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“Cuba necesita la verdadera paz”

Palabras del Arzobispo en la misa de la Virgen de la Caridad el 8 de septiembre en la American Airlines Arena.


Arzobispo John C. Favalora


La imagen de la Virgen de la Caridad de la Ermita entra a la
American Airlines Arena. (Foto: Dora Amador Morales)

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Doy la bienvenida a Monseñor Gilberto Fernández, aquí presente, a los sacerdotes que atienden la Ermita, el Padre Oscar Castañeda y el padre Francisco Santana. Pero ante todo, quiero agradecer al Señor la recuperación de Monseñor Agustín Román y a la oración de tantos miles de ustedes por su recuperación en esta Arquidiócesis durante su hospitalización. Aunque todavía su estado de salud no le permite subir hasta este estrado, es una alegría muy grande tenerle en esta misa.

El arzobispo Edward McCarthy no ha podido venir a la celebración, pero está muy unido a nosotros en la oración. Tampoco hoy no nos acompaña Monseñor Thomas Wenski, porque está celebrando la fiesta de la Virgen de la Caridad con la comunidad cubana en la Arquidiócesis de Washington. Nos unimos al cardenal Jaime Ortega y a todos los obispos dentro de Cuba en esta linda festividad.

Les felicito por su perseverancia en la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad, que por tantos años han realizado con tanta solemnidad. Los arzobispos Coleman Carroll y McCarthy, y éste, su servidor, somos testigos desde hace 41 años de  su amor a la Madre de Cristo, de que construyeron la Ermita, hoy Santuario Nacional en Estados Unidos.

Les felicito de manera especial en este año en que ustedes conmemoran el centenario de la República de Cuba.

En estos cien años, en las alegrías y las penas, Santa María de la Caridad ha estado presente en su pueblo. 

Felicito a las Hijas de la Caridad que por 27 años sirven en este Santuario de la Virgen.

Felicito a la Archicofradía de la Virgen, fundada por el arzobispo Carroll, que durante 34 años ha trabajado por propagar la verdadera devoción en esta Arquidiócesis.

La devoción a María ha sido siempre en la Iglesia un medio eficaz para seguir a Cristo, viviendo una vida cristiana de fe, esperanza y caridad. La Iglesia es comunión entre Cristo y nosotros. No olvidemos unidos a nuestras familias, la hora de la misa dominical, donde se actualiza esta comunión en cada una de nuestras parroquias. No olviden la importancia de la catequesis para nuestros niños, jóvenes y adultos.

Respondamos al llamado de la Iglesia a la Nueva Evangelización, creciendo en el entusiasmo que viene del Espíritu, para que Cristo y su Iglesia sean más conocidos y amados.

Seamos misioneros con entusiasmo en nuestras familias, en nuestras parroquias, en nuestro ambiente.

Cuba necesita la verdadera paz. Luego la paz de Cristo necesita de nuestra cooperación, de nuestro trabajo por la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

Pidamos hoy a nuestra Madre celestial la paz, la verdadera paz. Que Ella ruegue porque la paz reine en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestros pueblos, en todo nuestro continente.

(Mons. John C. Favalora es el arzobispo de Miami.)