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La pastoral para sordos: Un compromiso de la Universidad St. Thomas

El centro docente fue el anfitrión de la primera Conferencia Internacional de Líderes Juveniles Católicos Sordos

 
A pesar de ser de distintos países y no hablar el mismo idioma, Rebecca Lehman, de Canadá, y Brenda Fajardo, de Guatemala, se comunicaban a través de gestos.

Brenda Tirado Torres
La Voz Católica

MIAMI — Cerca de medio centenar de jóvenes sordos e intérpretes de distintos países del continente americano visitaron la Universidad St. Thomas del 22 al 28 de junio para ser formados como líderes de la Pastoral para Sordos en sus respectivas diócesis.

Los organizadores de la primera Conferencia Internacional de Líderes Juveniles Católicos Sordos, muy entusiasmados con este acontecimiento, se llevaron una gran sorpresa cuando se dieron cuenta de que, a pesar de que los participantes tenían el español o el inglés como idioma común, sus lenguajes de señas tenían  características diferentes.

“Esto pudo haber sido otra Torre de Babel”, expresó Fray Dempsey Loarca Morales, sacerdote franciscano de la diócesis de Guatemala. Sin embargo, el trabajo de los oyentes y los coordinadores logró que todo fluyera sin contratiempos.

El “oyente” es quien tiene sus facultades del habla y la audición, y aprende el lenguaje de señas. En los países hispanos, los oyentes por lo general ofrecen sus servicios a la Iglesia voluntariamente, como apostolado.

“Así se convierten en intérpretes y los encontramos, por ejemplo, interpretando las Misas para sordos, mientras otros laboran en programas de televisión, en las noticias”, añadió el sacerdote franciscano que trabaja en áreas marginales de la capital guatemalteca. “Yo he estado en reuniones de oyentes en distintos idiomas, y allí se las ingenian con las traducciones simultáneas, por lo que se hace más fácil comunicarse. Es como un lenguaje genérico: por la ayuda de la tecnología lo que ellos te hablan en español lo entiende todo el mundo en otros idiomas”.

Explicó que en el lenguaje de señas, los gestos son el común denominador.

 


Alice González y Marjorie Morales, de Puerto Rico, desean una mayor atención a la Pastoral para Sordos en los países hispanos.

“Las señas son distintas, pero los gestos son iguales; eso nos ayuda a entendernos. La expresión de susto, de dolor, de miedo, de alegría, eso sí es común y los hacemos todos. Entonces hay más posibilidades de comunicarse”, dijo el padre Loarca.

Esta conferencia fue organizada por el sacerdote Joe Mulcrone, de la Arquidiócesis de Chicago, Illinois, e Ian Robertson, de la comunidad Schott para Sordos, de la Arquidiócesis de Miami. Ambos llevan trabajando casi nueve años en esta pastoral.

En 1998 la Arquidiócesis de Miami fue anfitriona de la Conferencia Internacional de la Fundación Católica, a la que asistieron líderes de la pastoral para sordos de distintos países del mundo. El éxito de aquella conferencia les convenció de que podían realizar lo que se propusieran como adultos, pero para mantener la esperanza en el futuro, debían dar inicio a la formación de los jóvenes.

Hace un par de años Robertson y el padre Mulcrone comenzaron a discutir la posibilidad de una conferencia como ésta. A eso se añadió el hecho de que la Universidad St. Thomas es la única institución, a nivel mundial, en ofrecer una maestría en atención pastoral para las personas sordas. Ambos consideraron que la universidad sería el lugar ideal para realizarla.

“Aunque el tratar de coordinar la participación de adultos y jóvenes de distintos lugares del continente ha sido una gran tarea, veremos si podemos realizarlo cada dos años”, dijo Robertson. “Los jóvenes participantes han preguntado si se repetirá, así que su experiencia habla por sí misma”.

A la conferencia también asistió Mons. Patrick Kelly, arzobispo de Liverpool, Inglaterra y presidente de la Conferencia Internacional Católica de Sordos. Destacó la importancia de que los jóvenes sordos que tratan de crecer como discípulos de Cristo, puedan reunirse para apoyarse y motivarse mutuamente al ver que otras personas de todo el mundo también viven su misma situación.

A su entender, el problema que tiene la sociedad con la comunidad sorda es que no nos damos cuenta de su presencia.

