El espíritu franciscano
vive en religiosas y asociados

Aimé Fiuza
Este verano
tuve el privilegio de participar en la asamblea de las Hermanas
Franciscanas de la Penitencia y la Caridad Cristiana. Esta
congregación de religiosas fue fundada por la Madre Magdalena
Damen el 10 de mayo de 1835, en Holanda, bajo la inspiración del
espíritu de San Francisco de Asís.
Como asociada laica de esta congregación, me sentí agradecida de
haber sido invitada a compartir esos días con hermanas y asociados
de muchos lugares. La invitación tuvo lugar como respuesta a los
deseos de conocimiento mutuo entre las hermanas y los asociados
que provienen de diferentes culturas. ¡Qué ejemplo de apertura y
acogida el de estas religiosas y los asociados! Fue una
experiencia única de fraternidad, oración, celebración, y sobre
todo, un ejercicio de discernimiento por medio de la comunión de
corazones.
El lema de la Asamblea, Inspirados por Magdalena / Impulsados por
el Espíritu penetró todas la actividades en las cuales
participamos. El llamado a mantener vivo el don del Espíritu se
percibió de formas muy concretas a nivel personal y comunitario.
Tres momentos específicos de este llamado se destacan en mi
memoria.
Primeramente, una de las formas de mantener vivo ese don del
Espíritu fue la reflexión que compartió con nosotros la hermana
Margaret Carney en la apertura de la asamblea. Sus palabras nos
recordaron la necesidad de “ser levadura”, fermento en los
múltiples ministerios que nos han sido confiados. Ella nos dió un
camino para ser fermento: el camino de la “inclusión”. Es decir,
ser acogedores, abiertos, comprensivos, dispuestos a dar el primer
paso en entablar diálogo, en crear puentes. Para mí, la palabra “inclusión”,
fue la base de todo el proceso de discernimiento que tuvo lugar en
aquellos días. Pienso que también debe ser el fundamento que anime
nuestros trabajos y ministerios diarios.
¿Cómo lograrlo? La hermana Carney nos dió sugerencias al respecto.
La tarea de aprender a ser “inclusivo” es por medio de un
movimiento constante que nos impulse hacia lo que ella llamó, “el
margen de gracia”. Cuando nos atrevemos a trasladarnos desde
nuestras zonas o áreas de seguridad y desde nuestros miedos, hacia
terreno desconocido, diferente, “el otro”; entonces permitimos que
se dé una auténtica revelación (que brille la verdad). Entonces
somos capaces de ser compasivos y escuchar. Entonces se puede dar
un verdadero intercambio de poder.
Es en este “margen de gracia” donde el Espíritu abre las muchas
puertas que hemos cerrado, y derrumba las barreras que hemos
establecido, haciéndolas desaparecer. Fue esto precisamente lo que
vivieron San Francisco de Asís y la Madre Magdalena al enfrentarse
a toda clase de retos en sus vidas. ¿No es esto también lo que
cada bautizado está llamado a lograr? En nuestra historia y en
nuestra sociedad estamos llamados a ser mediadores; portadores de
la vida de Cristo, y dispuestos a ser vivificados por Cristo mismo
en los hermanos.
Un segundo momento que continúa resonando dentro de mí, fue la
presentación del Consejo Provincial. Diferentes inquietudes o
áreas de preocupación para la congregación fueron detalladas
utilizando la imagen del rompecabezas. Me quedó grabada la
necesidad y la importancia de apreciar y cuidar a cada una de las
personas y circunstancias en mi vida. Solamente reconociendo el
don, el regalo único, y el lugar de cada persona en la historia
nuestra podemos percibir la imagen completa que nos presentan
nuestros propios rompecabezas.
Al inicio de varias sesiones se cantó el siguiente estribillo:
“Eres todo lo que tenemos. Nos das lo que necesitamos. Nuestras
vidas están en tus manos, Señor. Nuestras vidas están en tus manos.”
¡Qué oración tan sencilla y profunda! He pensado que este canto
recoge todo el espíritu franciscano de sencillez, pobreza, y
confianza en la Providencia del Padre. Me gustó que se cantara,
reuniendo así el sentir y los deseos más profundos de cada
participante. Fue la manifestación de la disposición interior de
todos.
Todos los símbolos, los cantos, las liturgias que tuvieron lugar
durante la asamblea fueron un reforzar el espíritu de renovación y
conversión experimentado por todos los participantes. Sentí que
fue un intenso derrame del Espíritu que nos envió de nuevo a
nuestros ministerios “inspirados por Magdalena / impulsados por el
Espíritu y llamados a mantener vivo el don del Espíritu”.
Aimeé
Fiuza está terminando su tesis para la Maestría en Teología
Pastoral. Trabaja como especialista en programación de
computadoras.
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