Para el
desarrollo sostenible, el desarrrollo de una conciencia ecológica

Patricia Samaniego
Los seres humanos
vivimos en este complejo mundo que nos muestra su belleza y
armonía. Contemplar la belleza de la naturaleza abre nuestro
espíritu para comprender el misterio de Dios. El en su infinita
sabiduría dispuso la creación para nosotros y nos la ofreció para
cuidarla con responsabilidad.
El centro de la creación es la persona humana marcada por su
imagen y semejanza dotada de un alma inmortal, lugar donde reposa
nuestra autoconciencia y libertad. Destinados a vivir en su
proyecto de amor. Dios nos puso en el mundo para que cooperáramos
con El.
Pero cada día observamos el incremento de la violencia, del hambre,
la pobreza y las enfermedades, males que causan el sufrimiento del
ser humano. También preocupan las consecuencias negativas que
proceden de la degradación de algunos recursos naturales
fundamentales, como el agua, el aire y la tierra causada por un
progreso económico y técnico que no tiene límites.
La cultura de hoy nos muestra la manera más rápida de destruirnos.
Los gobiernos prefieren gastar más en armamento que en la
educación ecológica de sus ciudadanos, y resta la capacidad de
construir una cultura de armonía con la naturaleza. La destrucción
actual del ambiente es un aspecto más de una profunda crisis
moral.
Ante estos problemas mundiales las Naciones Unidas, ente promotor
de la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible, realizado en
Johannesburgo, propuso emprender acciones relacionadas con el agua,
la energía, la agricultura, la biodiversidad y la salud.
La cumbre quiso ser una oportunidad para que los gobiernos, las
corporaciones y la sociedad civil adquieran compromisos para
mejorar la vida de las personas de una manera sostenible,
estableciendo programas para lograr revertir los patrones
destructivos, pero resultó débil en metas y plazos, sólo se asignó
por primera vez alta prioridad política a las cuestiones del agua
y el saneamiento.
Es sabido que los estilos de vida que suponen un elevado consumo
siguen agravando los sistemas de apoyo biológico naturales de la
tierra y los cambios climáticos causados por políticas energéticas
irresponsables. De ahí que hace falta cambiar nuestros patrones de
desarrollo, porque pondremos en riesgo la seguridad de la tierra y
sus habitantes.
Como siempre, quedó rezagado el problema de la pobreza que se ha
agravado por las consecuencias indirectas de la acelerada
producción y consumo, ejerciendo una enorme presión sobre los
recursos humanos y naturales.
Se ha discutido bastante sobre la manera de resolver la batalla
contra el subdesarrollo y en realidad es evidente que la extrema
pobreza es el principal problema que hay que solucionar a corto
plazo.
La Santa Sede ha levantado su voz para promocionar la centralidad
del ser humano en el desarrollo sostenible, porque todo hombre
tiene derecho a una vida saludable y productiva.
El respeto por la creación, implica asegurar que los bienes que
ella nos proporciona sean distribuidos equitativamente entre todos.
Las personas que viven en la pobreza deben ser consideradas como
sujetos participantes, no pueden ser instrumentos, sino
protagonistas de su futuro. Definitivamente, el crecimiento humano
es un beneficio para el mundo entero.
Todos los países tienen una diversidad de situaciones y cada
persona tiene un papel que desempeñar en este mundo. Desde nuestra
posición de cristianos pedimos que las sociedades más ricas sean
más justas y tengan mayor caridad con los países pobres.
Una auténtica educación en la responsabilidad, exige una genuina
conversión en la manera de pensar y actuar, promoviendo una
cultura de la vida, que debería ser la base de una nueva cultura
del desarrollo sostenible.
Definir la tarea de mejorar el ambiente mundial, construir un
futuro más seguro, poner en práctica una forma más sostenible de
desarrollo que mejore la calidad de vida actual, y podamos juntos
construir un mundo mejor para las generaciones venideras es lo que
deseamos los seres humanos.
Hace falta despertar nuestra conciencia ecológica responsable:
respeto por nosotros mismos, por los demás y por la creación. Hace
falta cambios de estilos de vida, de modelos de consumo y
producción. El camino actual sólo traerá resentimiento,
desesperación y, sin duda alguna, más violencia.
El desarrollo de una conciencia ecológica se ha de definir con
nuevas iniciativas, programas concretos y compromisos claros entre
los gobiernos. Con un desarrollo sostenido podremos vivir en
armonía con nuestro ambiente natural.
Nuestra vocación ecológica heredada de nuestros primeros padres
nos debe hacer conscientes que sólo somos administradores de las
riquezas de la creación, que son un bien común que todos hemos de
compartir.

Un grupo de etíopes protesta frente a la Cumbre Mundial de
Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, celebrado en
Johannesburgo, Sudáfrica. Los etíopes se quejan de violaciones
de derechos humanos en su país. La Oficina de Justicia y Paz de
la Conferencia Católica Sudafricana de Obispos fue crítica con
la falta de acceso que tuvieron los pobres a la cumbre.
(Foto: Reuters)
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