“Si una persona es ciega, uno se da cuenta porque quizás tenga un perro guía o utiliza una vara al caminar. Si una persona es minusválida, podemos darnos cuenta porque quizás está en una silla de ruedas. Pero no podemos distinguir a las personas sordas, y a menudo nos olvidamos de ellas”, observó. “Nos hemos dado cuenta que, tanto en la sociedad como en la Iglesia, vivimos en un mundo que oye y nos olvidamos de la gente que usa más la vista que los oídos”.

En la conferencia los asistentes vieron, por ejemplo, cómo una estudiante sorda estadounidense de la Universidad St. Thomas rezaba por la mañana en lenguaje de señas en inglés. A otro lado del círculo una oyente interpretaba en voz alta y en inglés lo que la mujer expresaba. Mientras, otra persona lo traducía en voz alta al español para que los oyentes hispanos lo expresaran en lenguaje de señas a sus respectivos compatriotas sordos. Así hubo lenguaje de señas mexicano, venezolano, guatemalteco, estadounidense y puertorriqueño, entre otros.

Una de las participantes, Alice González, tenía una inquietud. A través de Marjorie Morales, su intérprete, expresó el deseo de continuar trabajando en la pastoral para sordos en su diócesis de Mayagüez, al oeste de Puerto Rico, pero lamentó que hubiese la posibilidad de que el apostolado tenga los días contados por el hecho de que muy frecuentemente los líderes eclesiales no prestan atención a las necesidades pastorales de la población sorda.

“Muchos sordos necesitan saber de Dios. Es algo muy necesario, pero algunos obispos no lo entienden. Eso me preocupa, porque otras religiones están buscando a los sordos católicos y los están sacando de la Iglesia”, expresó la joven con frustración al recordar la experiencia de algunos de sus amigos. “Los Testigos de Jehová, los bautistas, pentecostales, presbiterianos, todos tienen intérpretes y sus servicios religiosos son más visuales, y a nosotros eso nos gusta. A mí me preocupa que por esa situación la Pastoral para Sordos se pierda. Personalmente, estoy tratando de comunicarme con mi obispo a ver si cambia de actitud en el futuro”.

Su oyente coincidió.

“Por lo que he visto aquí, este problema es bastante común en los países hispanos. Para recuperar el terreno perdido ante las sectas, recomendaría a los obispos que se reunieran con los sordos para que conozcan sus inquietudes y les ofrezcan el servicio que necesitan como cristianos y el cual, al fin y al cabo, es conocer a Dios”, sugirió Morales, quien lleva 12 años en dicho apostolado. “Nuestros obispos tienen la potestad para autorizar cursos de formación para los intérpretes de manera que podamos llegar a nuestros hermanos sordos. Si en Puerto Rico hay una población de casi 100,000 sordos, imagínate la cantidad que hay en otros países de América Latina”.

El padre Mulcrone aseguró que esta es la primera vez que se realiza un evento de esta categoría, en el que intentaron reunir a jóvenes de distintos puntos del hemisferio occidental. La ciudad de Miami fue escogida porque es un punto céntrico para los viajeros, y la Universidad St. Thomas porque es un lugar que ha dado la bienvenida a los sordos y tiene experiencia con diversas culturas. De hecho, al finalizar la conferencia, la Universidad St. Thomas y la Fundación Católica Internacional para Sordos llegaron a un acuerdo para la promoción de la Pastoral para Sordos a nivel mundial.

Para el padre Mulcrone, la vivencia fue fructífera y exitosa.

“Me parece que hemos superado nuestras metas gracias a la cooperación de los estudiantes de distintas culturas e idiomas. Como tuvimos tiempo lluvioso todos estos días, sentimos que nosotros mismos teníamos que crear los rayos del sol, y eso hicimos”, dijo el sacerdote de Chicago.

“Al considerar que ha sido tanto el esfuerzo, que hubo momentos en que trabajábamos con al menos tres lenguajes de señas distintos, además de inglés y español hablados, hemos visto que el lenguaje común es el amor de Dios”, expresó el padre Mulcrone convencido. “A pesar de que las señas eran distintas, los idiomas eran diferentes, las experiencias eran únicas, la fe es la misma. Sin el Espíritu Santo esto no se hubiese logrado”.