea Constituyente, fue el último paso para lograr la reforma
constitucional. La nueva Constitución establece que “el gobierno
del Estado Libre Asociado va a tener una forma republicana y
democrática” [Francisco A. Scarano]. La esperanza de muchos
puertorriqueños en esos momentos estaba cifrada en el desarrollo
social, económico y educativo del país.
La población, una mantenida en un desarrollo premoderno, era en
comparación muy pobre. Sólo algunos sectores tenían acceso a la
educación y al progreso monetario. Los demás tenían que vivir en
miseria y trabajo. Desde el 1953 se pudo percibir el comienzo de
una nueva era. Este cambio fue debido al desplazamiento de la
agricultura por la manufactura como fuente principal de ingresos y
de empleos. También se pudo apreciar una subida sensible de la
tasa de inversiones de capital en relación con el Producto
Nacional, el marcado aumento de la inversión foránea y del
comercio exterior.
Los sectores que crecieron con las oportunidades que trajo consigo
el Estado Libre Asociado fueron la manufactura, el turismo, la
construcción, el sector público y los sectores privados. Al
contrario, la agricultura –después de un alza récord en 1952– se
redujo a insignificantes proporciones. En esta vertiente se
mantuvo la economía insular.
Todos estos procesos de cambio de economía y sociedad favorecieron,
aunque tardíamente, a la Iglesia Católica, porque Roma autorizó en
1960 la creación del Arzobispado de Puerto Rico y la constitución
de la Provincia Eclesiástica Independiente. Estos cambios se
lograron por el cambio de opinión en el ámbito mundial que trajo
el ELA. “Al poco tiempo de ratificar el ELA, los Estados Unidos
solicitaban de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que
se quitara a Puerto Rico de su lista de territorios coloniales”
[Francisco A. Scarano] “por haber logrado el territorio un
carácter autónomo, no dependiente” [Carmen Gautier Mayoral].
Tengo que dejar claro que el ELA tiene poderes sólo internos ya
que todas las leyes federales están por encima de la Constitución
del Estado Libre Asociado. Además, las únicas soberanías que trajo
consigo el ELA fueron la eclesiástica y la olímpica.
Coincido con varios escritores y analistas puertorriqueños que el
ELA no ha sido malo pero tampoco totalmente bueno y que ya cumplió
su cometido. Fue importante en un momento dado de la historia
puertorriqueña y trajo grandes cambios sociales, políticos y
religiosos.
A los 50 años de su creación, todos los partidos políticos
entienden y están dispuestos a que se defina el estatus en Puerto
Rico. La Iglesia juega un papel importante en esto, ya que busca
el entendimiento, la mediación y la unidad para lograr una
solución que satisfaga a todos. Monseñor Roberto O. González
Nieves, Arzobispo Metropolitano de San Juan, recientemente dijo en
entrevista realizada por un rotativo, que “la Iglesia Católica
cree que el diálogo es de suma importancia, sobre todo en las
sociedades democráticas. El diálogo ha de crear el clima de
estabilidad, de armonía, de respeto. Hay tantas partes del mundo
donde hay gobiernos totalitarios que impiden el diálogo, que donde
se pueda abrir una puerta para dialogar, yo creo que se debe
aceptar la invitación”.
Como indiqué al comienzo, el 25 de julio es una fecha de muchas
controversias en Puerto Rico y la Iglesia Católica puertorriqueña
juega un papel importante en la mediación, el diálogo y la lucha
por la justicia social de todos los puertorriqueños.
(El profesor Radamés O. Colón Torres es ayudante del Presidente
para Comunicaciones de la Universidad Central de Bayamón, Puerto
Rico.)
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